La Voz de Almeria

Salud

Luz de gas, el maltrato más sutil: "No hay un perfil de víctima concreto, cualquiera puede caer"

La psicóloga almeriense Rocío Campos explica en qué consiste y cómo detectarlo

Ángela', la miniserie de Netflix que trata en profundidad el fenómeno conocido como

Ángela', la miniserie de Netflix que trata en profundidad el fenómeno conocido como "luz de gas".Netflix

Elena Ortuño
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Cuando Ángela abre los ojos, sus hijas han desaparecido. La angustia la atrapa mientras recorre cada rincón de su casa en busca de respuestas. Desesperada, llama a su marido, Gonzalo, padre de las niñas, y él responde con una calma perturbadora: "Te lo dije ayer. Me las he llevado a pasear en barco". La mujer insiste en que nunca recibió aviso alguno, pero él, firme y seguro, repite la versión hasta que ella comienza a dudar de su propia mente, cuestionando incluso lo que sabe con certeza.

Esta escena, tan cotidiana como inquietante, forma parte de la miniserie Ángela, un éxito internacional en Netflix, que expone con crudeza lo que muchas veces pasa desapercibido más allá de la gran pantalla: un maltrato psicológico silencioso, sutil y devastador conocido como luz de gas.

La luz de gas se da principalmente en relaciones de pareja, pero también en familia, amistades o trabajo.

La luz de gas se da principalmente en relaciones de pareja, pero también en familia, amistades o trabajo.Creado con IA

La luz de gas -gaslighting en inglés- es una forma de manipulación psicológica que hace dudar a la víctima de su propio juicio y de la valoración de su realidad. Es sutil, difícil de detectar y profundamente devastadora para la persona que la sufre; un maltrato invisible en el que los límites entre la realidad y la ficción se difuminan hasta ser casi imperceptibles.

Además de ser la serie del momento, se trata de la recomendación que la almeriense Rocío Campos, de la clínica Femmes Psicología, ofrece a sus pacientes "para poder hilar y comprender en profundidad los asuntos que se suelen abordar en terapia".

Lo que esconde el maltrato

¿Por qué lo hace? Esta es una de las preguntas que más a menudo surgen ante el comportamiento del maltratador. Campos lo explica como una dinámica de jerarquía: "La luz de gas siempre implica una relación de poder". La falta de empatía, la baja autoestima y el perfil de narcisista son algunos de los rasgos que caracterizan a las personas que ejercen este tipo de maltrato: "Para compensar sus vacíos, buscan la grandeza. Los compensan invalidando a los demás", detalla la almeriense.

En la serie, Ángela es una mujer inteligente, graduada en arquitectura y con una vida aparentemente perfecta: un nivel adquisitivo alto, un marido y dos hijas y gran éxito laboral. No es el perfil de mujer que uno se imagina cuando piensa en una víctima de gaslighting. 

"No hay un perfil de víctima: cualquiera puede caer en la luz de gas"La psicóloga Rocío Campos

No es casualidad, sino pura pedagogía: no existe un perfil de víctima concreto. Desde camareras o limpiadoras de hoteles hasta cirujanas o abogadas, nada tiene que ver con el nivel sociocultural, laboral o económico de la persona. "Cualquiera puede caer en la luz de gas. Empieza poquito a poquito, casi imperceptible, y se va forjando con el tiempo", afirma la psicóloga.

Cuando llegan las dudas

Imagínenlo por un momento: una pareja almerienses discute. Ella jura haber visto en la pantalla del móvil de él un mensaje de su ex. Él lo niega con absoluta seguridad, como si lo que ella afirma jamás hubiera sucedido. Ella insiste, convencida de lo que vio... pero cuanto más rotundo es él en la negativa, más empieza ella a cuestionarse. 

¿Se habrá equivocado? ¿Sería otro nombre? ¿Le habrán jugado sus ojos una mala pasada? La escena, aparentemente banal, encierra el germen de la mencionada luz de gas, una de las formas de maltrato psicológico más sutiles y perversas.

Quién siendo mujer no ha tenido una experiencia personal de acoso y agresión a lo largo de su vida.

Quién siendo mujer no ha tenido una experiencia personal de acoso y agresión a lo largo de su vida.

Con algo tan sencillo puede empezar este fenómeno: desde negar un mensaje de WhatsApp hasta llegar hasta extremos verdaderamente preocupantes, como el que la víctima acabe considerando que está perdiendo la cabeza. "La duda inicial se convierte en un cuestionamiento constante de la realidad y cuanto más duda la víctima de sí misma, más poder gana el manipulador, generando así una relación de codependencia muy fuerte", advierte.

Parejas, amigos, compañeros de trabajo y familiares

Siempre ligada a contextos de poder, la luz de gas no solo se da en parejas y relaciones sentimentales. Puede encontrarse también en vínculos familiares, amistades o, muy comúnmente, en el trabajo: "No todas las relaciones de poder implican luz de gas, pero la luz de gas siempre nace de una relación de poder".

"No todas las relaciones de poder implican luz de gas, pero la luz de gas siempre nace de una relación de poder"Rocío Campos

Si bien puede parecer una forma menor de maltrato, las consecuencias pueden llegar a ser notablemente destructivas. Encapsulamiento mental, deterioro brutal de la autoestima... una manipulación que la víctima asume como propia hasta cuando el gaslighter ya no está. "Llega un punto en el que ya no necesitamos al manipulador: nuestra propia mente ha aprendido a manipularnos. La luz de gas es un viaje de ida hacia la pérdida de nosotras mismas".

La puerta hacia la libertad

Salir de la luz de gas no es un camino ni rápido ni sencillo, pero sí posible. La psicoterapia se convierte entonces en brújula: un espacio donde entrenar habilidades comunicativas y sociales, aprender a detectar los estilos de comunicación del otro, y sobre todo, a priorizarse. El proceso es arduo, pero tiene un objetivo claro: reconstruir la autoestima y recuperar la voz propia.

Como resume Campos -especialista al frente de Femmes, un centro de atención psicológica con perspectiva de género-, "el trabajo terapéutico es un viaje de vuelta hacia nosotras mismas". Un viaje necesario para reconciliarnos con lo que sentimos, devolverle su valor y reapropiarnos de la realidad que un día intentaron arrebatarnos.

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