"Me voy con muchos amigos": el adiós de Ramón Dueñas tras 39 años cuidando a los almerienses
El director de la UGC Alcazaba recibe el homenaje de sus compañeros tras toda una vida en la sanidad almeriense

Fotografía de familia del homenaje a Ramón Dueñas, arriba en el centro, con polo verde, el pasado lunes, por parte de sus compañeros.
Después de casi cuatro décadas cuidando a los almerienses y más de 25 años al frente de la Unidad de Gestión Clínica Alcazaba, el doctor Ramón Dueñas, toda una institución y un referente de la medicina almeriense, ha recibido este lunes el homenaje de sus compañeros por su jubilación, en uno de esos momentos que ningún profesional olvida.
"La verdad es que sí, me emocioné", reconoce. No era para menos. Frente a él estaban quienes habían compartido consultas, guardias, problemas y alegrías durante buena parte de una vida profesional que ha dejado una profunda huella en la sanidad almeriense.
A sus 66 años, Ramón Dueñas ha cerrado definitivamente una etapa. Se jubiló parcialmente en diciembre, dejó la dirección de la UGC Alcazaba en abril de 2025 y ahora afronta una nueva fase en su vida mucho más familiar: disfrutar de sus ocho nietos junto a su mujer, María Encarnación. "Ya con la octava nieta en camino, voy a dedicarme a la familia", afirma con una sonrisa.
Nacido en Quesada (Jaén), aunque almeriense de adopción desde los dos años, estudió Medicina en la Universidad de Granada y comenzó una trayectoria que le llevaría a recorrer prácticamente toda la provincia. Fue médico de Huércal de Almería entre 1988 y 1991, cuando la Atención Primaria poco tenía que ver con la actual y aún se trataba educadamente de “don” a los médicos, especialmente en los pueblos. Él, como recuerda, siempre ha sido don Ramón, desde Adra a El Puche, y asegura que en todos sus destinos se ha ganado el cariño y el respeto de sus pacientes.
Inicios en Huércal de Almería
"Una semana de cada tres estaba localizado las 24 horas del día", recuerda de sus inicios en Huércal de Almería. Entonces atendía simultáneamente a Huércal, Viator y Pechina, en una época en la que tampoco existían pediatras y el médico de familia asumía prácticamente toda la asistencia sanitaria.
Después llegaron El Puche, Cruz de Caravaca, simultaneando con guardias en Adra, La Cañada, Níjar, Carboneras y, finalmente, la dirección de la UGC Alcazaba, que engloba los centros de salud de Nicolás Salmerón y Casa del Mar. Desde 2002 lideró un equipo que da cobertura a buena parte del casco histórico y a los barrios de Pescadería y La Chanca.
Pero si algo destaca al repasar su carrera no son los cargos ni las responsabilidades, sino la relación construida con pacientes y compañeros.
"Siempre he intentado transmitir que lo más importante son los pacientes, los usuarios, que son nuestra razón de ser", explica. Una filosofía que resume en otra frase que ha repetido durante años: "Siempre he tratado a los pacientes y a los compañeros como me hubiera gustado que me trataran a mí".
Esa forma de entender la medicina le llevó a convertirse en una figura especialmente querida en algunos de los barrios más complejos de la ciudad, hasta el punto de que guarda un recuerdo imborrable de su etapa en El Puche.
"Me fui de El Puche llorando"
"Yo de allí me fui llorando", confiesa. Décadas después, todavía hay vecinos que lo reconocen por la calle, en mercadillos o en cualquier rincón de Almería. "Cogí mucho cariño a la población y ellos a mí", recuerda, a pesar de que por aquel tiempo el barrio estaba dominado por clanes gitanos que con frecuencia terminaban sus disputas a cuchilladas o a tiros. También conserva escenas difíciles, como las de jóvenes que se veían obligadas a prostituirse para sobrevivir porque sus padres eran adictos a las drogas. De aquellos años cuenta que en una ocasión accedieron al techo del centro de salud y encontraron en él la puerta de un coche con un buen número de agujeros de bala.
El doctor también se ha enfrentado a situaciones complicadas, como la atención a una parturienta en Carboneras, o la atención y estabilización a una niña que cayó en una claraboya sobre una bañera, y sufrió una fractura frontal y occipital. Reconoce que llegó a recibir amenazas por negarse a recetar medicamentos de forma irregular. Sin embargo, nunca cedió. "Yo hice medicina por una cosa y no voy a cambiar nunca", afirma. "A los pacientes los trataba como si fueran de mi familia".
Durante estos 39 años ha sido además vocal de Atención Primaria en la Junta Facultativa del Hospital Torrecárdenas y formó parte del tribunal de oposiciones del Servicio Andaluz de Salud en 2007, una responsabilidad poco habitual para un médico almeriense.
Los mejores médicos de Europa
Cuando se le pregunta por la evolución de la sanidad, responde con optimismo. Cree que la Atención Primaria actual dispone de mejores profesionales, más recursos y herramientas impensables hace décadas, hasta el punto de que, a su entender, "España tiene hoy los mejores médicos de Europa”. De la “excepcional” formación de los nuevos profesionales puede hablar también con conocimiento directo, puesto que dos de sus tres hijos son médicos y trabajan en Málaga y Almería. Aunque reconoce que quedan muchas cosas por mejorar, está convencido de que el sistema avanza en la dirección correcta.
Hay, sin embargo, una reflexión que resume mejor que ninguna otra su manera de entender la profesión: "La carrera me dio una vocación; nunca me importó el tiempo que tuviera que dedicar a los pacientes".
Quizá por eso el homenaje que recibió el lunes estuvo cargado de emoción. Tras casi cuarenta años de consultas, guardias interminables, decisiones difíciles y miles de pacientes atendidos, Ramón Dueñas se marcha con la sensación del deber cumplido.
Y cuando mira atrás no habla de cargos, ni de reconocimientos, ni de méritos profesionales. Habla de personas. "Lo que dejo es muchos amigos y el cariño de los pacientes", concluye.