Despistes y pérdidas de memoria: ¿quedarse tranquilo o esperar a que sea demasiado tarde?
Clínica CIMA cuenta con un neurólogo especializado en deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas para ofrecer un diagnóstico precoz

Dr. José E. Arriola Infante, neurólogo especialista en deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas en Clínica CIMA.
Notar que "la cabeza ya no funciona como antes", o que esos despistes que antes eran ocasionales ahora son mucho más frecuentes, es algo que muchas familias viven con inquietud.
Sin embargo, según explica el Dr. José E. Arriola Infante, neurólogo especializado en deterioro cognitivo y enfermedades neurodegenerativas en Clínica CIMA en Almerimar, esperar puede tener un coste muy alto, especialmente ahora que el panorama de tratamientos está cambiando.
¿Qué es exactamente el deterioro cognitivo?
Es importante entenderlo bien porque genera mucha confusión. Cuando alguien presenta problemas cognitivos —de memoria, atención, lenguaje u orientación— y estos se objetivan mediante una valoración especializada, hablamos de deterioro cognitivo. Si estos problemas no afectan todavía a la vida diaria de la persona, hablamos de deterioro cognitivo leve; si ya interfieren en su autonomía, hablamos de demencia.
Pero hay algo fundamental que mucha gente no sabe: el deterioro cognitivo no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma, igual que lo son la diarrea, el dolor de pecho o la fiebre.
Y como todo síntoma, puede tener causas muy diversas: un déficit vitamínico, una alteración hormonal, un problema de sueño, una depresión, un efecto secundario de ciertos medicamentos, un infarto cerebral o una enfermedad neurodegenerativa, entre otras.
Muchas de estas causas son perfectamente prevenibles o tratables, pero solo si se identifican a tiempo mediante una evaluación especializada precoz.
¿Qué señales deberían hacernos consultar?
Los signos de alarma más frecuentes son: olvidos frecuentes de conversaciones recientes, o estar más repetitivo; dificultad para concentrarse u organizar tareas cotidianas; lentitud al pensar o al encontrar las palabras adecuadas; cambios de ánimo o de comportamiento sin causa clara; desorientación en lugares o situaciones habituales
Habla del estigma que rodea a enfermedades como el Alzheimer. ¿En qué se traduce esto en la práctica?
En un problema muy real. La enfermedad de Alzheimer, que dentro de las enfermedades neurodegenerativas es, con mucha diferencia, la más frecuente, arrastra un estigma social de muchos años, y esto ha hecho que muchos pacientes y familias no consulten por vergüenza, o porque asumen erróneamente que esos despistes u otros síntomas son simplemente 'cosas de la edad'.
Pero además, ese estigma también ha influido en los propios sistemas sanitarios: hasta la fecha se han dedicado pocos recursos al diagnóstico precoz de esta enfermedad, en parte por la concepción de que no existían tratamientos capaces de modificarla y que, por tanto, no había nada que hacer.
Esto está cambiando, y es necesario que cambie también la forma en que la sociedad y los propios profesionales abordamos la enfermedad.
¿Por qué es tan importante este cambio precisamente ahora?
Porque han llegado los primeros tratamientos modificadores de la enfermedad de Alzheimer, capaces de enlentecer la progresión del deterioro cognitivo. Ya están autorizados en Europa y en España, y aunque todavía no cuentan con financiación pública, su sola existencia obliga a un cambio radical de mentalidad.
Estos tratamientos solo pueden ofrecerse a pacientes en fases iniciales de la enfermedad, por lo que el diagnóstico precoz ya no es solo deseable: es imprescindible. Cualquier persona preocupada por su memoria debería consultar antes de llegar a la fase de demencia, antes de que sea demasiado tarde para poder beneficiarse de estas opciones.
¿Qué papel juega la familia a la hora de detectar estos síntomas?
Un papel esencial. Al principio, señalar estos síntomas puede generar incluso enfado o irritabilidad en el paciente, precisamente porque no es consciente de ellos. Muchos pacientes en fases iniciales no perciben sus propios fallos cognitivos, es lo que llamamos anosognosia.
Por eso es tan importante consultar cuando es un familiar o alguien cercano quien nota un cambio cognitivo evidente en la persona, aunque ella misma no lo perciba o le reste importancia. Esa observación externa muchas veces es la que permite llegar a un diagnóstico a tiempo.
Hoy, más que nunca, un diagnóstico precoz puede cambiar por completo el pronóstico. En Clínica CIMA ofrecemos una valoración especializada, rigurosa y cercana, acompañando a pacientes y familias en cada paso del proceso.”
Para más información puedes visitar sus instalaciones en C. Galeón, 39, en Almerimar, llamar al teléfono 950 656 471 o entrar en su web www.clinicacima.es