La Voz de Almeria

El Contador Cofrade

Qué le sobra a la Semana Santa

Análisis a vuelapluma de algunas de las cosas que se han visto esta Semana Santa de 2025

El paso de la Oración en el Huerto, entre basuras en la plaza de San Pedro.

El paso de la Oración en el Huerto, entre basuras en la plaza de San Pedro.

Álvaro Hernández
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Hoy, y en los sucesivos días, toca analizar todo lo vivido desde el Sábado de Pasión y hasta el Domingo de Resurrección. Y lo cierto es que, aunque siempre hay detalles que pulir, la de 2025 ha sido una Semana Santa con una nota alta. Cada cual tendrá sus vivencias y, en base a experiencias personales, estará o no de acuerdo con esta afirmación, pero en líneas generales, todo ha estado bien.

Más de uno vendrá aquí como el buitre que sobrevuela la carroña en la incesante búsqueda de argumentos para seguir destripando a los vecinos, hermanos y antiguos amigos que, a sus ojos, han metido la pata hasta el corvejón. Mala suerte, este año no toca.

Es verdad que algunas cofradías tienen que estudiar bien sus ritmos, al igual que otras tienen que darle más mimo al nazareno (auténtico, único y anónimo protagonista de la Semana Santa), pero cada cual sabe -o debería saber- la tarea que se lleva para la del 2026.

Hay cositas, claro que las hay. Aquí vamos a comentar algunas de las que están en manos de todos, por más que nos empeñemos en buscar culpables ajenos.

¿Qué sobra en la Semana Santa? Pues hablando simple y llanamente, sobra mierda. Decirlo en el titular era excesivamente grosero, y arrancar el texto así quizás era demasiado violento. Por eso, ya que has llegado hasta aquí (y ojalá sigas leyendo un poquito más), te lo digo en confianza: a la Semana Santa de Almería le sobra mierda.

Jamás me referiría con palabras tan toscas a las imágenes secundarias de dudosa calidad que aún existen en la Semana Santa de Almería, ni me atrevería a describir de una forma tan brusca algunos enseres del patrimonio de las cofradías que son de sospechosa procedencia (¿ha llegado el bordado pakistaní a la Semana Santa de Almería?).

No, diciendo que a la Semana Santa de Almería le sobra mierda me refiero a eso que recoge la RAE en la segunda acepción del término: “Suciedad, inmundicia”.

Mira que el Ayuntamiento de Almería ha hecho un esfuerzo repartiendo ‘pipeleras’ hasta mientras dormíamos para que dejemos de tirar las cáscaras al suelo. Mira que han baldeado suelos hasta la exageración, echando agua jabonada el Domingo de Ramos en algunos barrios mientras llovía.

Y aún así, lo hemos conseguido. Con mucho empeño, hemos logrado entre todos que los pasos de la Semana Santa de Almería pasen entre mierda.

Sucedía, por ejemplo, en la plaza de San Pedro mientras pasaba la Oración en el Huerto. Pasaba también mientras el Consuelo subía de vuelta a Alfareros por Pablo Iglesias. Bolsas de basura fuera de los contenedores y mierda agolpada en la calle.

En una Semana Santa Declarada de Interés Turístico Nacional que aspira a ofrecer al visitante la experiencia de disfrutar de cofradías de una forma cercana mientras combina lo artístico y espiritual con la playa, tener que ir esquivando bolsas de basura se antoja incompatible con lo deseable.

Y no es culpa del Ayuntamiento, ¿eh? O sí, pero no solo del Ayuntamiento. En una ciudad con más cerdos que ciudadanos cívicos, es lo mínimo que puede suceder. Y ahí, estimados, estamos todos.

Lo que no sobra

Lo que no sobra, por lo que todos tenemos que darnos la enhorabuena, es por el indudable incremento que está viviendo la Semana Santa, también en Almería.

Se ha notado en todo: en los cortejos, con cifras récord en todos los ámbitos (muy especialmente en las mantillas); en la calle, con público donde antes lo no había (muy llamativo el crecimiento que ha vivido el viacrucis del Cristo de la Escucha, con una multitud inaudita a las 5 de la mañana de un Viernes Santo); en el (buen) patrimonio, con bordados y tallas de pasos que hace solo una década parecían quimeras imposibles de alcanzar; y en los bares, con unas colas en Casa Puga que no se han visto nunca, y que daban la sensación de que en el interior se regalaba algo.

Eso es mérito de todos y repercute en todos. Cuanto antes lo aprendamos y asumamos, mejor, también para todos. A la vuelta de la esquina tenemos las Cruces de Mayo, otra fiesta que no sobra, que dinamiza la ciudad y que enriquece todo a su alrededor.

Y para todos. Aun siendo “ateo pero cofrade”, como el periodista Antonio Ruiz Valdivia se reconoce, esto es para todos.

Él aseguraba esta semana, en la SER y a través de Ángeles Caballero: “No creo en la Iglesia, ni en la religión, ni en los curas, pero sí en el Descendimiento y en el Consuelo”. Para él, las procesiones son una forma de hacer barrio. ¿Y para ti?

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