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Cuatro médicos y una diseñadora: la familia cubana que migra hasta con su perrita

Tres países, varias vidas profesionales y una certeza: cuando uno se marcha, los demás hacen la maleta

Familia Marrero Escalona.

Familia Marrero Escalona.La Voz

Melanie Lupiáñez
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Nacieron en Cuba a principios de los sesenta cuando la isla formaba a grandes profesionales de la medicina. Su historia empezó a escribirse cuando se conocieron, él tenía 13 y ella 12 años. Estudiaron juntos medicina y dedicaron más de 20 años de carrera a La Habana. Esperaron a más de sus 40 para tener un coche. Migraron hasta Ecuador porque con 20 dólares al mes no podían mantenerse. Allí tuvieron que empezar de cero, sin nombre a pesar de un laureado curriculum. Hasta que la escalada de violencia e inseguridad los trajo a Almería hace tres años. Esta es la historia de los Marrero Escalona una familia de cuatro médicos y una diseñadora que viaja hasta con su perrita.

El padre, Tony, tiene 62 años y continúa trabajando como médico a domicilio por el Levante almeriense. Hace guardias de 24 horas durante quince días al mes. El día de la entrevista ya había atendido a ocho pacientes y seguía disponible, es autónomo. “Seguiré trabajando hasta que pueda. No se necesita tanto para vivir”, dice. En su caso, la medicina también forma parte de la herencia familiar. Su padre era médico, su abuelo también y dos de los hermanos de este siguieron la misma profesión. Tony fue ginecólogo durante 23 años en el Hospital Materno Infantil Eusebio Hernández, en La Habana.

La madre, Elisabeth, pasa consulta en una clínica almeriense. No ha podido homologar su especialidad como oftalmóloga. Es de esas brillantes personas que ha estudiado una capacitación en Harvard. Trabajó durante 23 años en el Instituto de Oftalmología de Cuba y durante ocho años en Ecuador llegando a labrarse una reputada carrera.

Aquella generación de médicos se formó en un país que convirtió la sanidad en uno de los pilares de su proyecto político. La medicina cubana desarrolló una fuerte orientación hacia la atención primaria y la prevención y, al mismo tiempo, comenzó a enviar profesionales a otros países. Las misiones médicas internacionales se convirtieron en una de las señas de identidad del sistema.

Esperaron hasta los 40 para comprar su primer coche

En 2008 se marcharon a Angola. Permanecieron allí tres años como especialistas. La promesa política era simple: cuando volvieran a Cuba les darían un permiso para comprar un coche de segunda mano, que ellos alquilarían al turismo para sacar un sobresueldo y sobrevivir. Al trabajo seguían yendo en bici. Pero el coche demoró un año y medio, fue otra señal que los empujaba a dejar el país. Además de que sus hijas Sissy y Teresita no querían vivir en esas condiciones.

En 2014 apareció Ecuador. Al principio Tony y Elisabeth vivieron en una habitación alquilada por una conocida. Después de unos meses consiguieron trabajo, fue muy duro porque casi no creían en la excelencia del currículum de ella. Por entonces la hija mayor, estudiaba genética, pero tuvo que salir del país antes de acabar la carrera. “En Cuba los médicos tienen que pedir un permiso para salir y si salen sin este quedan como desertores y no pueden volver nunca más”, dice Sissy.

Abandonar el país había estado sometido durante años a restricciones específicas; las normas migratorias fueron modificándose progresivamente y en 2013 se eliminó el requisito general de obtener una autorización de salida, aunque no para todas las profesiones. “Debe ser que Raúl estaba borracho”, dice Tony. En su nueva patria naceron los dos nietos y Teresita descubrió su vocación como diseñadora de joyas.

Volver a empezar de cero dos veces

Pero la inseguridad volvió a cambiar sus planes. La violencia empezó a condicionar la vida cotidiana. Salir por la noche dejó de ser algo normal. La familia volvió a enfrentarse a una decisión que ya conocía: hacer las maletas. Para entonces Elisabeth volvía a destacar en su profesión y aunque fue duro, no dudó en partir con los suyos.

En 2022 llegaron a Madrid y después Almería. Sissy tuvo que afrontar un largo proceso de homologación y llegó a realizar tres exámenes de Medicina en la Universidad Complutense de Madrid. Los aprobó. Después llegó el MIR y consiguió una plaza de Radiodiagnóstico en Almería. Hoy hace su segundo año de residente.

Ahora son siete personas de la familia bajo el mismo paraguas emocional: padres, hijas, parejas y nietos. Viven a lo cubano, siempre en familia, en su bonito duplex en el Barrio Alto del que son orgullosamente propietarios. Pero todavía queda otra frontera por resolver: los años trabajados en Cuba no computarán para su futura pensión española, según explican, mientras que los de Ecuador sí podrán tenerse en cuenta gracias al convenio entre ambos países.

Quizá por eso esta no sea solamente la historia de una familia que emigró de Cuba a España. Es la historia de una familia que ha aprendido que empezar de cero resulta menos difícil cuando nadie empieza solo.

Y hasta la perra lo sabe.

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