La Voz de Almeria

UD Almería

El Almería necesita algo más que Pimienta

Si hay un entrenador parecido al que hoy tiene Al-Khereiji, ese es el que suena como candidato… y la pregunta es inevitable: ¿dónde está el cambio?

Pimienta ganaba de churro en el Mediterráneo con Las Palmas.

Pimienta ganaba de churro en el Mediterráneo con Las Palmas.Juan Sánchez

Tony Fernández
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LA OPINIÓN DEL DÍA: El nombre de García Pimienta irrumpe como solución para el banquillo del Almería, pero su perfil abre más dudas que certezas. El técnico catalán comparte escuela, ideas y hasta obsesiones con Rubi, el actual entrenador rojiblanco. Ambos han crecido bajo la influencia del Barça y entienden el fútbol desde la posesión, el ataque y el gusto por el balón. Sobre el papel, el relevo suena coherente. En la práctica, puede quedarse corto para lo que exige la categoría y el momento del club.

El Almería que viene no necesita una réplica de lo que ya tiene, sino un giro de guion. La Segunda División no premia tanto la estética como la resistencia, el oficio y la eficiencia. Cambiar a Rubi por Pimienta sería apostar por un reflejo con ligeros matices, un técnico que añade un centrocampista más pero no altera la filosofía. Y la pregunta emerge sola: si el camino no ha llevado al objetivo, ¿por qué insistir en la misma ruta?

García Pimienta se saluda con Gaizka Garitano en un Almería-Las Palmas de Primera.

García Pimienta se saluda con Gaizka Garitano en un Almería-Las Palmas de Primera.Juan Sánchez

Mismo ADN, distinto dibujo

El posible relevo en el banquillo del Almería no supone una revolución, sino un matiz. García Pimienta y Rubi comparten escuela, recorrido y una manera casi idéntica de entender el fútbol. Ambos priorizan el balón, la iniciativa y el dominio a través de la posesión, con un gusto marcado por atacar desde la organización y no desde el caos. La diferencia aparece en la pizarra: el candidato apuesta por poblar más la medular, añadir un centrocampista, generar superioridades interiores y proteger mejor la circulación. Pero el fondo es el mismo. No hay ruptura con lo anterior, sino una continuidad disfrazada de cambio. Y en un equipo que ha mostrado carencias estructurales, el debate no es cómo se dibuja el sistema, sino si la idea es la adecuada para competir.

Dirige a modo Rubi con talante tranquilo en el banquillo.

Dirige a modo Rubi con talante tranquilo en el banquillo.Juan Sánchez

La Segunda no entiende de estética

El problema no es de estilo, sino de contexto. La Segunda División castiga el error, premia la contundencia y exige una resistencia competitiva que va más allá del balón. Es una categoría de ida y vuelta, de segundas jugadas, de duelos, de oficio acumulado en cada metro del campo. Ahí es donde surge la gran duda: ¿está el Almería para seguir apostando por un modelo de autor o necesita adaptarse a un ecosistema más salvaje? El fútbol bonito no suma puntos por sí solo. El equipo rojiblanco ha demostrado que saber jugar no siempre es sinónimo de saber competir. Y en ese escenario, cambiar a Rubi por Pimienta es insistir en una fórmula que no ha terminado de cuajar. Menos laboratorio y más obra. Menos arquitectos y más albañiles.

Las Palmas pasaba por Almería de la mano de García Pimienta.

Las Palmas pasaba por Almería de la mano de García Pimienta.Juan Sánchez

El riesgo de repetir el error

La decisión del banquillo marcará el futuro inmediato del Almería, y el margen de error es mínimo. Apostar por un técnico de perfil similar implica asumir que lo hecho hasta ahora estaba bien encaminado, pero mal ejecutado. Y ese diagnóstico puede ser peligroso. Si se vuelve a firmar un contrato largo bajo la misma idea futbolística, el club corre el riesgo de hipotecar otra vez su margen de maniobra. La pregunta que sobrevuela la elección es tan simple como determinante: si el candidato se parece tanto al que ya está, ¿dónde está el salto? El cambio no puede ser estético ni superficial. Debe ser competitivo. Porque en el fútbol, y más en Segunda, no gana el que mejor juega, sino el que mejor entiende lo que hay que jugar.

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