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Rocío Expósito: “Asombrarse es detener la vida para que no pase de largo”

La belleza de lo cotidiano y la escritura como formas de habitar el mundo

Rocío Expósito.

Rocío Expósito.La Voz

Melanie Lupiáñez
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La poeta Rocío Expósito ha irrumpido en el panorama literario con Asombro, un libro que invita a mirar el mundo desde lo cotidiano, con una sensibilidad que transforma lo mínimo en revelación. Su escritura, profundamente depurada, nace de una necesidad vital: encontrar sentido en lo aparentemente insignificante. Entre el paisaje de Cabo de Gata, los viajes y una mirada siempre alerta, Expósito se dejó caer por la lirería Faro de Recóndito para presentar su poemario.

Tu libro Asombro tiene una aparente sencillez que, sin embargo, esconde una gran profundidad. ¿Cómo consigues ese equilibrio?

Creo que hay mucho trabajo detrás. Yo no escribo un poema y ya está; voy tomando notas, recogiendo ideas durante mucho tiempo. Luego empieza un proceso de depuración muy fuerte: quitar, quitar y quitar hasta quedarme con lo esencial. Me interesa ir al hueso del poema. Intento expresar una emoción sin nombrarla directamente. Si dices “estoy alegre”, no hay misterio. La dificultad está en encontrar palabras que sugieran esa alegría sin decirla. Es un proceso largo, de años incluso, y muy consciente .

Hablas mucho del asombro. ¿Qué significa para ti asombrarse ante el mundo?

Para mí es detenerme en lo cotidiano. Lo extraordinario —un atardecer, el mar— ya está ahí para asombrarnos. Pero lo interesante es fijarse en lo pequeño: una mariquita, el estampado de una tela, la sombra de un árbol. Intento nombrar esas cosas para que no desaparezcan, para que no pasen de largo. Es una forma de resistirme a que la vida sea solo una sucesión de días iguales .

¿La poesía es entonces una forma de dar sentido a la existencia?

Sí, totalmente. Para mí es una forma de estar en el mundo. Todos necesitamos algo que nos salve: el cine, el baile, lo que sea. En mi caso es la poesía. Me alimenta por dentro. Me obliga a observar, a detenerme, a buscar una forma de nombrar lo que es difícil de decir. Sin eso, no sé muy bien qué haría .

El paisaje de Cabo de Gata aparece de forma recurrente en tu obra. ¿Qué papel juega en tu escritura?

No lo busco de forma consciente, pero siempre aparece. Es mi hogar emocional. Cuando pienso en naturaleza, me salen imágenes de allí: el desierto, las higueras, la luz. Cabo de Gata me ha marcado profundamente. Es un lugar que me cobija, casi como la poesía. Aunque también hay paisajes de otros lugares donde he vivido o viajado, todo se mezcla en una especie de “batidora emocional” .

¿Cómo surgió tu primer poemario? ¿Fue una decisión consciente?

No, fue algo bastante orgánico. Yo escribía y acumulaba textos. Amigos poetas me animaron a publicarlo. Al principio dudaba mucho, pensaba que no tenía interés. Pero cuando reuní un conjunto amplio de poemas, empecé a organizarlos. No tanto por temas, sino por sensaciones. El libro tiene partes diferenciadas: una más ligada a la naturaleza, otra más íntima y una última más libre, donde juego más con el lenguaje .

En alguna ocasión has hablado de un “ataque de versos”. ¿Qué es eso exactamente?

Fue una experiencia muy curiosa. Un verano empecé a sentir que los versos me venían de golpe, como si me invadieran. No podía parar de pensar en ellos. Fue casi físico. Desde entonces siempre llevo algo para anotarlos: un cuaderno, el móvil… Porque si no, se pierden. Es como un brote creativo que no puedes controlar .

Tu escritura parte de lo cotidiano. ¿Cómo trabajas ese proceso creativo?

Tengo como un “radar” siempre encendido. Me fijo en todo. A veces estoy en una conversación y me abstraigo porque algo me llama la atención: un sonido, una imagen. Tomo notas y luego intento transformarlas en una imagen poética. Es un ejercicio de atención constante. La dificultad está en traducir lo que ves a palabras que generen otra imagen distinta .

¿Qué pesa más en tu poesía: la imagen o la palabra?

Diría que ambas están al mismo nivel. Primero está la imagen real, lo que veo. Luego la transformo con palabras en otra imagen, más simbólica. Es un juego entre realidad y lenguaje. Sin la palabra sería otra cosa, quizá cine o poesía visual. Pero en mi caso, la palabra es fundamental .

¿Qué queda del asombro después de escribir un libro como este?

Queda todo. De hecho, necesito que siga ahí. Si pierdo la capacidad de asombro, pierdo la capacidad de escribir. Para mí la poesía es un canto a la vida. Intento vivir desde lo positivo, desde lo que me emociona. No hace falta que sean grandes cosas: una conversación, un encuentro… Todo puede ser extraordinario si sabes mirarlo .

Tu trayectoria vital ha sido diversa: hostelería, docencia, ahora el ministerio. ¿Cómo influye eso en tu mirada?

Mucho. Creo que todos deberíamos pasar por distintos trabajos. Te da perspectiva, te hace entender mejor el mundo. Yo necesito el cambio, moverme, no quedarme estancada. Eso también alimenta mi escritura, porque me expone a nuevas experiencias y formas de mirar.

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