La Voz de Almeria

UD Almería

Las grandes mentiras de la UD Almería

Una plantilla sobrevalorada y un entrenador que no ha sabido encontrar el equilibrio

La plantilla del Almería se rinde ante la afición.

La plantilla del Almería se rinde ante la afición.Juan Sánchez

Eduardo de Vicente
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El Almería ha tenido que cargar con una maleta demasiado grande durante toda la temporada: el peso de tener la plantilla más cara de la categoría y en consecuencia, la obligación no solo deportiva sino también moral, de demostrar que era un equipo de Primera División cuando estaba todavía en Segunda. El Málaga ha representado el caso contrario: llegó con una mochila vacía que un entrenador que venía de las catacumbas supo llenar de ilusión hasta formar un equipo feliz. Sí, un equipo, la célula madre, lo que realmente importa, porque aquí, en este mundo tan extraordinario que es el fútbol, lo fundamental es hacer un equipo por encima de la extensión y del valor económico de la plantilla. En Almería se ha confundido el valor con el precio: teníamos la plantilla más cara, es verdad, pero no era la mejor como se ha venido pregonando a lo largo de la temporada desde todos los sectores. Bastaba con mirar al banquillo en cada partido para entender que no teníamos una plantilla de superior categoría.

El Almería ha tenido una plantilla de un nivel parecido al resto de los seis clubes que han competido por el ascenso, pero no ha llegado a forjar un equipo sólido, sus éxitos han brotado más de la calidad de las individualidades que del buen trabajo colectivo. Cuando un entrenador consigue ensamblar un equipo, cualquier jugador del banquillo, por mediocre que parezca, mejora cuando sale al campo. Por contra, cuando no se consigue armar un bloque y se vive a golpes de inspiración, cualquier jugador que salte al campo, aunque tenga buenas cualidades, parece peor de lo que realmente es. Es el equipo el que mejora o el que empeora a una plantilla. El ejemplo más claro lo hemos tenido estos dos últimos años en el Barcelona, donde un entrenador ha creado un equipo con tanta personalidad y con las ideas tan claras que cualquier joven de la cantera que salía desde el banquillo rendía dos peldaños por encima de sus posibilidades.

El Almería ha tenido una plantilla sobrevalorada, con un nivel inferior al de la temporada anterior, cuando contaba con Luis Suárez, el delantero estrella de la categoría, y con Pubill, un futbolista de enormes posibilidades al que Rubi no supo entender. Lo condenó al lateral derecho cuando el mejor Pubill, como después se encargó de demostrar Simeone en el Atlético de Madrid, era el que jugaba de central. El Almería de esta temporada nació cojo, no ya por la venta de Suárez y la ausencia de un jugador irreemplazable, sino porque una parte del dinero de su traspaso se tiró a la basura trayendo a un futbolista como Thalys, que ha resultado un fracaso absoluto, superando incluso al del fichaje de su compatriota Lázaro Vinicius, de cuyo nombre ya ni me acordaba. Después, en el mercado de invierno, se intentó compensar el error con la incorporación de Miguel de la Fuente, un delantero que se adaptó bien en los primeros meses, pero que ha terminado demostrando el por qué no era titular en un Leganés que estaba bailando con el descenso. De la Fuente es digno de alabar por su entrega, pero no es un jugador de garantías para un equipo que aspire al ascenso.

La política de fichajes ha sido un fiasco esta temporada, no solo por el de Thalys. Una de las carencias que ha tenido el Almería ha sido la ausencia de un medio centro de categoría; nos ha faltado ese futbolista capaz de mejorar cada jugada que pasara por sus pies, esa pieza que en el caso de un medio centro debería de aportar equilibrio, cordura, serenidad, sentido común, y sobre todo mucha cabeza. Para esa misión hemos tenido a Lopy, un futbolista que emplea demasiado el cerebro reptiliano. Qué extraña paradoja, el hombre que nos tenía que aportar orden era el más errático, la anarquía en pantalón corto.

En esa confección de la plantilla se hizo un gran esfuerzo para reestructurar al completo la línea de atrás, desde el portero hasta los defensas, pensando que el tropiezo de la temporada anterior se debió a la escasa calidad de los defensas. Esa revolución defensiva ha sido inútil. El Almería ha vuelto a ser uno de los peores equipos de la categoría a la hora de encajar goles, lo que demuestra que el mal no radicaba en las piezas, sino en la idea, en el hombre encargado de ordenar y de mover esas piezas.

Rubi ha demostrado que no sabe trabajar a los equipos defensivamente; ha sido incapaz de encontrar ese equilibrio que en una categoría como esta es fundamental para afrontar sobre todo los partidos fuera de casa, donde la fuerzas se igualan. Ha sido tozudo, como él mismo se calificó, y a lo largo de la temporada ha querido jugar de la misma forma fuera que dentro, tropezando continuamente en la misma piedra. Jugar con cuatro delanteros como visitante ha condenado al Almería, convirtiéndolo una y otra vez en un equipo vulnerable que se partía en dos a las primeras de cambio, rozando en muchos momentos la vulgaridad. Un buen entrenador es aquél que consigue el equilibrio entre líneas y Rubi no lo ha logrado casi nunca. Cuántas veces hemos visto a Miguel, a Embarba, a Batistao, a Arribas, presionar sin sentido, completamente desorganizados, vendiendo constantemente a los dos medios centros y poniendo al pie de los caballos a toda la defensa. Ha sido una constante tanto fuera como dentro, con la diferencia de que en casa, donde los rivales mediocres te atacan menos, el problema se ha compensando con esa calidad individual de determinados futbolistas. Lejos de nuestro estadio, donde se hacía necesaria la mano de un entrenador para darle al equipo el carácter competitivo que necesitaba, Rubi ha estado sin ideas y sin capacidad de reacción.

La ocurrencia de meter a Nico Melamed en el equipo inicial ante el Málaga, trastocando el orden del equipo, descalifica completamente al entrenador. Melamed no reúne ninguna cualidad para jugar pegado en una banda porque ni tiene fuerza, ni tiene potencia para bajar a defender ni tiene velocidad ni calidad para desbordar a un lateral en el uno contra uno. Melamed era una promesa de futbolista que se ha ido quedando en el camino, un media punta con algunos detalles de buen jugador que no ha terminado de crecer lo suficiente. Su presencia en el equipo titular obligó, además, a cambiar a Embarba de banda, por lo que el Almería salió desorganizado desde el calentamiento y sin que nadie tuviera claro cuál era el plan. Ahí se empezó a perder el partido.

A pesar de todo, Rubi no ha sido el único culpable. Hay que apuntar también a la política de fichajes, a ese apego a tirar el dinero pagando fichas astronómicas a futbolistas de una mediocridad aplastante. Es posible que haya que cambiar de entrenador, pero la secretaría técnica también necesita un giro, ha sido tan culpable como el profesional que se sentaba en el banquillo. El golpe del sábado ha sido muy duro y debería de servir para replantear objetivos dentro del club. El ascenso no puede ser una obsesión que pese como una losa sobre los profesionales y sobre la afición, sino la recompensa a un trabajo coherente desde todos los sectores del club, empezando por la secretaría técnica.

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