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El extravagante deporte que tiene su sede en Almería: "Los mejores jugadores de España son de Los Almendros"

El CDB Padre Huelin es una asociación que ayuda a personas en situación vulnerable a través del deporte y del klask

Jugadores de klask en el Centro de Atención al Menor y el CEIP Araceli, de la mano del proyecto de Padre Huelin.

Jugadores de klask en el Centro de Atención al Menor y el CEIP Araceli, de la mano del proyecto de Padre Huelin.La Voz

Elena Ortuño
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"¿Esto va a seguir?", pregunta una mujer con incredulidad a Cristóbal M. Hernández: "Si aquí nunca viene nadie a hacer nada...", aclara después, abarcando en un gesto el barrio que se levanta a su alrededor. 

Con un paisaje marcado por montañas de basura y por un urbanismo descontrolado y sumergido, Los Almendros es una de las zonas más abandonadas de Almería. Gran parte de su población está en riesgo de pobreza y exclusión social -según el Plan Municipal de vivienda y Suelo 2030, casi un 25% de los hogares almerienses subsisten con menos de 10.000 euros al año-. 

Es a esa población falta de oportunidades a quien intenta ayudar desde hace más de una década el CDB Padre Huelin, fundado por el almeriense Cristóbal Manuel Hernández, quien se define a sí mismo como "el primero de entre iguales". 

Con la motivación de dignificar el barrio a través del deporte, el club acoge desde 2014 a todo aquel que se encuentre en una situación vulnerable: sin tasas, sin sueldos, solo con espíritu solidario y tres deportes distintos: el baloncesto -el primero que se instaló desde la asociación-, el ajedrez y el klask.

Cristóbal Manuel Hernández Expósito, fundador de CDB Padre Huelin, en Almería.

Cristóbal Manuel Hernández Expósito, fundador de CDB Padre Huelin, en Almería.La Voz

El klask y otros deportes como motivación

Todo nació del amor por el baloncesto de un almeriense con mucha fe y con la voluntad de ayudar a quien lo necesite. Para él, lo que hacen desde la asociación no tiene nada de extraordinario: "Decía San Ignacio -el titular del nombre de Carlos Huelin, un jesuita muy bueno al que llamaban Papa Huelin- que el amor hay que ponerlo más en las obras que en las palabras. Y eso es lo que hacemos nosotros. El problema es que estamos en una sociedad que ha hecho de lo normal algo extraordinario", lamenta.

Fue en un momento de "desolación", buscando por internet y pensando en qué podía hacer para dar visibilidad a su labor cuando se cruzó con un tablero en venta; un juego de mesa llamado klask que no había visto nunca. Algo en su interior gritó "cómpralo". Y así lo hizo.

"Yo traje el primer klask a Almería. Vi que había una federación internacional y me puse en contacto con ellos. Me llamaron desde Inglaterra y creamos la primera federación de klask de España", recuerda con orgullo. Con un toque de ternura en la voz, habla de cómo sus niños se implicaron desde el principio: "Funcionó muy bien. Es un juego muy adictivo y bonito; un juego rápido para chiquillos de culo inquieto, con estrategias, imágenes...", explica. Pronto aquella idea fugaz se transformó en algo sólido, protagonista de torneos y campeonatos.

Si bien el klask es su deporte más singular, no es el único. "El otro día, en el fin de curso, le dimos un trofeo de ajedrez a Manolillo. ¿Y por qué? Pues porque el chico está muy interesado en ese deporte y juega muy bien. El único problema que tiene ese niño es que ha nacido donde ha nacido", lamenta Cristóbal. 

El almeriense señala la importancia que tiene algo tan pequeño como ese reconocimiento: impulsa a un niño en peligro de exclusión a seguir comprometido con algo en un barrio en el que nunca ha habido nada parecido: "Reduce esa sensación de abandono", subraya.

Evolución: ¿sí o no?

Si bien en Padre Huelin no pueden trabajar con menores más allá de la ESO, han encontrado una forma de que estos jóvenes sigan implicados: "Les pedimos que colaboren con nosotros a modo de voluntarios, así no les perdemos el hilo. Pasan de ser ayudados a ayudar a otros". 

Desde el club han visto cómo niños que les llegaron con chupete luego se han convertido en voluntarios; una ilusionante evolución que no han encontrado, sin embargo, en el barrio: "Los problemas de hace décadas persisten.. No hay mejoras. Los cortes de luz continúan, el aislamiento también, la droga, la dejadez de las distintas administraciones...", enumera.

Los menores que pasan por su proyecto, llamado Deportes en la Frontera, pasan por ser gitanos, payos, evangelistas, paquistaníes, musulmanes, cristianos y una amplia variedad que ensalza la multiculturalidad de la zona; todos ellos unidos con un objetivo principal: "Tenemos el espíritu de desaparecer", reconoce Cristóbal, "porque eso significará que ya no es necesario el proyecto y que el barrio ha conseguido levantar cabeza", susurra.

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