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La historia de San Indalecio

La Iglesia de Almería celebra cada 15 de mayo la festividad del patrón de su diócesis

San Indalecio, patrón de Almería, en una imagen de 1938.

San Indalecio, patrón de Almería, en una imagen de 1938.Usuario3914

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ANTONIO J. ARTERO DELGADO

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La Iglesia de Almería celebra cada 15 de mayo la festividad de San Indalecio, patrón de su diócesis, concedido por el Papa Clemente XIII, en el año 1731.

San Indalecio, cuyo ilustre y sagrado nombre se interpreta según el antiquísimo breviario Burgense (Indaletius: Index, letitice): Índice de Alegría, por haber sido designado por Dios para anunciar las alegres nuevas de la Ley Evangélica por toda España.

Se conoce poco sobre su fecha y lugar de nacimiento. Pero vamos a intentar poner algo de luz a la vida y obra de nuestro patrón.

Fue uno de los siete Barones Apostólicos o los siete apóstoles de la Bética y discípulo de Santiago el Mayor (hijo de Aristóbolo el Zebedeo y María Salomé).

El nombre de sus padres es por completo desconocido, así como la época de su nacimiento. Unos aseguran que nació en Toledo, pero siguiendo la documentación de varios eruditos aseguran que fue en Zaragoza, entre los años del 15 al 17 antes de Cristo, en donde años después fue bautizado en la Fe de Jesucristo.

Lo que sí está documentado es que nació en España, según se relata en la Bula de Urbano VIII expedida el 25 de enero de 1631 (En la cual se describe la venida a España del Apóstol Santiago).

Era de sangre hebrea, de progenie ilustre y descendiente de una de las diez tribus que vinieron a España en tiempos de Nabuzaradán.

Se educó en su juventud y en su inteligencia con arreglo a su ley y a la de los profetas anunciadores del Mesías.

En compañía de Santiago y de sus seis compañeros viajaron a Jerusalén, enterados éstos de que María se encontraba en Éfeso en compañía del Evangelista San Juan, cambiaron el rumbo para ir a visitarla. Allí Santiago y los siete Barones departieron con la Divina Señora y San Juan Evangelista. Después de un tiempo llegó la hora de partir hacia España, en sus últimas palabras a María le dijo en la despedida “Vid Mística ciudad de Dios”.

Salieron todos de la ciudad de Joppé, en la Palestina, y desembarcaron, después de siete jornadas de marcha, en las costas de Almería, por el mes de junio del año 36 de la era cristiana.

Hay tres ciudades, ademas de la nuestra, que se disputan el haber recibido primero a Santiago, como son Tarragona, Cádiz y Cartagena; pero es más lógico dar la primacía a la nuestra, pues sí está probado hasta lo posible que Indalecio desembarcó o entre las torres del Bobar y del Perdigal o cerca de dos grandes lagunas (v. a. Dextro) en las costas de Almería. Claro está que el Apóstol desembarcó en el mismo punto.

Ya en tierra firme, acompañó Indalecio a Santiago, para dar comienzo a sus predicaciones y acompañando a aquel, recorrió 32 ciudades de las más principales de España.

Añade después el sabio benedictino, “Tal es la singular dicha de haberse hallado presente, orando en compañía de su Maestro, cuando la milagrosa venida de Nuestra Señora, la Santísima Virgen, y su aparición en los márgenes del río Ebro. De haber ayudado con sus compañeros y su Maestro en la primera edificación del primer templo del cristianismo, del que hay memoria, dedicado ya entonces a la Inmaculada Concepción, el sagrado templo del Pilar de Zaragoza.

Después de este primer viaje regresó el Apóstol a Palestina, embarcándose con todos sus discípulos, en las costas de Cataluña, con rumbo a Jafa, por el año 4l.

En Jerusalén, Santiago padeció el martirio por orden de Herodes Agripa, el 25 de marzo del año 44. en el mismo día y aún a la misma hora que padeció nuestro Señor Jesucristo, como afirma Calisto II.

Indalecio y sus compañeros recogieron el cuerpo de su Maestro y lo depositaron en un arca de mármol y embarcaron ese mismo año 44, rumbo a España. Condujeron su cuerpo a depositarlo en la ciudad de Iria Flavia (Galicia) junto al río Ulla, a cuatro leguas de Compostela. Encargándose de la custodia del sagrado cuerpo del Apóstol Santiago los discípulos San Atanasio Y San Teodoro.

Cumplida esta misión, se dirigieron a Roma donde fueron todos consagrados por el Vicario de Cristo, San Pedro en el año 44 y nombrados obispos regionales.

No se tiene noticias de lo que hicieron el tiempo que permanecieron en Roma.

Devuelta a España (año 45 a 46), eligió lndalecio la ciudad de Urci para implantar allí su silla episcopal, y desde aquel punto comenzó sus predicaciones.

Illiberis, Cartagena, Lorca, Assota, Lacedemonia, Murcia, Elche, Orihuela, Denia. Valencia, Alcañices, Tarazona y otras muchas ciudades, oyeron la palabra de Indalecio y fueron por él convertidas al cristianismo.

Del martirio y muerte de este Santo, no he podido adquirir otras noticias que las que vagan e incompletas de la tradición, unos autores (v. a Argaiz) dicen que murió en Cartagena, arrojado a las olas después de martirizarlo grandemente, y otros, entre ellos Plinio, refieren que aconteció en las playas de Mojácar.

Sea lo que fuere, el caso es que el cadáver estuvo ignorado, por más de mil años, hasta que en tiempo de D. Sancho Ramírez VII Rey de Aragón, se descubrió por dos frailes del Monasterio de San Juan de la Peña que, en la Iglesia de Urci, hoy convertida en ermita a las afueras de Pechina, encontraron cerca del altar mayor una gran losa con la inscripción siguiente, que traducimos:

Aquí yace San Indalecio, primer obispo de la ciudad de Urci, consagrado en Roma por los santos Apóstoles.

Y adivinando lo que en realidad era, la levantaron, encontrándose con el cuerpo del Prelado Urcitano, que con el mayor secreto trasladaron al Monasterio de su orden, en las montañas de Jaca, a donde llegaron el día 28 de marzo de 1084, donde se veneran sus sagrados restos durante varios siglos.

Las reliquias de San Indalecio permanecieron en el Monasterio de San Juan de la Peña hasta el año 1835, que se trasladaron a la Catedral de Jaca donde se conservan hoy en día.

En Almería tenemos varias reliquias del Santo. La primera fue traída el 21 de enero 1620, siendo obispo de esta diócesis Fray Juan de Portocarrero.

Dicha reliquia fue recibida con gran júbilo por el pueblo católico, celebrándose desde entonces en su honor, grandes fiestas religiosas, “según acuerdo del Cabildo, tomado en 28 de abril de 1620”, el 15 de mayo de cada año, como aparece en el Libro de Autos que debe existir en el Archivo de esta Catedral, que empieza en el año 1606, en la hoja 116.

Las últimas reliquias de nuestro patrón San Indalecio se trasladaron a Almería siendo obispo de la diócesis D. Rosendo Álvares Gastón. Quedando encargado de la traslación de dichas reliquias el canónigo archivero de la catedral D. Juan José López Martín.

Se diseñó una urna de plata labrada costeada por la Obra Social de Unicaja.

Dentro de dicha urna se depositó un pergamino relatando los hechos. Para recoger dichas reliquias se desplazaron hasta Jaca, D. Juan José López Martín, D. José Antonio Romero y D. Juan José Polo. Las reliquias se encontraban en el altar mayor de la catedral de Jaca, realizándose una acto solemne se hizo entrega de dichas reliquias de San Indalecio

El pueblo de Almería, desde aquella fecha, viene cumpliendo el religioso acuerdo, al par que el de Pechina, de donde todo es júbilo y entusiasmo cuando llega el día de su patrón San Indalo, como allí le llaman.

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