Una mirada al otro lado de la pantalla: así se vive un día en las entrañas de un cine almeriense
LA VOZ se adentra en la trastienda del cine Kinépolis Almería Mediterráneo en mitad de la Fiesta del Cine, que rebaja el precio de la entrada a 3,5 euros hasta el jueves
Cuando un espectador entra en un cine, el ritual suele ser bastante sencillo: comprar una entrada, hacerse con unas palomitas, encontrar su butaca y esperar a que se apaguen las luces. Pero hay mucho más. Antes de que comience la película hay toda una maquinaria en marcha para que cada sesión funcione como debe.
La jornada empieza mucho antes de que lleguen los primeros clientes. Hay que planificar la cartelera, calcular cuántos espectadores se esperan, organizar los turnos del personal, preparar la tienda y comprobar que las salas y los equipos técnicos estén a punto. Una cadena de tareas que se desarrolla lejos de las butacas y que resulta imprescindible para que todo funcione cuando comienza la proyección.
Mucho trabajo previo que no se ve
De la mano de Cielo Díez, directora del complejo, este periódico se adentra en las distintas áreas que hacen posible la actividad diaria de las salas, que esta semana se encuentran más llenas que nunca por la Fiesta del cine. "Cuando un espectador viene al cine, normalmente ve una película, compra unas palomitas y disfruta de la experiencia. Pero para que todo eso funcione hay muchísimo trabajo previo", explica Díez desde su puesto de trabajo en un pequeña oficina contigua a las salas de cine.
"La programación es una de las partes más importantes. No todas las películas funcionan igual ni tienen el mismo público", señala la directora. A partir de esos datos, y en coordinación con el resto del equipo, se organizan las sesiones y se distribuyen los títulos entre las distintas salas. La magia empieza a ejecutarse.

Cielo Díez, director de Kinépolis Almería Mediterráneo, en su puesto de trabajo.
A pocos metros de la oficina, desde la que los supervisores y demás trabajadores del cine tienen acceso a temperaturas, horarios, películas y pases, se encuentran las distintas salas que componen el complejo. Unas salas que requieren una revisión específica: las butacas deben estar en condiciones, los espacios limpios y tanto la iluminación como la climatización tienen que funcionar correctamente en todo momento.
El ritual de las palomitas en el cine
En mitad de la visita suena el reloj de todos los trabajadores. Son las 16:30 horas y es hora de subir la persiana. Comienza la tarde y el cine abre sus puertas con decenas de curiosos ya esperando en la parte superior del Centro Comercial Mediterráneo. Nada más abrir las puertas, y con una asistencia de récord gracias a la Fiesta del Cine, los espectadores se abren paso por el hall en busca de sus palomitas y aperitivos. Es hora del ritual de las palomitas.
Es ahí donde entra Macarena Gómez, una de las supervisoras del cine, que enseña a este periódico cómo funciona todo el proceso de colocación de stock, bebidas y preparación de palomitas. "Para saber cuántas palomitas hacer nos guiamos por las previsiones de espectadores y por el tipo de jornada. No es lo mismo un día entre semana que un fin de semana con un estreno muy esperado", cuenta.

Macarena Gómez, supervisora del cine.
Detrás de las bebidas, chuches y demás productos de alimentación, además, hay un meticuloso proceso de colocación y almacenamiento que empieza "mucho antes de que entren los primeros clientes". "Tenemos que preparar las máquinas, hacer las palomitas, comprobar que todos los productos estén disponibles y dejar la tienda lista para poder atender rápidamente desde el primer momento", relata Gómez a LA VOZ.
"Son cosas que el espectador no ve, pero que son fundamentales"
Antes de recibir al público, el equipo debe comprobar que todo está preparado. Luismi Pérez, otro de los supervisores, explica a este periódico que las primeras tareas pasan por revisar el estado en el que quedó el cine el día anterior, comprobar si hay incidencias pendientes y distribuir el trabajo entre los compañeros.
"Son cosas que el espectador normalmente no ve, pero que son fundamentales", explica Pérez. El objetivo es que, cuando comiencen a llegar los clientes, las salas estén listas y el equipo pueda centrarse en atenderlos.

Luismi Pérez, otro de los supervisores del cine.
Y una vez llegan los espectadores, no significa que el trabajo haya terminado. A partir de ese momento, la actividad cambia de ritmo y obliga a coordinar las distintas áreas del complejo para atender a los espectadores, resolver dudas y responder a cualquier incidencia que pueda surgir. Una vez levantada la persiana, la actividad se traslada, en ese momento, a la parte superior del cine: a la cabina de proyección.
La parte menos visible: la cabina de proyección
Arriba, en la cabina de proyección, a la cual se accede por una pequeña puerta prácticamente imperceptible al final del pasillo de las salas nos espera Pablo Carmona, proyeccionista de Kinépolis Almería. Allí, este joven controla la parte menos visible de la actividad diaria del cine.

Pablo Carmona, proyeccionista de Kinépolis Almería, en la cabina de proyección.
Si bien antiguamente era necesaria una persona constantemente en la cabina de proyección, eso ya ha cambiado por completo. Buena parte del proceso está automatizada: las listas de reproducción permiten programar los contenidos de cada sesión y controlar acciones como el inicio de la película, el sonido o determinados elementos de la iluminación. Aun así, la supervisión técnica sigue siendo fundamental.
Al final, todo el trabajo que transcurre lejos de las butacas tiene un mismo propósito: que, cuando se apaguen las luces, nada distraiga al espectador de la historia que ha ido a ver. Desde la planificación de las sesiones hasta el último ajuste en la cabina de proyección, cada detalle cuenta para que la experiencia funcione.