La Voz de Almeria

Cultura

Raúl Quinto, el almeriense Premio Nacional de Narrativa, salta al terror en “una experiencia límite”

El escritor vuelve a las librerías con ‘La ballena azul’ (Jekyll y Jill) tras el éxito de ‘Martinete del rey sombra’

Raúl Quinto sostiene un ejemplar de su libro ‘La ballena azul’ (Jekyll y Jill).

Raúl Quinto sostiene un ejemplar de su libro ‘La ballena azul’ (Jekyll y Jill).

Evaristo Martínez
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‘La ballena azul’ fue —presuntamente— un juego viral que incitaba al suicidio mediante macabros retos, como el visionado compulsivo de vídeos de terror y la automutilación. ‘La ballena azul’ es —ahora— el título del nuevo libro de Raúl Quinto (Cartagena, 1978), último Premio Nacional de Narrativa. Una obra con la que el poeta y escritor afincado en Almería, donde ejerce como profesor en el instituto Celia Viñas, se sumerge sin concesiones en el horror. 

Y asumiendo riesgos: es una reflexión, tan lúcida como oscura, acerca de cómo se inocula el miedo y sobre los límites, cada vez más tenues, que separan la verdad y la mentira; ese débil muro que hoy se intenta derribar desde tribunas políticas y virtuales.

El Centro Cultural Fundación Unicaja (Paseo de Almería, 69) acoge este miércoles 14 de mayo a las 19 horas la presentación de ‘La ballena azul’ (Jekyll y Jill). En el acto, Quinto conversará con Isabel Giménez Caro, profesora de Literatura de la UAL. 

Raúl Quinto, tras el Premio Nacional de Narrativa

“El juego de la ballena azul es una representación de esos fenómenos, algo que realmente no sabemos hasta qué punto fue cierto o solo una ficción. Es el concepto de la hiperstición, algo ficticio que a través de la creencia de la gente se convierte en real, o al menos tiene efectos en la realidad”, reflexiona en una entrevista con LA VOZ.

Como en ‘Martinete del rey sombra’, la obra con la que ganó el Premio Nacional de Narrativa, y en el grueso de sus libros, Raúl Quinto vuelve a transitar por los vericuetos de la narrativa híbrida, con la voz poética de sus orígenes se funde con la novela y el ensayo. 

De nuevo, el fondo es tan importante como la forma, de ahí que ‘La ballena azul’ adopte la estructura capitular de las 50 pruebas del reto original. “El objetivo era someter al otro a una desconexión de la realidad que le llevaba a no dormir, a escuchar música psicodélica, a ver vídeos de terror, a automutilarse. Una forma de proceder propia de las sectas”, explica sobre un fenómeno que, más allá de su sombra de leyenda urbana, provocó en España algunos ingresos en salud mental o de jóvenes que llegaron a infligirse heridas tras supuestas charlas en línea con un desconocido.

El autor establece un símil entre esa deformación de la realidad que causaba el inductor del juego para llenar de miedo —y miedos— al participante y las “fantasmagorías” que crean esos “dispositivos de desinformación” que generan “una realidad paralela que no existe”. “No se explica la llegada al poder de Trump o Milei sin que haya gente que compre una verdad que no lo es”, asegura.

Terror y advertencia

‘La ballena azul’ adquiere un “tono de terror”, también “de advertencia” respecto a nuestros días. “Al final, quieren que juguemos a la ballena azul, que acaba con nuestra destrucción: la sociedad y los individuos terminamos enfermos de odio, mientras algunas estructuras se benefician”, apunta en referencia al “impacto” de ciertos mensajes, como esos “bulos” relacionados con los inmigrantes (“vienen a violar a nuestras mujeres, a vivir de las pagas del Estado”) que acaban haciéndose “reales” en “millones de mentes”.

“No se explica la llegada al poder de Trump o Milei sin que haya gente que compre una verdad que no lo es”Raúl Quinto, autor de ‘La ballena azul’ 

En el libro, el narrador da órdenes al jugador/lector, y las páginas se convierten en una proyección de la pantalla. Un texto que es en sí mismo una “reflexión sobre el terror” y sobre la “pulsión” por su disfrute donde conviven sangrientos casos reales (el exorcismo de Almansa, el suicidio colectivo de Waco), horrores de ficción (referencias a Stephen King, a ‘Pesadilla en Elm Street’) y criaturas de internet (Jeff The Killer, Slenderman).

En su planteamiento, Quinto no elude la crudeza en el lenguaje. “De eso va también el libro, de buscar ciertos límites, de someter al lector a una experiencia límite”, advierte sobre una obra bendecida en su contraportada por las palabras de una autora “referente en cómo hacer literatura de terror” como la argentina Mariana Enríquez

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