La Voz de Almeria

UD Almería

El Almería achica el estadio: de 28.000 a 26.400

Prometió una ampliación rápida y ambiciosa, pero el club retrasa la obra, reduce el aforo y enfría el discurso inicial

El Mediterráneo debe quedar así cuando finalicen las obras en dos etapas.

El Mediterráneo debe quedar así cuando finalicen las obras en dos etapas.UD Almería

Tony Fernández
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LA OPINIÓN DEL DÍA: El 6 de febrero de 2026, en la presentación de Ely. el CEO, Mohamed El Assy lanzó un mensaje potente: el Mediterráneo iba a entrar en obras de inmediato. Final de temporada, maquinaria en marcha y un estadio renovado antes de acabar la siguiente campaña. Era un proyecto con ritmo, con ambición y con una cifra redonda que sonaba a salto adelante: 28.000 espectadores. El Almería aceleraba en su crecimiento.

Hoy, ese discurso ya no encaja con la realidad. El anuncio oficial del club dibuja un escenario distinto, más pausado y más pequeño. Se anuncian obras en los fondos para la segunda quincena de julio. La segunda fase comenzará tras la temporada 2026/2027 y finalizará en septiembre de ese mismo año. Es decir, dos campañas por medio y un calendario que difiere de lo prometido. Y junto al retraso, el dato que chirría: el estadio se queda en 26.400 asientos.

El recorte no es menor. Son 1.600 butacas menos desaparecidas sin una explicación clara por parte del club. De una cifra redonda y ambiciosa se pasa a otra más contenida, en un movimiento que afecta tanto a la imagen del proyecto como a su potencial económico y ambiental. Porque un estadio también se mide por su capacidad de empuje.

A esto se suma el cambio de ritmo. De una obra inmediata se ha pasado a una ejecución en dos tiempos, sin urgencia aparente y con el equipo conviviendo con las reformas. El Almería ya no corre. Y cuando un proyecto pierde velocidad y tamaño, lo que entra en juego no es solo el hormigón, sino la credibilidad del mensaje.

Mohamed El Assy habló de un estadio para 28.000 butacas.

Mohamed El Assy habló de un estadio para 28.000 butacas.Carlos Miralles

En febrero se habló de un Mediterráneo con 28.000 butacasEn junio se anuncian 26.400 asientos tras las obras en dos fases y se evaporan 1.600 

Un recorte que nadie explica

De los 28.000 anunciados en febrero a los 26.400 actuales hay 1.600 asientos que se evaporan sin que el club haya ofrecido una explicación pública convincente. No es un simple ajuste de diseño ni una corrección menor: es una reducción significativa que afecta al impacto del estadio, a su atmósfera y también a su proyección económica. Menos butacas significan menos ingresos potenciales, menos masa social en cada partido y un mensaje más conservador del que se vendió en su día. En un proyecto que se presentó como un salto hacia adelante, este paso atrás en cifras deja una sensación incómoda.

La puesta de largo de Rodrigo Ely en febrero disparaba la ilusión de los aficionados.

La puesta de largo de Rodrigo Ely en febrero disparaba la ilusión de los aficionados.Carlos Miralles

Dos temporadas en lugar de una

El plan inicial hablaba de inmediatez: terminar una temporada, empezar la obra y llegar al siguiente curso con el estadio prácticamente listo. Era un mensaje de club ambicioso, con prisa por crecer. Sin embargo, la hoja de ruta actual dibuja otro escenario completamente distinto, con la segunda fase comenzando tras la 2026/2027 y finalizando en septiembre. Esto implica convivir con la reforma durante más tiempo y retrasar el resultado final hasta la campaña 2027-28. El calendario se ha estirado sin que se haya explicado qué ha cambiado por el camino, y la urgencia que marcaba el discurso original ha desaparecido sin hacer ruido.

Del impulso al enfriamiento

Lo que realmente se resiente no es solo el proyecto físico, sino el relato. El Almería pasó de transmitir velocidad, crecimiento y determinación a ofrecer una versión más fría, más lenta y con menos alcance. Esa diferencia entre lo anunciado y lo ejecutado genera dudas en el entorno, porque rompe la coherencia del mensaje. El aficionado no solo espera un estadio mejor, también necesita confiar en el plan que se le presenta. Y cuando las cifras bajan y los plazos se alargan, lo que se pone en cuestión no es el cemento, sino la credibilidad de quien lo promete.

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