Morlanes, el arquitecto del Mallorca que el Almería no pudo comprar
El centrocampista aragonés llegó cedido por el Villarreal para dirigir una de las plantillas más ambiciosas de la historia reciente del Almería

Manu Morlanes dirigiendo a un Almería plagado de estrellas.
La afición del Almería ha visto pasar grandes futbolistas durante los últimos años, pero pocos dejaron una sensación tan especial como Manu Morlanes. El mañico aterrizó en el Mediterráneo con la vitola de talento de futuro y acabó convirtiéndose en el arquitecto de un equipo diseñado para pelear por el ascenso. No era el más veterano ni el que más ruido generaba, pero cada vez que tocaba el balón el juego rojiblanco encontraba sentido.
Primero bajo las órdenes de José Gomes y después con Rubi en el banquillo, Morlanes se hizo imprescindible en una plantilla repleta de estrellas. Su fútbol pausado, su visión de juego y su capacidad para inventar pases donde nadie veía espacio lo llevaron a convertirse en una de las referencias de aquel Almería. El club quiso hacerlo suyo cuando terminó la temporada, pero el Villarreal cerró la puerta y el sueño quedó sin cumplir.

Los sueños de Primera del Almería pasaban por Manu Morlanes.
El cerebro de un equipo construido para ascender
Aquel Almería reunía nombres para ilusionar a cualquiera. Fernando y Giorgi defendían la portería. La línea defensiva contaba con Balliu, Maras, Chumi, Buñuel, Akieme, Cuenca, Centelles e Ivanildo. En el centro del campo convivían César de la Hoz, Petrovic, Fran Villalba, Aketxe, Samu Costa, Carvalho, Robertone y Morlanes. Arriba esperaba una colección de talento formada por Corpas, Lazo, Ramazani, Juan Villar, Juanma Gutiérrez, Olivera, Umar Sadiq y Jordi Escobar.
Entre tantos nombres destacados aparecía la figura silenciosa del aragonés. No necesitaba focos. Morlanes era el encargado de conectar todas las piezas, de acelerar o pausar el partido y de poner balones imposibles para una delantera que vivía del gol. Era el futbolista que hacía jugar mejor al resto.

El primer día en el Almería de Morlanes con José Gomes a los mandos.
Rubi encontró en él a su director de orquesta
Cuando Rubi tomó las riendas del equipo tuvo claro que el centrocampista debía ser una de las referencias del proyecto. Morlanes asumió galones con naturalidad y respondió con una temporada de altísimo nivel. Su juventud no fue un obstáculo para echarse el peso creativo del equipo a la espalda. El Almería llegó al Play Off convencido de sus posibilidades. La plantilla tenía nivel para luchar por el ascenso y el centrocampista era una de las piezas más fiables. Sin embargo, el sueño quedó frenado en Montilivi. El Girona de Francisco fue superior y el contundente 3-0 dejó sin premio a una generación que parecía destinada a regresar a Primera División.

Ahora Morlanes dirige a un Mallorca rumbo a Primera dirigido por Luis García.
El fichaje que el Almería no pudo cerrar
Finalizada la temporada, el deseo del Almería era claro: quedarse con Morlanes. El club entendía que estaba ante un futbolista diferencial y veía en él una pieza estratégica para el futuro. Sin embargo, el Villarreal no estaba dispuesto a facilitar su salida y remitió cualquier operación a unas condiciones económicas inalcanzables para la entidad rojiblanca. Aquella fue una despedida amarga porque tanto el club como la grada habían conectado con un jugador elegante, comprometido y perfectamente adaptado a la ciudad. Con el paso de los años quedó demostrado que la apuesta tenía sentido. Morlanes se consolidó en Primera División defendiendo las camisetas del Espanyol, Villarreal y Mallorca.