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Entre bambalinas y camerinos: así se vive una noche de concierto en las entrañas del Teatro Apolo

Pruebas de micro, el silencio tras la escena y la tensión previa al aplauso: así funciona la trastienda del teatro en una gran noche de directo de la mano de Víctor Monte

Jaime Molero
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Hay un Teatro Apolo que el público conoce y otro que solo se descubre cuando las puertas se cierran y empieza la cuenta atrás para un concierto. Es el de los pasillos, los camerinos, los cables, las pruebas de sonido y las conversaciones a media voz. El de los últimos ajustes antes de que las luces se apaguen y el escenario vuelva a quedar en manos de los artistas.

Una noche de concierto empieza mucho antes del primer aplauso. Mientras el público todavía no ha ocupado sus butacas, entre bambalinas se prepara todo aquello que durante la actuación quedará oculto. El escenario se comprueba, los instrumentos esperan su momento y el sonido se convierte en uno de los protagonistas silenciosos de las horas previas.

Víctor Monte conoce bien ese ritual. El artista almeriense se convirtió el pasado sábado en uno de los protagonistas de una noche de música en el Teatro Apolo, pero antes de salir al escenario también tuvo que pasar por esa parte menos visible del espectáculo. Desde LA VOZ, nos adentramos con él y su equipo en las horas previas a la presentación en sociedad de su álbum debut 'Donde llegan tus manos'.

Las entrañas del Apolo

Quedamos poco después de las 19:00 horas del sábado; hora y media antes del inicio del concierto. Desde la calle Juan Lirola, la lateral del teatro almeriense, se entra directamente al 'backstage', los camerinos y las demás salas de luces y sonido. A lo lejos sonaba la voz de Víctor Monte: estaba ultimando el sonido. 

Monte nos acompaña durante todo el recorrido por el interior del teatro. Primero, una breve parada en el patio de butacas, todavía vacío, para hablar con él sobre lo que está a punto de ocurrir. Desde allí, el Apolo se ve de otra manera: las butacas esperan al público mientras, al otro lado, el escenario comienza a llenarse de los últimos preparativos.

El escenario del Apolo, aún con el telón bajado.

El escenario del Apolo, aún con el telón bajado.Jaime Molero

Después nos lleva hasta los camerinos. Allí ya están parte de su equipo y algunos de sus amigos, que comparten con él esos minutos previos al concierto. Entre conversaciones, bromas y preparativos, llega también el momento de vestirse para salir al escenario. El camerino se convierte durante unos minutos en otro pequeño escenario, más íntimo y alejado de las miradas del público.

Los últimos preparativos

Mientras tanto, al otro lado de la pared, los técnicos siguen trabajando. Las luces, el sonido y cada una de las configuraciones técnicas se ultiman para que todo esté preparado cuando llegue la hora. El concierto todavía no ha comenzado, pero el Apolo ya está en movimiento.

Y hay otro sonido que empieza a ganar protagonismo en la última planta del teatro. Allí, el Coro Gospel de Clasijazz calienta la voz con distintos ejercicios antes de su participación en la noche. Desde las alturas del Apolo llegan las voces de quienes también formarán parte del espectáculo, mientras abajo la maquinaria técnica continúa su cuenta atrás.

El Coro Gospel de ClasiJazz calentando la voz.

El Coro Gospel de ClasiJazz calentando la voz.Jaime Molero

Al otro lado del telón, entretanto, empieza a llegar la gente. Las primeras conversaciones ocupan el patio de butacas y, poco a poco, el espacio que hasta hacía unos minutos permanecía vacío comienza a llenarse. El contraste resulta casi extraño: detrás del telón, carreras de última hora, pruebas y preparativos; delante, el público tomando asiento sin saber todo lo que está ocurriendo a pocos metros.

Se apagan las luces

Quedan apenas unos minutos. Víctor Monte ya está preparado. Los técnicos han terminado de ajustar el escenario y el coro ha hecho lo propio con sus voces. Todo lo que durante la última hora había sido movimiento comienza a convertirse en espera. Entonces,  se apagan las luces.

Y ahí termina el teatro que no se ve. Los cables, los camerinos, las pruebas de sonido, los nervios y las conversaciones entre bambalinas quedan al otro lado del telón. Delante, solo quedan el escenario, los músicos y un público que espera la primera canción.

El escenario desde los pasillos de focos.

El escenario desde los pasillos de focos.Jaime Molero

Quizá esa sea una de las partes más desconocidas de cualquier concierto: descubrir que el espectáculo no empieza cuando el artista aparece sobre las tablas. Empieza mucho antes, cuando todavía no hay aplausos y un teatro entero trabaja en silencio para que, durante unas horas, todo parezca sencillo.

En el Apolo, aquella noche, ese trabajo tuvo un nombre, una voz y una historia: la de Víctor Monte y la de una escena musical almeriense que, poco a poco, también está encontrando su lugar sobre estos escenarios.

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