Del Malagazo al liderato: el Almería ve la vida desde arriba
García Pimienta ha transformado una herida que parecía incurable en una corriente de ilusión que vuelve a empujar hacia un objetivo grande

Un entrenador con los pies en la tierra ha devuelto la ilusión al Almería.
LA OPINIÓN DEL DÍA: El fútbol cambia los estados de ánimo a una velocidad imposible de explicar. Donde hace unos meses había decepción, dudas y un silencio difícil de soportar, hoy vuelve a respirarse entusiasmo. El Almería lleva dos jornadas al frente de la clasificación y contempla la Segunda División desde el lugar que todos persiguen. Ser líder nunca resulta sencillo. Es una posición conquistada a base de regularidad, trabajo y personalidad. Puede ser una fotografía pasajera o el anuncio de algo mucho más importante. En Almería cada día son más los que piensan en lo segundo.
Porque el recuerdo del Malagazo sigue existiendo. Aquella noche forma ya parte de la historia del club. Fue uno de esos golpes que dejan huella en una afición acostumbrada a levantarse. Pero el mérito de este Almería está precisamente ahí: en haber transformado una decepción enorme en una nueva oportunidad. García Pimienta ha conseguido que el equipo deje de mirar hacia atrás y vuelva a fijar la vista en el horizonte. La clasificación ayuda, pero lo que realmente alimenta la ilusión son las sensaciones que transmite este proyecto.

Los jugadores han disparado la ilusión de toda una provincia.
La derrota que hizo más fuerte al Almería
Los equipos se conocen de verdad cuando reciben un golpe. El Almería pudo quedarse atrapado en el recuerdo de aquella oportunidad perdida, pero eligió otro camino. El nuevo entrenador entendió desde el primer día que la única medicina era competir mejor, crecer y construir una identidad reconocible. Hoy el equipo transmite seguridad en sus convicciones. No juega condicionado por el miedo ni por los fantasmas. Ha aprendido a convivir con una herida que jamás desaparecerá del todo, pero que ya no marca su día a día. Esa fortaleza mental explica buena parte de lo que se está viendo sobre el césped.
Un líder que crece desde el colectivo
Hay otra razón para creer. Este Almería no depende de un único futbolista para ganar partidos. Los protagonistas cambian cada semana y eso fortalece a la plantilla. Cuando un equipo encuentra respuestas desde el grupo suele estar mucho más cerca de alcanzar sus metas. Pimienta insiste en cada comparecencia en la necesidad de corregir y mejorar incluso después de las victorias. Ese mensaje vale tanto como los puntos. La autocomplacencia es el veneno de la Segunda División y el entrenador parece decidido a mantener a todos con los pies en el suelo mientras la clasificación invita a soñar.

El equipo se impone y nadie es imprescindible para vencer.
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La ilusión vuelve a gobernar la provincia
Nadie asciende en octubre. Queda un campeonato larguísimo, lleno de trampas, derrotas y momentos de incertidumbre. El respeto a la categoría obliga a mantener la prudencia. Pero también sería un error ignorar la realidad que hay delante. El Almería vuelve a ser reconocido por sus rivales como uno de los grandes favoritos. Lo ha ganado en el campo, sin discursos grandilocuentes ni promesas imposibles. Ha recuperado la credibilidad perdida y, sobre todo, ha devuelto la ilusión a una afición que necesitaba volver a sentirse orgullosa de su equipo.
Por eso el verdadero triunfo de García Pimienta no está solo en el liderato. Está en haber conseguido que una provincia que sufrió uno de los golpes más duros de su historia reciente vuelva a mirar el futuro con optimismo. Del Malagazo al liderato hay mucho más que puntos. Hay una palabra que vuelve a escucharse en Almería: creer.