La Voz de Almeria

UD Almería

Las aficiones de Segunda son de Primera: el Almería amplía su campo

Los clubes igualan e incluso superan las cifras de abonados del curso pasado

Las aficiones se movilizan por los campos de la categoría y garantizan el lleno.

Las aficiones se movilizan por los campos de la categoría y garantizan el lleno.Juan Sánchez

Tony Fernández
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La fiebre del fútbol no entiende de categorías. Mientras el calendario avanza hacia el inicio de la competición, la Segunda División vuelve a demostrar que hace tiempo dejó de ser una categoría de paso para convertirse en un escaparate de pasión, inversión y poder de convocatoria. Campañas de abonados disparadas, listas de espera en muchos estadios y una competencia feroz por alcanzar la élite dibujan un escenario que ilusiona a las aficiones y obliga a los clubes a crecer a toda velocidad.

El Almería contempla el fenómeno desde una posición privilegiada pero también limitada por la capacidad de su estadio. El club rojiblanco mantiene una temporada más el tope de 15.000 abonados mientras avanzan las obras del Mediterráneo. Una barrera que impide reflejar con exactitud el potencial social de una entidad que compite en una categoría donde cada vez más equipos convierten el ascenso en una cuestión de estado.

Mohammed Al-khereiji asiste a una explosión incontenible de la Segunda.

Mohammed Al-khereiji asiste a una explosión incontenible de la Segunda.Juan Sánchez

Una Segunda que ya no tiene techo

Si alguien pensaba que la pérdida de categoría iba a enfriar el entusiasmo de las aficiones, la realidad se ha encargado de desmontar esa teoría. En toda España las campañas de abonados avanzan a ritmo de récord. Los aficionados responden porque perciben que la Segunda se ha transformado en una competición tan dura como atractiva. Ya no es solo una carrera por subir; es una liga de grandes ciudades, históricos, estadios llenos y proyectos que manejan presupuestos impensables hace apenas unos años. La sensación general es que el tren del ascenso nunca había estado tan caro. De los 22 participantes, 20 parten con la ilusión legítima de pelear por llegar a Primera. Solo Celta Fortuna y Real Sociedad B, por su condición de filiales, tienen vetada esa posibilidad. El resto sueña despierto.

Los estadios se llenan y alcanzar la Primera División desata la pasión.

Los estadios se llenan y alcanzar la Primera División desata la pasión.Juan Sánchez

Alcanzar la Primera División desata la pasión.

La llegada de nuevos inversores a muchos clubes ha cambiado el paisaje de la categoría. El desembarco de capital extranjero y grupos empresariales ha elevado el nivel de exigencia y también la calidad de las plantillas. Futbolistas con experiencia en Primera, internacionales y entrenadores de prestigio encuentran en Segunda proyectos sólidos capaces de competir económicamente con ligas importantes del continente. El resultado es evidente cada verano. Los mercados de fichajes ganan protagonismo, las plantillas aumentan su valor y las expectativas de las aficiones crecen en paralelo. La Segunda española se ha convertido en una competición observada desde toda Europa y, en muchos casos, presenta más nivel competitivo que numerosas primeras divisiones del continente.

El Almería mantiene la cifra de 15.000 abonados una temporada más.

El Almería mantiene la cifra de 15.000 abonados una temporada más.Juan Sánchez

El Almería y la barrera de los 15.000

En este contexto aparece la singularidad rojiblanca. Mientras muchos clubes anuncian cifras récord, el Almería sigue condicionado por la capacidad actual del estadio. La entidad podría aspirar a registros superiores, pero las obras del Mediterráneo obligan a fijar el límite en 15.000 abonados. Lejos de interpretarse como un freno social, ese techo sirve como indicador de la fortaleza del club. El interés por acompañar al equipo continúa intacto y la expectativa pasa por comprobar hasta dónde puede crecer la masa social cuando el estadio alcance todo su potencial. Porque si algo demuestra esta Segunda es que la ilusión no conoce límites. Los estadios se llenan, las ciudades se movilizan y el ascenso se ha convertido en la gran obsesión colectiva de una categoría que vive uno de los momentos más brillantes de su historia.

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