La hostelería almeriense confía en el turista de “última hora” para salvar la Semana Santa
El sector apenas alcanza el 75% de ocupación en los días grandes, siendo clave el aislamiento ferroviario, las obras y el recelo meteorológico tras el mal tiempo de 2025

Una familia disfrutando al sol en una terraza del Paseo Marítimo de la capital almeriense.
Ya está aquí la Semana Santa y la Asociación Provincial de Empresarios de Hostelería de Almería (ASHAL) ha dado la voz de alarma ante unos días clave para su sector que están marcados por la prudencia extrema y la incertidumbre. A las puertas del inicio de los días festivos, las previsiones de ocupación en la provincia se sitúan por debajo de las de 2025, moviéndose en un discreto 65%-75% para el Jueves y Viernes Santo, y cayendo hasta el 50% en los días previos.
El lastre de las comunicaciones
Uno de los grandes problemas históricos para el sector sigue siendo el déficit estructural de comunicaciones, con una tercermundista conexión ferroviaria y vuelos con billetes por las nubes. Así, llegar a Almería se ha convertido en una carrera de obstáculos. Y más en este 2026. Las obras del soterramiento mantienen la Estación Intermodal sin tráfico de trenes, obligando a los turistas a tediosos transbordos en autobús que disuaden al visitante de larga distancia (por no hablar de las constantes icidencias y fallos).
A ello se suman también las obras en diferentes puntos estratégicos de la circulación por carretera, como son las actuaciones en el enlace de Viator (A-7 y A-92), los trabajos de mantenimiento y la instalación de pantallas acústicas en la autovía en los tramos de El Ejido y accesos a la capital o las labores de peatonalización en pleno Paseo de Almería, todas ellas situaciones que amenazan con colapsar la entrada de turistas nacionales durante los desplazamientos masivos que puedan darse.
Pendientes al clima
Al problema de las comunicaciones y el transporte, hay que añadir que la memoria del sector hostelero sigue herida por lo ocurrido en la Semana Santa de 2025. En aquella ocasión, el fuerte viento y la inestabilidad meteorológica no solo obligaron a recoger algún que otro trono, sino que provocaron una oleada de cancelaciones que dejó las cajas de los negocios bajo mínimos, sobre todo las de bares y restaurantes situados en el Paseo Marítimo de la capital y otras zonas de la costa almeriense.
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Álvaro Hernández
Este precedente ha modificado el comportamiento del cliente, que ahora pospone su reserva hasta el último minuto. “La Semana Santa sigue siendo un periodo sumamente sensible a la climatología. El turista no se fía; prefiere esperar a ver el pronóstico real antes de confirmar”, explica Pedro Sánchez-Fortún, presidente de ASHAL.
El cambio de hora, clave: más sol para los turistas
Aunque para este 2026 se esperan temperaturas agradables de hasta 21°C, la amenaza de rachas de viento en el litoral mantiene la ocupación en zonas como El Toyo en un preocupante 25%. También en San José (Níjar), con un 30% en jornadas no festivas y con la esperanza de llegar al 65% en Jueves y Viernes Santo.
“Si se confirman las buenas previsiones del tiempo, es muy probable que se produzca un repunte de la demanda en los próximos días”, esperan desde ASHAL, asociación representante de un gremio hostelero cuyos empresarios no puede hacer una previsión económica clara, al no saben si reforzar plantillas hasta el mismo miércoles 1 de abril.
No pierden la esperanza
Para contrarrestar la previsión de ocupación baja, la hostelería almeriense ha apostado por una estrategia ‘agresiva’ de precios, situándolos incluso por debajo de los del año pasado. En un contexto de inflación y altos costes de combustible, los hosteleros sacrifican margen de beneficio para intentar atraer al turismo nacional que huye de los precios prohibitivos de otras provincias andaluzas.
Almería confía ahora en un repunte de última hora impulsado por el sol para maquillar unas cifras que, a día de hoy, saben a poco. Y, en definitiva, los hosteleros encaran la recta final con los deberes hechos en cuanto a oferta y precios, pero con el corazón en un puño, esperando que este año el clima permita que las mesas se llenen y las cofradías luzcan, dejando atrás el amargo sabor de boca que dejó el mal tiempo de 2025.