Entre almendros y pinceles: el paraíso resistente de Thomas Neukirch y Frédérique Edy
Construyeron, entre arte y naturaleza, un refugio ahora amenazado por el avance de la cantera de yeso

El pintor Thomas Neukirch y la escultora Frederique Edy.
Una era de finales del siglo XIX entre almendros, olivos y granados nutre las obras del pintor Thomas Neukirch y la escultora Frederique Edy. La cantera del yeso que amenaza con acabar con esa naturaleza fiera que los acogió con amor hace 25 años, avanza ruidosamente a voladuras. Dos bohemios que han sabido vivir del arte moviéndose a través de galerías y exposiciones internacionales. Padres orgullosos de tres músicos que ahora se desempeñan como ginecólogo, psicóloga especializada en arteterapia y literata.
La pareja se conoció en París cuando estudiaban ella en l’école de la Glaciére y él en la Escuela superior de Bellas Artes. Su idioma del amor es el francés, ella es bretona y él alemán, dos existencialista, vegetarianos que se alejaron del academicismo. Al principio se instalaron en Madrid porque Frederique había recibido una beca como residente en la Casa de Velazquez. Durante dos años vivieron en un piso de la Latina y unos amigos le hablaron de Almería. En el 2000 llegaron hasta la pedanía de Cariatiz, un municipio de 400 habitantes pedanía de Sorbas. Allí el paisaje de los almendros en flor los convenció para quedarse y formar su familia allí.
¿La maternidad transformó tu escultura?
Sí por supuesto, después de cada parto pasaba dos años sin crear prácticamente. Veía a mis hijos y me daba cuenta de que había hecho la escultura más maravillosa que podía hacer y estaba viva.
¿Qué significó para ti ser madre?
Es algo que te reconecta con toda la cadena femenina de la humanidad hasta con tus ancestras de las cavernas.
Thomas, ¿cómo has vivido tú la paternidad?
Nuestros tres hijos son grandes músicos, tienen algo de artistas. Recuerdo cuando eran pequeños y los veía pintar con esa liberta, me daba envidia porque yo tenía que hacer un esfuerzo para sacar los trazos. (Se ríe el pintor)
Algunas de tus piezas han llegado a colecciones privadas como las del príncipe Rainero de Mónaco.
Así es, yo no lo conozco personalmente. Pero mis bronces estaba expuestos en una galería de Mónaco y él compró unas piezas. Me enviaron una carta desde palacio diciéndome que su majestad tenía las piezas.
Thomas desde un pueblo tan pequeño habéis conseguido ser internacionales y exponer en Francia, Alemania, Argentina. Vuestra generación es la bisagra entre el arte contemporáneo y moderno.
Así es somos postmodernos y a lo largo de mi trayectoria mi estilo ha ido cambiando mucho. Me alejé de todo este academicismo porque solamente quería aprender a pintar entonces me acerqué a la academia de Bertholle que había repudiado todos estos movimientos y estaba más cerca de Tiziano, Rembrandt y Delacroix. Mi arte ha evolucionado y ha evolucionado y cambiado mucho.
Frederique ¿Cuál ha sido tu formación?
Yo he sido un poco más salvaje, no tengo formación académica reglada. Aprendí con un dominico, Quartara, que me enseñó a ver y encontrarme con el material. Para mi la escultura es una forma de estar en el mundo y dejar mi huella. Por aquí puedes ver algunas piezas en escayola que se expusieron en el museo Casa Pakyta, pero yo soy una mujer cara y mis piezas se funden en bronce. Un material que me sobrevivirá, que es pesado y ocupa un espacio muy firme.
Thomas ¿Cuál es tu rutina para meterte en tu taller, esa almazara llena de cuadros enormes y con mucho movimiento transformada en estudio de artista?
Primero hago un poco de deporte y empiezo el día con estos dibujos pequeños, intuitivos a los que llamo Thomangas, después me meto en el estudio y trabajo con varios cuadros a la vez a veces durante años no siento que el cuadro esté acabado. Por ejemplo tengo este de el mar, que no es inocente porque el mar trae pateras de seres humanos y la situación es terrible. Trabajo con las tripas, donde están la mayoría de nuestras conexiones, es como otro cerebro. También considero los 10 sentidos sensoriales donde incluyo el placer. Esta fue una revelación después de un ayuno de 12 días, el placer que me provocaba tomarme una sopa de acelgas.
Thomas háblame de tu última exposición El viaje del conejo
La exposición se puede ver en la galería almeriense Arte 21 en la calle de las tiendas. El viaje del Conejo es un poco el viaje por la trayectoria de mi vida. Surgió este animal de una forma muy potente e intuitiva en los thomangas. Para Jung este animal representaba la conexión entre cociente e inconsciente y justo es eso.
Ahora que sus hijos se fueron del cortijo, les toca aceptar el otoño de sus días. Entre un torno y las tolvas de la antigua almazara —que se convirtió en el estudio de Thomas hace una década—, entre sus gatos y el precioso jardín que han construido, sueñan con conservar su paraíso frente al avance imparable de una industrialización que no respeta la propia naturaleza humana.