El Almería ya gana hasta los partidos de Palencia
Daniel Palencia Caballero vuelve a dejar un arbitraje de personalidad fuerte, pero el equipo de Pimienta compite por encima de cualquier circunstancia

Los jugadores del Almería celebrando la victoria y Palencia mirando en segundo plano.
El fútbol también se juega en la cabeza. Hay estadios que imponen, rivales que intimidan y árbitros que dejan huella. Daniel Palencia Caballero pertenece a esa última categoría para el universo rojiblanco. No porque tenga nada contra el Almería ni porque sus actuaciones puedan explicarse desde la sospecha, sino porque cada visita de su silbato suele venir acompañada de tensión, tarjetas y recuerdos poco agradables. Por eso la victoria en Mallorca tiene un valor añadido. El equipo de Pimienta no solo venció a un rival directo, también superó uno de esos escenarios que históricamente no le habían sonreído.
Son Moix exigía personalidad. Delante estaba un candidato al ascenso, una afición entregada y un árbitro de personalidad fuerte al que se le notaba la responsabilidad de dirigir un encuentro con aroma de Primera División. Palencia Caballero volvió a ser fiel a sí mismo, con un arbitraje intenso, riguroso en el apartado disciplinario y muy particular en la interpretación de determinados momentos del juego. El Almería protestó, sufrió y compitió, pero acabó marchándose con tres puntos que explican mejor que cualquier discurso la madurez alcanzada por este equipo.

Mallorca exigía la mejor versión del Almería y un buen arbitraje para ganar.
Una vieja cuenta pendiente
El nombre de Palencia Caballero siempre lleva al aficionado rojiblanco de vuelta al Nuevo Mirandilla. Aquel partido quedó marcado por las expulsiones, por un Almería terminado con nueve futbolistas y por la roja mostrada a Rubi. Fue una tarde tormentosa que dejó una sensación difícil de olvidar y que convirtió cada nueva designación del colegiado en motivo de preocupación.
Desde entonces los caminos se han vuelto a cruzar varias veces, pero la sensación general nunca llegó a ser de plena comodidad. Su forma de arbitrar, tan estricta en determinados aspectos del reglamento, encajaba mal con un equipo que históricamente ha reclamado más protección en ciertos partidos de máxima exigencia.
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Palencia quiso pasar inadvertido en un partido de Primera División.
Tarjetas rápidas y reiteración olvidada
En Mallorca reapareció el patrón conocido. Las amonestaciones llegaron pronto para los jugadores rojiblancos y el margen de tolerancia pareció estrecho desde el primer momento. Arribas y Miguel de la Fuente fueron algunos de los futbolistas que sintieron el rigor disciplinario de una tarde marcada por la tensión competitiva.
Sin embargo, el asunto no estuvo tanto en las tarjetas mostradas como en las que nunca llegaron. El Almería echó en falta una mayor vigilancia sobre la reiteración de faltas. Varias acciones repetidas por parte del conjunto local fueron pasando sin castigo disciplinario mientras el encuentro se endurecía poco a poco. A ello se sumaba un tiempo añadido especialmente largo que prolongó la incertidumbre y obligó al Almería a resistir durante más minutos de los esperados.
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Palencia es un árbitro peculiar al que los equipos se deben adaptar.
La mejor noticia para el ascenso
Más allá de la actuación arbitral, la conclusión importante es otra. El Almería ganó. Y ganó donde debía hacerlo. Lo hizo en el campo de un rival poderoso y en un contexto incómodo. Lo hizo sabiendo sufrir y sin perder el orden cuando el partido se volvió espeso.
Los equipos que ascienden no son aquellos que solo juegan bien. También son los que aprenden a sobrevivir a las tardes en las que nada resulta sencillo. Ganan cuando brillan y cuando toca remar contra corriente. Ganan cuando dominan y cuando resisten. Y el Almería de Pimienta empieza a ofrecer precisamente ese perfil. Por eso la victoria de Mallorca vale mucho más que tres puntos. Supone una demostración de carácter. Si este equipo ha sido capaz de imponerse en Son Moix con un rival de máximo nivel delante y con Palencia Caballero como juez del encuentro, significa que está preparado para desafíos mayores.