El banquillo del Almería ha dejado de ser una sala de espera
La competencia disparada por García Pimienta ha convertido cada alineación en un rompecabezas

Pimienta mira al banquillo donde siempre encuentra buenas soluciones.
La derrota en Sabadell cambió muchas cosas en el Almería. García Pimienta decidió tocar donde más duele a un futbolista, la titularidad, y agitó el equipo con una revolución que pocos esperaban. Hasta siete cambios sirvieron para lanzar un mensaje claro al vestuario: nadie tiene el puesto asegurado. La respuesta fue inmediata. Los que entraron aprovecharon la oportunidad y los que salieron elevaron su nivel para recuperarla. Desde entonces, la competencia se ha convertido en el mejor aliado del técnico rojiblanco y en una de las grandes fortalezas del equipo.
El mejor ejemplo llegó en Palma de Mallorca. Sin Cipenga ni Dzodic por el llamado Virus FIFA, el Almería volvió a responder con nota y dejó claro que dispone de recursos para competir en cualquier circunstancia. Hoy el problema de García Pimienta no es encontrar soluciones, sino elegir entre tantas. Puede doblar prácticamente todas las posiciones con garantías y cada jornada aparecen nuevos candidatos para formar parte del once inicial. Tiene la cabeza como un bombo. Y para un entrenador que quiere ascender, ese es el bendito problema que todos desean tener. Contra el Burgos armó otra revolución que le salía bien al final.
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Ganan todos y celebran los triunfos transmitiendo buen rollo en el vestuario.
La sacudida de Sabadell lo cambió todo
Las primeras jornadas dibujaban un once bastante estable. García Pimienta encontraba soluciones en una base reconocible y apenas realizaba modificaciones. Sin embargo, la derrota en Sabadell le llevó a tomar una decisión valiente y cambiar de forma radical el rumbo de la gestión del grupo.
Hasta siete futbolistas entraron en escena. Aquella sacudida tuvo un efecto inmediato. Los jugadores que esperaban su oportunidad demostraron que estaban preparados y los titulares comprendieron que el puesto debía ganarse cada semana. La consecuencia fue un aumento de la competitividad que hoy beneficia a todo el equipo. Cualquier jugador de campo tiene otro similar en el banquillo y esto pesa al rival.
Un banquillo que aprieta como nunca
Lo más importante para el técnico es que el rendimiento ya no depende de once nombres concretos. El Almería dispone de alternativas en todas las líneas y puede modificar piezas sin perder identidad ni capacidad competitiva.
La competencia se ha convertido en la gasolina del vestuario. Cada entrenamiento se realiza a máxima intensidad porque todos saben que el camino hacia la titularidad está abierto. El banquillo ha dejado de ser una sala de espera para convertirse en una amenaza constante para cualquiera que se relaje.

Ir al banquillo dispara el hambre competitiva en la plantilla.
La cabeza como un bombo
Los entrenadores suelen hablar del llamado “bendito problema” cuando disponen de demasiadas opciones para decidir. García Pimienta vive precisamente esa situación. Elegir una alineación se ha convertido en una tarea más complicada que encontrar soluciones.
A día de hoy nadie se atreve a asegurar cuál será el próximo once del Almería. Ni los analistas, ni los aficionados y posiblemente tampoco muchos de los propios futbolistas conocen de antemano la decisión final. Las filtraciones han desaparecido porque las posibilidades son numerosas y todas tienen argumentos sólidos. Si cae Vesga lesionado entra Junyent y tema solucionado sobre la marcha.
Por eso el gran problema del Almería no es una lesión, una sanción o una falta de recursos. Todo lo contrario. El gran problema del Almería es elegir entre tantos buenos. Y en una temporada tan exigente como la actual, ese puede acabar siendo el mejor problema posible.