El Almería le ha borrado la sonrisa a Pozo
El lateral sevillano fue una apuesta firme de Rubi para subir a Primera, recuperó protagonismo con el técnico catalán y luego lo descartó

Pozo celebrando con Umar Sadiq uno de esos goles tan suyos llegando en carrera.
Hay futbolistas que conectan con una afición desde el primer entrenamiento. Alejandro Pozo fue uno de ellos. Llegó al Almería para ayudar a un proyecto que soñaba con la Primera División y acabó convirtiéndose en una de las imágenes más felices de aquella plantilla del ascenso. Sonriente, competitivo y siempre dispuesto a trabajar para el grupo, se ganó a Rubi, al vestuario y a la grada. Hoy su situación es radicalmente distinta. Regresa de Polonia y espera una salida en el último año de contrato.
El fútbol suele ser cruel con quienes creen haber encontrado un hogar. Pozo pasó de ser uno de los favoritos de Rubi a entrar en la lista de descartes de una plantilla que busca una profunda renovación. La misma puerta que un día se abrió de par en par parece ahora cerrada. Después de una brillante aventura en el Jagiellonia, donde recuperó minutos y protagonismo, el sevillano regresó a Almería con la incertidumbre como compañera de viaje y el futuro todavía por escribir.

Umar Sadiq se aparta para incurrir en fuera de juego y Pozo remata a gol.
El niño feliz del ascenso
Pozo llegó al Almería en la temporada 2021-22 después de una cesión en el Eibar y apenas necesitó tiempo para conquistar a Rubi. Tras las dos primeras jornadas entró en el once inicial y casi nadie consiguió moverlo de allí. El sevillano aportaba energía, recorrido y una velocidad que encajaba perfectamente en un equipo diseñado para ascender.
Le ganó la carrera a Juanjo Nieto y firmó una primera campaña sobresaliente. Marcó tres goles, repartió tres más y se convirtió en uno de los jugadores más queridos por una afición que veía en él compromiso y alegría. Aquella imagen de Pozo celebrando cada victoria simbolizaba el estado de gracia de un Almería que acabó tocando el cielo.
UD Almería
Los descartes del Almería entrenan en el Anexo: Perovic apunta al extranjero
Carlos Miralles

Pozo como siempre el primero para entrenar demostrando su profesionalidad.
La sonrisa se fue apagando
La llegada a Primera División cambió el escenario. Pozo dejó de ser un intocable y comenzó a alternar su protagonismo con Houboulang Mendes o incluso con Chumi cuando el equipo necesitaba versiones más defensivas. Lejos de consolidarse en la élite, el sevillano empezó a perder terreno. El verdadero golpe llegó con los cambios en el banquillo. Ninguno de los técnicos que pasaron por el Almería encontró para él un papel relevante. Entre el 26 de enero y el 27 de abril solo jugó 25 minutos ante el Granada. Las once jornadas restantes las vivió desde el banquillo. brillaba con la misma fuerza.
Galerías
"Que la Virgen del Mar os proteja bajo su manto": el Almería realiza la ofrenda floral, en imágenes
Carlos Miralles

Pozo con el peto blanco con semblante serio entrenando con García Pimienta.
La felicidad no estaba en Polonia
Pozo volvió a sentirse importante con el regreso de Rubi al banquillo rojiblanco durante la temporada 2024-25. El técnico que siempre apostó por él le devolvió protagonismo en una campaña en la que disputó 30 partidos de Liga, marcó dos goles y daba otro. La llegada de nuevos refuerzos y la acumulación de efectivos en los laterales acabaron abriéndole la puerta de salida rumbo al Jagiellonia, donde firmó una temporada notable con 49 partidos, dos goles y seis asistencias, además de una brillante experiencia europea en la Conference League.
Pero la felicidad no estaba en Polonia. Estaba en Almería. Por eso su vuelta tiene hoy un sabor amargo. El jugador regresó al club donde celebró un ascenso y donde fue uno de los hombres de confianza para descubrir que ya no entra en los planes deportivos. Con un año de contrato por delante y en la lista de descartes para dar una bocanada de aire fresco a la plantilla, Pozo espera nuevo destino. El mismo futbolista por el que suspiraba Rubi para subir a Primera afronta ahora un final de etapa marcado por el desencanto.