Un Almería entre la ‘Pirula’ del Ourense y el ‘Malagazo’
De la salvación que se escapó en el Juan Rojas al golpe moderno en el Mediterráneo, dos tardes negras unidas por el mismo pecado: fallar cuando todo estaba en la mano

Todo estaba preparado para recibir la Primera División en casa.
El fútbol tiene memoria selectiva, pero en Almería hay dos cicatrices que nunca terminan de cerrar. La primera, la del 15 de junio de 1997, cuando el Almería Club de Fútbol se jugaba una permanencia cantada ante un Juan Rojas que hervía con 15.000 gargantas. Aquello no era un partido, era un destino escrito con tinta rojiblanca… hasta que el Ourense lo borró a base de goles y desconcierto (2-3). Quince días preparando una final para ver cómo se escapaba entre las manos en una tarde extraña, de esas que con los años se bautizan con nombre propio: la ‘Pirula’. Un golpe seco al proyecto de Guillermo Blanes, que acabó en descenso y dejó al club sin el premio que ya se saboreaba. No faltó la gente, no faltó el ambiente… faltó el equipo.
Casi tres décadas después, la historia se repite con otros nombres, otro estadio y otra categoría, pero con el mismo desenlace. Este ‘Malagazo’ moderno supera incluso aquel drama por volumen y contexto: cerca de 18.000 rojiblancos empujando y un ascenso que parecía cuestión de tiempo. El Almería actual, consolidado en el fútbol profesional y con tres ascensos recientes a Primera, no había vivido algo igual desde su refundación. Pero volvió a ocurrir. Cuando más se necesitaba, el equipo no estuvo. Ni en 1997 ni ahora falló la grada; fallaron los futbolistas. Ese es el hilo invisible que une ambas decepciones históricas de un mismo club que, pese al cambio de siglas, sigue escribiendo su historia con la misma tinta… y, a veces, con las mismas sombras.

Paniagua desolado y de rodillas tras la debacle ante el Ourense.
La Pirula que rompió la permanencia cantada
El 15 de junio de 1997 se quedó tatuado en la memoria rojiblanca como el día en el que todo saltó por los aires. El Juan Rojas era una olla a presión con 15.000 almas convencidas de que la Segunda no se escapaba. Había tiempo, ambiente y superioridad en la previa, pero el Ourense dinamitó la lógica con un 2-3 que dejó frío al estadio. Fue un partido raro, incómodo, de esos que no se explican ni con el paso de los años. Aquel Almería de Guillermo Blanes no supo cerrar su obra y acabó cayendo al pozo de la Segunda B. La ‘Pirula’ no fue solo una derrota: fue una fractura emocional que marcó a toda una generación. Una plantilla para subir a Primera daba con sus huesos en 2ª B.

La Voz de Almería reflejaba la debacle rojiblanca ante su afición.
El ‘Malagazo’ que multiplica el dolor
El golpe reciente tiene otro envoltorio, pero un eco demasiado reconocible. El Mediterráneo reunió a cerca de 18.000 fieles que acudieron a empujar un ascenso que parecía maduro, listo para ser recogido. Pero el fútbol volvió a girarse contra el Almería en el momento más cruel. Por contexto, por inversión económica y por el recorrido del equipo en el fútbol profesional, este ‘Malagazo’ amplifica el drama. La actual UD Almería, acostumbrada a competir en LaLiga y a subir tres veces a Primera, no tenía una mancha así en su historial reciente. Hasta ahora. Otra vez, cuando todo estaba en la mano, se escapó.

No pueden tener queja alguna los futbolistas de su gran afición.
El pecado capital: no estar a la altura
Entre 1997 y hoy cambian los nombres, los estadios y las categorías, pero no el desenlace. En ambas tardes la afición cumplió con matrícula de honor y el equipo suspendió el examen clave. Ese es el denominador común que une la ‘Pirula’ y el ‘Malagazo’: fallar cuando no hay margen para el error. No es cuestión de mala suerte ni de detalles, sino de rendimiento en el momento decisivo. El Almería, como escudo y sentimiento, sigue siendo el mismo pese a las siglas. Y su historia también se escribe así, con páginas brillantes… y con dos capítulos negros que recuerdan que en el fútbol, lo más difícil, siempre es rematar la faena.