La Voz de Almeria

Entrevistas

Sus imágenes son puros carteles de toros

La otra cara del fotógrafo almeriense Baltasar Gálvez

Baltasar Gálvez en el callejón de una plaza de toros.

Baltasar Gálvez en el callejón de una plaza de toros.La Voz

José Ángel Pérez
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Baltasar Gálvez del Águila nació el 3 de abril de 1966 en la calle Cucarro, cerca del barrio de la Plaza de Toros de Almería, aunque a los dos años la familia se trasladó a la Colonia de Belén, otro rincón donde se percibía nítidamente la magia que encierra el coso de la avenida de Vilches. Allí creció entre sus calles donde el eco de los clarines y el olor a albero del coso formaban parte del paisaje cotidiano. Su infancia transcurrió a la sombra de la plaza. Estudió primero en el colegio Virgen del Mar, hasta cuarto de EGB y después en el colegio Los Millares. Más tarde optó por la FP1 de Automoción en la Escuela de Maestría y a los diecisiete años tomó una decisión que cambiaría su rumbo, no le gustaba seguir estudiando y quería trabajar comenzando en una tapicería de automóviles. Llegó la mili y le tocó Palma de Mallorca. A su regreso volvió a la tapicería y montó su propio negocio que mantuvo abierto durante doce años. En 2001obtuvo una plaza en el servicio de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Almería, un trabajo que viene desempeñando hasta hoy. De niño jugaba al futbol como tantos chavales, pero no le atraía demasiado. Una lesión truncó su etapa como jugador, pero le abrió la puerta al arbitraje. Llegó a pitar en Primera División Nacional de baloncesto en silla de ruedas, convirtiéndose en el árbitro más joven en pitar partidos en esa categoría. 

Pero en su mente había otro reto. Adentrarse en el mundo de los toros.

Era una afición heredada de mi padre, gran aficionado y trabajador de la plaza en el servicio de carpintería.

Pero usted buscaba acercase al mundo de la tauromaquia desde abajo.

Empecé como mozo de espadas del novillero Paquito Muñoz de la Escuela Taurina de Almería y luego con los años trabajé junto a toreros como Jesús de Almería, Curro Vivas, Ruiz Manuel, Pascual Gómez Jaén “Calatreño”, Emilio Muñoz, Pedrito de Portugal, Julián Guerra, Cayetano de Julia y con el desaparecido Sebastián Palomo Linares, por cierto, en la última tarde que en Almeria el maestro se vistió de luces.

Se casa, forma una familia, se convierte en padre y las prioridades van cambiando.

-Dejé de ser mozo y ayuda de espadas, pero no quería alejarme del mundo del toro. Mi ilusión era estar en el callejón con una cámara, contar la lidia desde el silencio del objetivo. Era una aspiración que parecía difícil de alcanzar, pero un miembro del equipo gubernativo de la plaza Jesús de Haro me facilitó un pase de callejón en el burladero de la policía de la plaza de toros de Almería.

Y ya con ese primer sueño alcanzado empieza su camino como fotógrafo taurino.

Fue una nueva etapa, llena de aprendizaje, esfuerzo y también de dificultades, como suele ocurrir cuando alguien intenta abrirse camino en un ámbito exigente. Empecé con una modesta cámara compacta Revert y después de la mano de Fernando Cano me llegó la primera réflex, una Minolta OM1.y luego por una desagradable circunstancia tuve que cambiar a Nikon y aquí sigo fiel desde entonces.

Para su profesión como fotógrafo taurino, una especialidad poco frecuente por la dificultad que entraña captar este tipo de imágenes en movimiento ¿Qué le ha aportado conocer el toreo desde dentro?

Bastante. Me ha ayudado a construir una trayectoria sólida dentro de la fotografía taurina. Vivir en el callejón de cerca y captar toda la magia del toreo, para mi es algo fundamental. Apreciar el sudor, la tensión de los trastos y el silencio que precede a la embestida es una experiencia que permite mirar la lidia con una mezcla de respeto, oficio y de verdad que no se aprende en los manuales.

¿Y qué tiempo lleva usted involucrado en este oficio?

Pues cerca de dos décadas, recorriendo cámara en mano las principales plazas y ferias, especialmente en Andalucía, con una presencia constante en Almería sin dejar de acudir a los cosos de primera categoría que marcan el pulso de cada temporada. En la actualidad, soy corresponsal fotográfico en Andalucía oriental para el diario digital “Burladero TV” y en prensa, cubriendo toda la información taurina que voy generando.

¿Qué busca con su fotografía en este complejo mundo del toro?

No busco el efectismo inmediato, sino la verdad del instante. Es decir aquello que sucede en el encuentro irrepetible entre el toro y el torero. El reconocimiento, sin prisas, ha venido llegando con los años.

Junto a la puerta de caballos.

Junto a la puerta de caballos.La Voz

En el esportón de su perfil biográfico podemos apreciar una destacada nómina de premios.

En 2014 obtuve el segundo premio en el Concurso Internacional de Fotografía Taurina de Hoteles Vincci. Después llegarían tres primeros premios consecutivos en el Concurso Nacional de Fotografía Taurina en 2015, 2016 y 2017. A ellos se suman numerosos galardones concedidos por peñas y asociaciones taurinas de toda España, así como distinciones como la Asociación Amigos de Palha, el Foro Cultural y Taurino de Vera o la A.T.A y Amigos Taurinos de Almería.

Y además de estos galardones. ¿Dónde ha podido ver el público sus fotografías?

Mis fotografías han estado expuestas en espacios de relevancia cultural como el Patio de Luces de la Diputación de Almería, la Sala Bienvenida de la plaza de toros de Las Ventas en Madrid, además de Vera, Úbeda Roquetas de Mar y Granada, con la oportunidad de haber participado en diversas exposiciones colectivas.

Si tuviera que destacar de que exposición está más satisfecho. ¿Cuál sería?

Madrid fue para mí, la materialización de un sueño. He sido el primer almeriense en exponer en la Sala Bienvenida de la plaza de Las Ventas durante la Semana Grande. Fueron dieciséis días que me han dejado marcados recuerdos inolvidables.

¿Cuál es el secreto de su trayectoria, aparte de la calidad evidenciada en sus fotografías?

Lo resumo con satisfacción. Destaco el papel de mi esposa e hija, mis dos «Cármenes» a las que considero como el ancla y el motor de mi vida, los dos pilares fundamentales.

¿Y el secreto de la magia de su fotografía?

En mis fotografías están el triunfo y la derrota, el miedo y el valor, el instante en que el hombre se queda solo frente al animal y al destino, porque la fotografía taurina cuando es honesta, no se limita a documentar lo que ocurre en el ruedo. Intenta, más bien, atrapar algo más difícil, la verdad profunda del toreo. Y esa verdad-como el propio toreo-solo se deja ver durante un segundo. Luego desaparece y hay que saber estar allí para poder capturarla.

¿Hay alguna foto de la que se sienta especialmente orgulloso?

Hay bastantes, pero guardo un especial cariño a una de los tres monstruos del toreo como son Jose Tomas, Jose Antonio Morante de la Puebla y Jose María Manzanares.

¿Ha sido Canito el mejor fotógrafo taurino del siglo XX?

Hablamos de un gran artista. Fue el autor de la famosa fotografía de Manuel Rodríguez “Manolete”. Personalmente lo que más me gusta de este enorme artista yo diría que son los retratos.

Baltasar en una de sus exposiciones.

Baltasar en una de sus exposiciones.La Voz

¿En qué plaza se ha sentido más cómodo trabajando?

La plaza de Granada tiene una luz un tanto especial y en Madrid donde el albero siempre da un plus de calidad a la fotografía.

¿Los fotógrafos taurinos tienen también tarde buenas y malas como los torreros?

Igual que todo el mundo. El ganado es un factor muy importante. He tenido tardes extraordinarias y otras decepcionantes. Incluso algunas con apenas un par de fotos buenas y a veces hasta ninguna.

El arte de la fotografía taurina tiene en el almeriense Baltasar Gálvez a uno de los grandes referentes en Andalucía con una brillante trayectoria que le ha llevado a recorrer casi todas las plazas de nuestra comunidad andaluza. Comenzó en una época en la que había pocos fotógrafos especializados en ese ámbito. Desde entonces ha captado con su cámara a grandes figuras del toreo mostrando detalles y momentos que muchas veces se escapan a los ojos del aficionado. Almería tierra de grandes fotógrafos.

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