Sara, la almeriense que ha viajado gratis por el mundo intercambiando su casa: "Hay que perder el miedo"
Vecina de la capital, ha disfrutado de unas 145 estancias gracias a la plataforma HomeExchange

Sara Lobeto, junto a su marido, Alan, en uno de sus viajes.
El problema eran dos meses de alquiler en Barcelona. El marido de Sara Lobeto había sido destinado allí por su trabajo en el Ejército y ella quería pasar el verano con él junto a su hija. Como maestra, disponía de dos meses de vacaciones, pero alojarse durante todo ese tiempo suponía un gasto difícil de encajar. "¿Cómo vamos a pagar dos meses de alquiler en Barcelona?", recuerda que se preguntó. La búsqueda de una alternativa acabó cambiando su forma de viajar.
Sara, vecina de Almería capital y embajadora de HomeExchange en la provincia, lleva cerca de nueve años utilizando el intercambio de viviendas, y estima que gracias a ella ha disfrutardo unas 145 estancias. En ese tiempo, cuenta, ha recorrido buena parte de España y ha viajado a Francia, Alemania, Reino Unido, Suiza, Portugal y Eslovaquia.
La idea le vino al recordar Vacaciones, una película en la que las protagonistas intercambiaban sus casas. Se preguntó si aquello tendría alguna versión fuera de la pantalla y escribió en Google "intercambios de casa en España". "Lo puse así como por poner, a ver qué había", explica. Encontrar plataformas dedicadas a ello fue una sorpresa.
Lo que miró antes de dejar su casa
Antes de decidirse, empezó a revisar cómo funcionaba la comunidad. Según relata, cada usuario disponía de una ficha con fotografías de su vivienda, descripciones y valoraciones de otras personas, tanto sobre su comportamiento como invitado como sobre su experiencia como anfitrión.
"Sabes cómo ha tratado esa persona otras casas", señala. Poder consultar esa información fue lo que le dio confianza para dar el paso. A la pregunta de cómo se supera el recelo a dejar entrar a desconocidos, responde desde su propia experiencia: "El recelo se vence haciéndolo. Hay que perder el miedo".
Para ella, la disposición a compartir la vivienda tiene un componente personal. "Abrir tu casa no solamente es abrir lo que tienes, es abrir lo que eres", sostiene. Le interesa conocer cómo viven otras personas, qué comen y cómo es su entorno cotidiano.
No siempre hay que intercambiar con la misma familia
Sara explica que no todos sus viajes requieren que la persona que la recibe quiera visitar Almería. Además del intercambio directo —en el que dos usuarios se alojan en sus respectivas viviendas, a la vez o en fechas diferentes—, utiliza el sistema de puntos de la plataforma.
Es la modalidad que, según cuenta, más facilita la organización. Si quiere alojarse en una casa de Francia y a su propietario no le interesa viajar a Almería, puede entregarle puntos virtuales por la estancia. Ese anfitrión podrá utilizarlos después para alojarse en otro destino. "No tienes que ponerte de acuerdo en las fechas con la otra familia", explica.
También aclara que pertenecer a la plataforma exige pagar una suscripción anual. El ahorro del que habla se refiere al alojamiento durante los intercambios, por el que no abona una tarifa por noche.
Natillas y leche recién ordeñada en Gredos
Entre los recuerdos que conserva está un viaje de invierno a la sierra de Gredos. Los propietarios estaban fuera y fue la madre de la anfitriona quien los recibió y les entregó las llaves. Durante aquellos días, según relata, apareció en varias ocasiones con roscos, natillas, arroz con leche y leche de cabra recién ordeñada. "Un amor", resume.
No describe todos los intercambios de la misma forma. Reconoce que algunos son "más asépticos", mientras que en otros el trato resulta mucho más cercano. Con ciertas personas ha seguido hablando después del viaje; con otras, la relación terminó al acabar la estancia.
Aunque el ahorro fue el motivo inicial para probar, ahora sitúa buena parte del atractivo en esa relación con el lugar. Cuenta que los anfitriones suelen dejar recomendaciones de restaurantes, rincones y planes que conocen como vecinos, una costumbre que ella también sigue cuando recibe visitantes.
"No te sientes una turista", dice. "Te sientes una persona local, inmersa un poco en la vida de tus anfitriones, con sus vecinos". Después de cerca de nueve años, su balance personal es claro: "Yo ya no quiero viajar de otra manera".