Asunción Valdés, periodista en la Casa Real con el rey Juan Carlos I: "Colombine me trajo a Almería"
La primera mujer en ocupar un alto cargo en la Jefatura del Estado repasa con LA VOZ cómo una investigación sobre Carmen de Burgos se convirtió en una biografía

Asunción Valdés, periodista alicantina, fue directora de Comunicación de la Casa del Rey
Hay historias que empiezan mucho antes de formular la primera pregunta. En la cafetería El Once de Septiembre, en Almería, una mujer vestida de rosa y violeta pide un menta poleo y deja sobre la mesa un libro de cubierta malva. Entre sus páginas regresan los cortijos y paisajes en los que creció Carmen de Burgos "Colombine" (Almería, 1867; Madrid, 1932), periodista, escritora y pionera en la defensa de los derechos de las mujeres. Quien lo ha dejado sobre la mesa ha escrito el prólogo y habla de Colombine con la familiaridad de quien lleva años siguiéndole el rastro. Lo hace despacio, deteniéndose en las fechas, en los nombres, en esos pequeños detalles que ayudan a comprender una vida. La de Carmen de Burgos es la primera historia que aparece sobre la mesa. La de la mujer que la cuenta lleva más de medio siglo escribiéndose.
Galerías
Entrega del XIV Premio Internacional de Periodismo Carmen de Burgos: en imágenes
Beatriz G. Bossini
Ese otro relato es el de Asunción Valdés (Alicante, 1950), una periodista acostumbrada a encontrarse con primeras veces. En 1983 fue la primera mujer en editar un telediario en España; diez años después, la primera en ocupar un alto cargo en la Jefatura del Estado, como directora de Comunicación de la Casa del Rey. Este miércoles, sin embargo, fue otra periodista la que "la trajo hasta Almería". Valdés participó en la entrega del XIV Premio Internacional de Periodismo Carmen de Burgos "Colombine", una mujer que se cruzó casi por casualidad en su camino y terminó ocupando años de su vida.
De esa curiosidad nació 'Revivir. La nueva Carmen de Burgos', su biografía en dos tomos. Y Carmen sigue ahí: Valdés firma ahora el "Prólogo de bienvenida" de 'Los cortijos en tres novelas de Carmen de Burgos Seguí (Colombine)', el volumen malva de la colección Los Libros de la Estación que descansa frente a ella.

Marisa Ramírez Trapero en la entrevista con la escritora Asunción Valdés
Del mapa al periodismo
Antes de convertirse en periodista, Valdés ya intentaba entender el mundo a través de las noticias. Y lo hacía de una manera bastante particular: dibujando mapas de una guerra mientras sus compañeras de colegio comían. Corría 1967 y la Guerra de los Seis Días había despertado la curiosidad de aquella adolescente que estudiaba Ciencias en las Teresianas. Con el periódico Ya delante, seguía los movimientos de las tropas de Moshé Dayán por el Sinaí, los Altos del Golán y Cisjordania y trasladaba sus avances al papel.
Había crecido en una familia en la que los estudios tenían importancia, pero todavía no había pensado seriamente en dedicarse al periodismo. Hasta que aquella guerra, a miles de kilómetros, le hizo descubrir cuánto le interesaba comprender lo que sucedía. "Y entonces pensé: pues voy a hacer periodismo". Se marchó a Madrid y, siguiendo el consejo de su madre, compaginó Ciencias Políticas en la Complutense con la Escuela de Periodismo de la Iglesia, porque la carrera todavía no tenía rango universitario.
La primera prueba de que aquella decisión podía llevarla lejos llegó en Granada. En 1971, con apenas 21 años, se marchó sola para hacer prácticas en el diario Patria. Tenía una página propia, una ciudad por recorrer y muchas ganas de aprender. "Fue mi etapa más bonita", recuerda. Allí consiguió también una de esas historias que un periodista no olvida: tras el intento de golpe contra Hassan II de Marruecos, encontró a dos médicos granadinos del monarca que habían presenciado lo ocurrido. Los entrevistó, reconstruyó su testimonio e incluso regresó a la redacción con dibujos de lo que habían visto. La información terminó en portada. Hasta entonces, Valdés se preguntaba si algún día sería capaz de hacer lo que tanto admiraba en periodistas como Jesús Hermida. Granada le permitió empezar a creérselo. "Pues lo voy haciendo", recuerda que pensó.
Cruzar fronteras
Valdés habla del azar como si hubiera sido un compañero más de profesión. "Yo creo en el azar", asegura. Y basta escuchar cómo terminó en Bélgica para entender por qué. En 1973, mientras resolvía unos trámites relacionados con su título en Madrid, encontró en un tablón de anuncios una convocatoria de becas del Ministerio de Asuntos Exteriores para estudiar en el Colegio de Europa, en Brujas. Se presentó, consiguió una plaza y se marchó al extranjero para cursar un posgrado y hacer prácticas en las instituciones europeas. Una gestión rutinaria había terminado cambiando el rumbo de su carrera.
Así, aquella joven que había descubierto el oficio en Granada no parecía tener miedo a empezar de nuevo. Pasó por Radio Exterior de España y la primera redacción de El País antes de instalarse sola, con 26 años, en Bonn como corresponsal de Radio Nacional de España. "Tuve que empezar de cero", recuerda. Allí cubrió una visita de Estado de Juan Carlos y Sofía, sin imaginar que algún día conocería la Casa del Rey desde dentro. Después llegó Bruselas. Entre países y redacciones, Valdés fue aprendiendo que el periodismo también consistía en adentrarse en territorios desconocidos.
Pero si el azar explica algunas de las puertas que se le abrieron, una dimisión ayuda a entender sus principios. En TVE se convirtió en la primera mujer en editar un Telediario, el de las tres de la tarde. Apenas siete meses después, el programa emitió un reportaje sobre dos presuntos implicados en el asesinato de un joyero que vulneraba la presunción de inocencia. Valdés asumió la responsabilidad y dimitió. Había hecho historia al llegar, pero no se aferró al cargo cuando consideró que debía marcharse. Más de cuarenta años después, cuando se le pregunta si volvería a hacerlo, la respuesta llega sin vacilaciones: "Sí, claro. Por supuesto".

Asunción Valdés junto a su amigo periodista Miguel Martín
La llamada de Zarzuela
La dimisión de Telediario no frenó su carrera. Valdés siguió vinculada a la televisión, donde dirigió 'En portada', hasta que una nueva oportunidad la llevó al Parlamento Europeo. Se impuso a más de 400 candidatos para dirigir su oficina en España y volvió a encontrarse en una situación poco habitual: era la única mujer entre los responsables de las oficinas de los doce países miembros de las Comunidades Europeas. Pero cuando repasa sus logros, enseguida les resta importancia. "Parece que me estoy echando flores", comenta, casi disculpándose por contar una trayectoria en la que tantas veces fue la primera.
La oportunidad más inesperada llegó con una llamada de la Casa del Rey. En 1993 le propusieron dirigir las Relaciones con los Medios de Zarzuela, siendo la primera mujer en ocupar un alto cargo en la Jefatura del Estado. Aquel Juan Carlos I al que había conocido profesionalmente como corresponsal en Alemania pasaba ahora a ser parte de su trabajo cotidiano. "Era una oportunidad única, única en el mundo", recuerda. Permaneció allí más de diez años y atribuye al propio monarca la decisión de confiar en ella: "Fue muy innovador, muy moderno, confió en una mujer".
Dejó Zarzuela en junio de 2003, poco antes de que se anunciara el compromiso de Felipe de Borbón y Letizia Ortiz. Tampoco había estado en Alemania cuando cayó el Muro de Berlín. "Tengo mis frustraciones", bromea quien ha pasado buena parte de su vida cerca de acontecimientos históricos. Después dirigió la Fundación Euroamérica y trabajó en Relaciones Externas de Editorial Prensa Ibérica, hasta su jubilación en 2017. Pensó entonces que había llegado el momento de viajar y hacer, por fin, lo que quisiera. Pero todavía le quedaba por descubrir una historia que terminaría ocupando varios años de su vida.

Tomo II de 'Revivir. La nueva Carmen de Burgos'
La llegada a Almería
Todo comenzó con una conferencia que parecía un encargo sencillo. Para el ciclo 'Españolas por descubrir', del Instituto Cervantes, Valdés eligió a Carmen de Burgos, una periodista cuya historia conocía, aunque todavía le quedaba mucho por investigar. Al terminar su intervención el 11 de diciembre de 2018, la socióloga Inés Alberdi le escribió: "Con lo que has dicho y un poquito más, escribes un libro". "¡Qué ilusa fui yo! Me lo creí", recuerda entre risas. Aquel "poquito más" terminó convirtiéndose en dos tomos y varios años de trabajo.
Pero antes de encerrarse entre archivos y hemerotecas, quiso conocer los lugares donde había vivido Colombine. En febrero de 2020 viajó a Almería, donde Antonio Sevillano la guio por la ciudad. Después recorrió Rodalquilar, Cabo de Gata y el Cortijo de La Unión. El confinamiento la encontró inmersa en aquella investigación, de la que nació 'Revivir. La nueva Carmen de Burgos', publicada por el Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-Albert.
Níjar
Un pirata, un temporal y un amor en Níjar: así nació el apellido Freniche hace más de dos siglos
Francisco G. Luque
La historia tampoco terminó con aquellos libros. Sobre la mesa sigue el volumen malva con el que comenzó la conversación, 'Los cortijos en tres novelas de Carmen de Burgos (Colombine)', para el que Valdés ha escrito el prólogo. Celebra que la obra de aquella periodista, perseguida y olvidada durante décadas, vuelva a recuperarse, y también el compromiso de la Asociación de Periodistas-Asociación de la Prensa de Almería de divulgarla. Cree que Colombine estaría orgullosa del premio que hoy lleva su nombre. "Estaría fascinada, estaría orgullosa", asegura.
Cuando la conversación regresa al periodismo actual, con el menta poleo ya casi terminado, Valdés lo describe como "difícil, difícil", pero mantiene su defensa de la responsabilidad, el rigor y la necesidad de contrastar. Son principios que la han acompañado desde sus comienzos. Y quizá sea ahí donde se encuentren las historias de ambas, la de Carmen y la de Asunción: en la convicción de que el periodismo no solo sirve para contar lo que sucede, sino también para abrir caminos y rescatar del olvido a quienes los abrieron antes. Después de tantos lugares, tantas primeras veces y tantas historias contadas, Asunción Valdés conserva la curiosidad de aquella adolescente que dibujaba mapas para comprender lo que ocurría lejos de casa. Han pasado casi sesenta años, pero hay algo que no ha cambiado: sus ganas de seguir descubriendo historias que merecen ser contadas.