La Voz de Almeria

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La otra cara de Amara Compán

Bailaora almeriense de pura cepa que brilla en Sevilla

Amara Compán

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José Ángel Pérez
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Amara Compán Cortés nació el 5 de marzo de 1999 bailaora de flamenco ha cumplido recientemente 27 años. Cuenta que comenzó su camino en el mundo del baile desde muy pequeña, cuando tendría alrededor de unos cuatro años en la academia de Chelo Ruiz y ya más adelante años después entró en la escuela de la popular bailaora María 'La Rabota'. Amara tenía nueve años cuando sus padres viendo sus cualidades la inscribieron en el conservatorio profesional de danza de Almería'Kina Jiménez' y en cuyo centro de enseñanza permaneció más de diez años formándose en esta compleja actividad como es el baile. Pero entre medias de esa acertada decisión para enriquecer su formación, la ilusionada Amara seguía por cuenta propia dando clases con Rocío Garrido y Ana Alonso en sus respectivas escuelas de baile. Para Amara Compán el baile ya era su gran pasión,

Pasan los años y llega el momento en que sus padres grandes enamorados del arte flamenco toman una importante decisión.

Así es. Cuando ya fui siendo un poco más mayor, mis padres me llevaron a Granada para seguir formándome y donde tuve la oportunidad de aprender enseñanzas del baile con profesores de la talla de “Manolete” y Judea Maya en la prestigiosa escuela del Sacromonte impulsada por “Manolete”.

Y muy jovencita emprende la aventura de bailar en solitario.

Si, tendría unos 14 o 15 años cuando empecé a bailar por los tablaos de Almeria y en las cuevas de Granada, al tiempo que en esta ciudad empecé a impartir cursos con las bailaoras Pastora Galván y “La Lupi” y ya con 17 años con el apoyo de mis padres me fui a Madrid presentándome a unas audiciones del bailador Curro Candela siendo seleccionada, aunque al ser menor de edad no pude quedarme.

Esta circunstancia no frena su ilusión, porque años más tarde busca otra oportunidad.

Al cumplir los 19 años opté por presentarme a las pruebas del Centro Andaluz de Danza en Sevilla donde me eligieron para una formación de dos años consecutivos. La verdad es que gracias a Sevilla he podido conocer muchísimos profesionales de este mundo e impartir clases con grandes como son Rubén Olmo -actual director del Ballet Flamenco de España-, Ana María Bueno, Antonio Canales, Patricia Guerrero directora del Ballet Flamenco de Andalucía, Adela Campallo, Rocío Coral, Eduardo Leal. Y aquí sigo, ya que es mi vida y mi sueño. trabajando desde que empecé en “El Patio Sevillano”.

¿Hay antecedentes artísticos en su familia?

No, en mi familia nadie se dedica a este mundo. A mí madre siempre le ha encantado el baile aunque ella nunca pudo bailar y yo he hecho lo que ella nunca pudo.

¿Cuándo tuvo se primera oportunidad?

Mi primera oportunidad como bailaora en solitario fue cuando tenía sobre unos 14 años. Comencé a bailar en las peñas de Almería, tenía muchos nervios, miedos, inseguridades…Ese fue mi primer gran empujón para estar a día de hoy donde sigo.

Cuando empezó a bailar. ¿A quién quería parecerse?

La verdad es que nunca me ha gustado parecerme a nadie, siempre he intentado e intento tener mi propio estilo, llevarme todos los pasos a mi terreno y a mí gusto, sin tener que parecerme a nadie.

¿Quiénes han sido sus referentes? ¿A quién admiraba?

Mi primer referente, aunque no se dedique a esto ha sido mi madre, ella siempre me ha animado a que siguiera esta profesión, que luchara para llegar lejos. La que si me caía ella venía a levantarme, era la que se ponía conmigo a ensayar, a sacar material, a ver videos de baile conmigo…. Ella es mi mayor referente y otra gran mujer que ha sido mi referente para el baile es Manuela Carrasco a la cual admiro y he tenido el honor de conocerla. Su forma de bailar, de trasmitir, de la simple forma que levanta los brazos para mí es totalmente admirable.

¿Cuánto tiempo dedica a los ensayos?

El flamenco no tiene, ni tiempo ni horas, es un sin fin de aprendizaje. Es tanta la variedad que abarca este mundo, que te pueden faltar horas al día para estudiarlo. Siempre hay cosas nuevas, material nuevo, nuevos sentidos que desarrollar para luego poder llevarlos al escenario…

¿Tiene palabras para definir su baile?

Mi baile es verdad, es coraje, es sentimiento y fuerza. Intento plasmar en el escenario lo que realmente soy y mostrarle al público lo que es para mí el baile. Es la sensación con la que más libre me siento, es una adrenalina que recorre mi cuerpo por completo a través de la fuerza y por supuesto el sentimiento más profundo que hay en mí, y con lo que verdaderamente soy yo.

¿Con qué palo del flamenco se siente más cómoda bailando?

Dos de los palos con los cuales me identifico mucho son con la soleá y con el taranto. Son palos muy delicados pero muy bonitos de bailarlos. La soleá es tan delicada, tan sumamente sutil y a la vez es tanta la fuerza en un solo movimiento que personalmente me eleva al cielo y el taranto como no, al ser de mi tierra siempre me gusta bailarlo para sentir mi tierra cerca de mí.

¿Y el más difícil de bailar?

Para mí, bailar por la madre del flamenco como es la soleá. Creo que es de los palos más difíciles de bailar ya que hay que mantener un gran peso y darle un sentido muy peculiar. Al igual que la bulería y los tangos son palos muy complicados de bailar, aunque parezcan ritmos más sencillos, hay que darle su sentido y saber bailarle bien su compás.

¿Usted sabría definir que es el duende en el baile?

Para mí el duende es algo tan especial que muy pocas personas tienen, porque con ello se nace. El duende es algo que no se puede estudiar, ni practicar, o lo tienes o no lo tienes. No hace falta ejercer esta profesión, hay muchas personas que no se dedican profesionalmente al baile y tienen algo que sin estudiar o practicar, lo llevan en la sangre.

¿Hay algún determinado baile que es mejor para la mujer que para el hombre?

Personalmente considero que no, creo que tanto una mujer puede bailar bailes más masculinos sin perder su feminidad y en el caso contrario lo mismo. Hay que saber sacarle “el sabor” a todos los bailes y llevártelos a tu terreno.

¿Qué importancia tiene el estado de ánimo a la hora de bailar?

Muchísima, no todos los días son buenos, ni todos los días son felices, a veces tenemos problemas o tenemos preocupaciones, pero si eres profesional el público nunca te lo notará. A mí en el momento que me subo en el escenario se me olvidan todos los problemas que tengo y vivo cada acorde y cada tiempo que me dan mis compañeros… el baile es mi vida y yo vivo para bailar.

El baile en su conjunto. ¿Qué es más? ¿Inspiración o improvisación?

Creo que son las dos cosas. Hay que vivir mucho esta profesión que a mí me llena tanto, y eso hace que me inspire cada día sintiendo una gran motivación para ello. Gracias a este mundo conoces personas maravillosas que te acompañan detrás para poder ejecutar el baile y todo eso hace un conjunto en el cual te sientes tan a gusto en las tablas, que todo fluye y sale solo a lo que llamamos improvisación.

Se dice que el baile no es solo aprenderlo. Hay que vivirlo y sentirlo. ¿Qué opina?

Estoy totalmente de acuerdo con ello. Si no sientes lo que bailas, si no amas el flamenco no vas a saber la felicidad que da esta profesión por mucho que quieras aprender, ese sentimiento nunca te nacerá.

¿El baile expresa a veces sentimientos de vergüenza o miedo?

Para mí no. Más bien diría que el baile causa un sentimiento de respeto, el cual nunca se debe de perder y por muchos años que lleves hay que tenerle siempre respeto a lo que haces y respeto al público. A día de hoy me subo todos los días al escenario y sigo teniendo ese respeto que tuve desde el primer día.

¿Qué consejo le daría a alguien que quiera aprender a bailar flamenco?

Le diría que es otro mundo, que el flamenco da felicidad y para mí es una terapia de felicidad, se te olvidan tus problemas. Es una profesión muy bonita y a la vez muy dura. Quien quiera dedicarse o solo aprender por gusto que persiga sus sueños y sus metas, nunca se arrepentirán de saber lo que es realmente el flamenco.

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