La Voz de Almeria

Roquetas de Mar

Santa Ana, cinco siglos de historia y un vínculo que nació antes que Roquetas de Mar

La imagen ya era venerada en el antiguo Castillo de las Roquetas antes de la fundación del municipio y hoy sigue siendo el gran símbolo de las fiestas marineras de El Puerto

El tradicional lavado de cara de Santa Ana, a los pies del Castillo y junto a la Virgen del Carmen, es el acto más singular y emotivo de las fiestas de El Puerto

El tradicional lavado de cara de Santa Ana, a los pies del Castillo y junto a la Virgen del Carmen, es el acto más singular y emotivo de las fiestas de El PuertoLa Voz

Marina Ginés
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Las fiestas de El Puerto han vuelto a demostrar este fin de semana que Santa Ana es mucho más que una imagen religiosa para Roquetas de Mar. Miles de vecinos y visitantes han acompañado la tradicional procesión terrestre y marítima junto a la Virgen del Carmen, han presenciado el singular lavado de cara de la santa, la bendición de las aguas y los fuegos artificiales que ponen el broche a unas celebraciones declaradas de Interés Turístico Nacional de Andalucía.

Pero tras esos actos que cada verano llenan el Puerto de emoción y de público existe una historia poco conocida. La devoción a Santa Ana no nació con el municipio. De hecho, ya formaba parte de la vida de quienes habitaban estas costas mucho antes de la fundación de Roquetas de Mar en 1776.

Una devoción anterior al nacimiento del municipio

Mientras Roquetas celebra este año el 250 aniversario de su fundación, las investigaciones históricas sitúan la presencia de Santa Ana en el antiguo Castillo de las Roquetas entre los siglos XVI y XVII.

Tras la conquista de Almería por los Reyes Católicos en 1489, la Corona reforzó el sistema defensivo del litoral frente a los ataques berberiscos. El enclave de las Roquetas, estratégico por su actividad pesquera y salinera, contaba con una torre vigía que quedó gravemente dañada por el terremoto de 1522. Posteriormente fue reconstruida como un pequeño castillo fortificado con dependencias militares, caballerizas y una capilla abierta al culto.

Aquella capilla se convirtió en el lugar de oración no solo de la guarnición, sino también de pescadores, agricultores y marineros que encontraban refugio en la rada natural del Puerto. Allí ya presidía el templo una imagen de Santa Ana.

El documento que demuestra su arraigo

La primera referencia escrita conservada aparece en una visita pastoral realizada en 1661. El documento recoge la existencia de una capilla dedicada a Santa Ana y menciona incluso una cofradía que organizaba sermones, procesiones y distintas celebraciones en honor de la santa.

Paradójicamente, aquel escrito tenía un carácter disciplinario. El visitador eclesiástico advertía que aquella cofradía desarrollaba su actividad sin autorización canónica ni constituciones aprobadas. Sin embargo, ese mismo expediente se ha convertido hoy en una de las pruebas más valiosas para conocer la antigüedad del culto.

El tradicional lavado de cara de Santa Ana, a los pies del Castillo y junto a la Virgen del Carmen, es el acto más singular y emotivo de las fiestas de El Puerto

El tradicional lavado de cara de Santa Ana, a los pies del Castillo y junto a la Virgen del Carmen, es el acto más singular y emotivo de las fiestas de El PuertoLa Voz

La existencia de andas procesionales, cera para el culto y una organización de fieles demuestra que la devoción estaba plenamente consolidada y que probablemente era anterior a esa fecha.

Del Castillo de Santa Ana a la iglesia actual

Con el paso de los siglos, la fortaleza acabaría siendo conocida popularmente como Castillo de Santa Ana, nombre que ha llegado hasta nuestros días.

La antigua capilla desapareció como consecuencia de distintas vicisitudes históricas: la explosión de la Torre del Homenaje, el terremoto de 1804, la Guerra de la Independencia y el progresivo abandono del edificio. Cuando el castillo fue recuperado y rehabilitado en 2003 ya no se reconstruyó aquel espacio religioso.

El tradicional lavado de cara de Santa Ana, a los pies del Castillo y junto a la Virgen del Carmen, es el acto más singular y emotivo de las fiestas de El Puerto

El tradicional lavado de cara de Santa Ana, a los pies del Castillo y junto a la Virgen del Carmen, es el acto más singular y emotivo de las fiestas de El PuertoLa Voz

Cinco años más tarde, en 2008, Roquetas de Mar levantó la actual iglesia de Santa Ana y San Joaquín, devolviendo a la santa un templo propio en el mismo barrio marinero donde su devoción había permanecido viva durante siglos.

Una tradición que sigue emocionando

Las fiestas celebradas este fin de semana han vuelto a evidenciar que esa herencia histórica permanece intacta. Del 23 al 26 de julio, El Puerto ha acogido una programación que ha combinado actividades culturales, deportivas y musicales con los actos religiosos más tradicionales.

El domingo, festividad de Santa Ana, se vivieron los momentos de mayor emoción con la solemne misa, el homenaje al pescador de mayor edad, la popular cucaña y la procesión marítima y terrestre junto a la Virgen del Carmen. Especial significado volvió a tener el tradicional lavado de cara de Santa Ana, una ceremonia única que simboliza el cariño y la cercanía que los roqueteros mantienen con una imagen considerada protectora de generaciones de pescadores y gentes del mar.

La investigación realizada por María José López Carmona, integrante de la Asociación 250 Aniversario Ciudad de Roquetas de Mar, permite poner en valor ese legado histórico. Sus estudios documentan que Santa Ana ya acompañaba a los habitantes del Castillo de las Roquetas mucho antes del nacimiento del municipio y que, casi cuatro siglos después de la primera referencia escrita conocida, continúa siendo uno de los grandes símbolos de identidad de Roquetas de Mar.

Porque antes de que existiera el Ayuntamiento, antes incluso de que se levantara la primera iglesia parroquial dedicada a la Virgen del Rosario, ya había una pequeña capilla junto al mar donde los pescadores, los soldados y los viajeros buscaban la protección de Santa Ana. Y esa devoción, lejos de desaparecer, sigue siendo hoy uno de los pilares de unas fiestas que cada verano reúnen a todo un pueblo alrededor de su historia.

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