Ha muerto Luis Cela: Gandolfo llora al entrenador que llevó al Almería
El técnico nacido en Ferrol construyó una carrera admirada en Baleares y mantuvo un vínculo especial con el entrenador roquetero

Gandolfo y su ex mujer junto a Luis Cela cigarrillo en mano.
La noticia llegó desde Mallorca y recorrió con rapidez los viejos vestuarios, las tertulias futboleras y los rincones donde todavía se habla del fútbol con pasión. Luis Cela Bustabad ya no está, pero deja tras de sí una vida entregada a este deporte. El entrenador gallego, afincado en la isla desde los años setenta, fallecía en Muro a los 78 años después de una larga enfermedad, según informó el diario Última Hora, que recordó su enorme legado en el fútbol balear.
Los que compartieron campo, banquillo o simplemente una conversación con él coinciden en lo mismo. Era un hombre que respiraba fútbol. Un técnico de ideas avanzadas para su época, capaz de dibujar partidos en una pizarra durante una comida entre amigos y de seguir hablando del juego con la misma ilusión de un debutante. Su figura también tiene acento almeriense gracias a la estrecha amistad que mantuvo durante décadas con Antonio López Gandolfo, compañero de vida futbolística desde los tiempos del Poblense.

Luis Cela se ganó el cariño de todo los que le rodearon.
De Ferrol a Mallorca, una vida junto al balón
Luis Cela nació en Ferrol en 1947 y comenzó su carrera como futbolista en el Lugo y la Bañeza antes de encontrar en Mallorca el lugar donde echar raíces. Según recuerda Última Hora, formó parte de aquel poderoso Poblense de comienzos de los años setenta y posteriormente defendió las camisetas del Constància, Margaritense y Murense. Fue precisamente en Muro donde terminó su carrera como jugador en 1981 y donde decidió establecerse junto a su familia. Lo que parecía el final de una etapa terminó convirtiéndose en el comienzo de otra todavía más influyente. El fútbol le esperaba en los banquillos.
Un entrenador adelantado a su tiempo
Apenas unos años después de colgar las botas inició una trayectoria como entrenador que le llevó a dirigir a algunos de los clubes más históricos del fútbol balear. Tras una etapa en el Badia de Cala Millor, asumió retos importantes en Segunda División B al frente del Constància, el Poblense y el Atlético Baleares. En Mallorca todavía se recuerda a aquel técnico inquieto que buscaba soluciones distintas cuando la innovación apenas tenía espacio en el fútbol modesto. El diario Última Hora recoge el testimonio del entrenador Pep Sansó, quien lo definía como una persona entrañable y siempre dispuesta a innovar. También Toni Campoy, preparador físico suyo en el Atlético Baleares, destacó que poseía “ideas revolucionarias para la época”, una frase que resume perfectamente la personalidad futbolística de Luis Cela.
La amistad que unió Mallorca y Almería
La figura de Luis Cela también forma parte de la historia reciente del fútbol almeriense. Su gran amigo Antonio López Gandolfo, uno de los futbolistas más representativos que ha dado la provincia, compartió con él vestuario en el Poblense y mantuvieron una amistad inquebrantable durante más de medio siglo. Cela era un extremo habilidoso al que le daba los mejores pases el medio volante llegado de Almería. Fue el propio Gandolfo quien comunicó a LA VOZ el fallecimiento de su compañero y amigo.
Al banquillo del Almería
Aquella relación tuvo además una consecuencia directa para el fútbol rojiblanco. En febrero de 1991 recomendó Gandolfo al club almeriense la contratación de Luis Cela, que terminó la temporada en el banquillo del Almería cuando era considerado uno de los entrenadores emergentes procedentes del fútbol balear. Su paso por la entidad rojiblanca reforzó todavía más un vínculo personal que nunca se rompió. Gandolfo lo recuerda como un hombre extraordinario dentro y fuera del campo, un profesional respetado y un amigo leal. Ahora se marcha uno de aquellos personajes irrepetibles que hicieron del fútbol una forma de vida. Mallorca pierde a un referente de sus banquillos. Galicia a un hijo orgulloso de sus raíces. Y Almería a un amigo que, gracias a Gandolfo, también dejó una pequeña pero imborrable huella en la historia rojiblanca.