El homenaje más sentido a Queen en tres horas de música y emoción
El homenaje más sentido a Queen en tres horas de música y emoción
Cuando llegó la hora de We are the champions, ya nadie pudo quedarse sentado. El Auditorio de El Ejido reaccionó al estímulo y los brazos se levantaron para acompañar una de las melodías más queridas del final del siglo XXI. Eso es Queen Symphonic Rhapsody. Un viaje emocional a unos sonidos, a un espacio melódico que millones de personas consideran la banda sonora de sus vidas. Por eso, el patio de butacas parecía dejarse mecer con los sonidos, magistralmente interpretados por la sólida base musical de este espectáculo.
No importaba mucho que el cantante sueco Thomas Vikstrom no fuese vestido siempre como Freddie Mercury. La clave de esta propuesta musical es el espíritu de Queen. El espíritu del malogrado cantante que movió a varias generaciones en vida y que sigue haciéndolo, como quedó patente en el teatro ejidense la noche del pasado jueves, en la primera noche del XXXV Festival de Teatro.
Concebido como un homenaje a esa historia, Queen Symphonic Rhapsody, reúne cuatro voces muy distintas para encarnar, desde el punto de vista sonoro, el legado de la legendaria banda británica.
Los profundos matices de soul y del rhythm and blues de la cantante norteamericana Michele McCain, puso el terciopelo negro como contraste a las intervenciones de la soprano Graciela Armendáriz y el gutural Pete Shaw completó, en parte, la tremenda amplitud de registros y de sonoridad que caracterizaba la voz de Freddie Mercury. A ellos se suman un excelente coro y una formación sinfónica; y, como es obligado, la guitarra eléctrica, el bajo, la batería y el saxo en manos de grandes profesionales.
El diálogo entre los diferentes ámbitos musicales que se dan cita en el escenario obra el milagro, consiguiendo tocar la fibra sensible de personas de diferentes edades: los incondicionales de Queen de toda la vida y un público joven que tiene a esta banda como referencia.
Descargas de heavy metal, rock sinfónico nunca mejor dicho, baladas de una tremenda delicadeza sobre la base de una guitarra acústica, pasajes corales, solos de saxo y perfecta emsamble en los temas más conocidos suponen un cóctel irresistible. Así lo vivió el respetable y así quedó en la memoria de todo el mundo.
El inicio del espectáculo rescató imágenes asociadas al compromiso político y social de Queen . Ya en la segunda parte, y con los ánimos al rojo vivo, le tocó el turno a otro de los temas estrella del repertorio I want to break free, cuyo videoclips pasa por ser el más conocido de esta banda. Thomas Vikström y Pete Shaw no tuivieron reparos en disfrazarse de sufridas amas de casa para evocar esas imágenes de imborrable recuerdo.
Estilo muy directo
Lejos de complicar las cosas, este montaje está resuelto en un lenguaje escenográfico muy directo y fácil de digerir. Los artistas se pasearon en determinadas ocasiones entre los entusiasmados seguidores, evidenciando una cercanía que fue muy aplaudida. No obstante, este espectáculo es sobre todo música y más música. Música hasta superar el límite de la discografía de Queen y rendirle un homenaje, tan breve como intenso, a Elvis Presley, otro mito tristemente desaparecido de forma prematura.
Después tres horas de temas inolvidables y de magníficas interpretaciones, la frase tópica parecía adquirir sentido: “larga vida al rock-and-roll”. Pero más de uno se fue pensando en otro eslogan recurrente: “God save to Queen”.
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