La Voz de Almeria

Entrevistas

Miguel y Diego, dos hombres almerienses que formaron familia antes que la ley

Criaron a tres hijos frente a la discriminación y el rechazo, visibilizando la homosexualidad

Los Reche Maldonado de izquierda a derecha: Pedro, Miguel, Pablo, Diego y Diego.

Los Reche Maldonado de izquierda a derecha: Pedro, Miguel, Pablo, Diego y Diego.La Voz

Melanie Lupiáñez
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Una pareja de hombres, los Reche Maldonado, que comenzó a formar su familia cuando todavía había que sortear obstáculos legales y sociales. Adoptaron a tres hijos -dos de ellos en Ucrania-, fueron pioneros en un tiempo en el que apenas había referentes de familias homoparentales y, aunque hoy están separados, siguen compartiendo algo más importante que una casa: tres hijos y una familia que nunca dejó de serlo.

Cuando decidieron ser padres, en 2004, España todavía no había aprobado el matrimonio entre personas del mismo sexo. La adopción para una pareja homosexual era entonces un camino lleno de obstáculos, de funcionarios que no siempre sabían cómo encajar una realidad que empezaba a abrirse paso y de procesos internacionales interminables.

Ellos decidieron intentarlo. Primero llegó Diego, después Pedro y finalmente Pablo, el pequeño. Tres hermanos que hoy son adultos y que crecieron con la naturalidad de quien nunca entendió que tener dos padres pudiera ser extraordinario.

La historia de esta familia habla de adopción, pero también de miedo, discriminación, humor, paciencia y, sobre todo, de una forma de entender la paternidad y la vida, con humor, paciencia y mucho amor.

¿Cuándo empezó todo?

En 2004. Queríamos ser padres por encima de todo. Los dos mayores llegaron cuando todavía éramos una familia monoparental a efectos legales, porque no estábamos casados y en los países del Este todavía no se reconocía la adopción por parejas homosexuales, ni en España.

¿Eso significaba que solo uno de vosotros era el padre legalmente?

Sí. En la adopción internacional había países en los que tenía que aparecer el nombre de una madre. No tenía que ser una madre como tal, pero en la documentación tenía que figurar una mujer. A mí me preguntaban incluso si pensaba casarme en el futuro.

Miguel tú te encargaste de aquellos viajes a por tus hijos.

Sí yo traía a los niños y Diego se quedaba aquí esperando. La situación era complicada porque tenía que pasar unos meses hasta que me los dieran, con Pablo fueron dos meses, pagando abogados, intérpretes… se pasa mal.

Y, aun así, seguisteis adelante. ¿Tenías miedo?

Yo tenía mucho miedo. Queríamos ser padres, pero me preocupaba que nuestros hijos pudieran sufrir por vivir en una sociedad que todavía no estaba preparada para ellos. Ese era mi principal miedo: traer un niño al mundo para que tuviera que enfrentarse a algo que no había elegido.

¿Cómo se prepara a un niño para enfrentarse al rechazo?

Haciéndole vivir la realidad que le ha tocado. No ocultándola. Nosotros siempre hemos hablado con ellos de todo. Desde pequeños han sabido quiénes somos, que son adoptados, de dónde vienen… Nunca ha habido tabúes.

¿Cómo se lo tomaron en vuestro entorno?

Mi madre me dijo piénsatelo bien que un hijo es para toda la vida (dice Diego). Pero siempre hemos sido coherentes. Llevé a Diego en el carrito a que conociera al director del colegio donde yo trabajaba, era un tipo muy tradicional. Y durante la Navidad siempre nos hemos turnado entre las dos familias.

¿El humor también ayuda?

Muchísimo. En casa hemos normalizado muchas cosas con humor. Cuando alguien hacía un comentario sobre que tenían dos padres, aprendimos a reírnos (dice Diego el hijo mayor). Al principio puede afectarte, pero luego entiendes que muchas veces lo que hay detrás es ignorancia. Pablo el más pequeño de la casa, 17 años, dice que no supo que era adoptado hasta que tenía seis años y todos rompen a reír.

¿Qué es lo que más sorprende?

Hay quien todavía nos pregunta si alguno ha salido gay, como si la homosexualidad se contagiara. Si uno de nuestros hijos hubiera sido gay, habría habido quien lo habría utilizado para atacarnos. Pero nosotros siempre hemos querido que ellos fueran libres.

¿Cuál ha sido vuestra mayor satisfacción como padres?

Abrir los ojos por la mañana y saber que tengo tres hijos sanos, educados, responsables y que pueden valerse por sí mismos. Esa es mi mayor satisfacción.

Os separasteis, pero la familia siguió intacta. ¿Cómo se consigue?

Poniendo el amor de los hijos por delante. Cuando el bienestar de tus hijos está por encima de todo, las diferencias con la otra persona pasan a un segundo plano. Nosotros hemos mantenido una relación muy buena.

¿Quién vive actualmente con los tres chicos?

Miguel. Aunque los tres aparecen por casa continuamente. Vienen a comer, a cenar, sin avisar. El núcleo de la casa está con él, pero seguimos siendo una familia.

¿Qué les diríais a quienes están pensando en adoptar?

Que se lo piensen muy bien y que luchen. Adoptar es una decisión muy importante. Y, especialmente para una pareja homosexual, hay que tener muy clara la propia situación. No puedes pretender vivir ocultando quién eres. Si tus hijos tienen dos padres homosexuales, tienen que poder decirlo. Lo que no es visible no existe.

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