"Ni es gitana ni canta… pero hay que verla": Manu Ulachu una roquetera de pata negra
Con casi 100.000 seguidores en TikTok, la joven de Roquetas ha hecho del flamenco una forma de expresión y refugio

Manu Ulachu Méndez, la 'Gitana de Pata Negra' de Roquetas de Mar.
Muchos recordaremos aquella mítica frase atribuida a la gran Lola Flores: “Ni canta, ni baila, pero no se la pierdan”. La célebre frase atribuida durante años a una supuesta crítica del The New York Times sobre La Faraona nunca llegó a publicarse en realidad. No existe ningún registro en los archivos del periódico que confirme ese texto. Sin embargo, su permanencia en la cultura popular española se explica precisamente porque trasciende la literalidad: no describe una técnica artística concreta, sino un tipo de presencia escénica difícil de medir.
El mito ha perdurado porque sintetiza una idea muy reconocible en el imaginario colectivo: la de aquellas figuras cuya fuerza no reside únicamente en lo que hacen, sino en cómo lo hacen, en su capacidad para llenar un espacio, captar la atención y generar una emoción inmediata.
En ese imaginario encaja Manu Ulachu Méndez. No por comparación literal, sino porque hay en ella algo magnético y contagioso. Su sonrisa, constante y luminosa, es una actitud ante la vida. Su forma de moverse, de expresarse y de conectar con los demás transmite una alegría que parece contagiosa, casi inmediata.

Manu Ulachu con uno de sus trajes de flamenca.
Quienes la siguen coinciden en algo: ver a Manu es sentir una mezcla de energía, espontaneidad y cercanía que no siempre se puede definir, pero sí reconocer.
Casi 100.000 seguidores en Tik Tok
Ese magnetismo encontró un altavoz en las redes sociales, donde Manu suma cerca de 100.000 seguidores en TikTok, gracias a sus vídeos bailando flamenco y a su forma abierta y alegre de mostrarse. Su carácter positivo y su autenticidad han hecho que su contenido se comparta con facilidad, conectando con personas de distintos lugares.
Uno de sus primeros grandes momentos de visibilidad llegó cuando un vídeo suyo bailando flamenco en la Alhambra se hizo viral, llevando su nombre más allá de Almería. Tanto que los focos de la televisión autonómica de Canal Sur, la invitaron a participar en un programa y a conocer a la presentadora Toñi Moreno, una experiencia que ella recuerda como uno de los hitos inesperados de su trayectoria.
Pero más allá de ese inminente éxito Manu seguía y sigue siendo la misma joven de siempre, con su vida en Roquetas de Mar, su trabajo y su propia historia. Manu Ulachu Méndez tiene 22 años, creció entre La Mojonera y Roquetas de Mar y cuenta con ascendencia de Guinea-Bisáu. En la actualidad trabaja como auxiliar de enfermería, una profesión que compagina con empleos en hostelería durante los fines de semana, en una rutina exigente que refleja la diversidad de su día a día.
El flamenco es el motor de su vida
El vínculo de Manu con el flamenco es toda una conexión inexplicable que, según relata nuestra protagonista, ha estado presente desde siempre en su vida. “A mí desde chica me ha gustado el flamenco. No sé por qué, pero siempre me ha llamado muchísimo”, explica.
A esa inclinación inicial se sumó la influencia de la tierra donde vivía. "Me he criado en un barrio donde había muchos gitanos y ellos siempre estaban tocando las palmas, de juerga y cantando y yo siempre quería irme con ellos a cantar y a bailar". Manu recuerda como en su infancia pasaba horas y horas junto a una de sus vecinas gitana también de su edad, las dos cantaban y bailaban. "Mi vecina me enseñó los primeros pasos de baile flamenco".
Con el tiempo, esa forma de expresarse empezó a formar parte de su identidad en el día a día. En su entorno cercano comenzó a conocerse como “la gitana”, un apodo que más adelante evolucionaría hacia su identidad en redes sociales: la ‘gitana de pata negra’.
TikTok como refugio en un momento difícil
Su llegada a las redes sociales fue prácticamente una terapia para la roquetera. En 2024, Manu atravesaba una depresión que la llevó a buscar una vía de escape en el entorno digital. En ese contexto decidió abrir TikTok con un objetivo muy concreto: distraerse y encontrar un espacio donde poder expresarse sin presión.

Manu Ulachu Méndez, la 'Gitana de Pata Negra' de Roquetas de Mar.
Empezó a publicar vídeos bailando flamenco sin esperar ningún tipo de repercusión. Sin embargo, con el paso del tiempo, sus publicaciones comenzaron a ganar alcance y a generar una comunidad creciente de seguidores que se sentían atraídos por su autenticidad y su forma de transmitir emociones.
Hoy su presencia digital supera los noventa mil seguidores, aunque ella insiste en que nunca fue su objetivo. “Yo empecé TikTok para despejarme y al final también me ayudó muchísimo”, afirma.
Una historia personal que decidió compartir
Sin embargo, detrás de esa imagen de felicidad existe una realidad que no siempre es visible. Porque no todo lo que se muestra en una pantalla refleja todo lo que hay detrás. Y en el caso de Manu, su sonrisa constante también ha funcionado, en muchos momentos, como un mecanismo de defensa y supervivencia.
Su historia personal está marcada por una experiencia de abuso sexual en el ámbito familiar, una vivencia que supuso un antes y un después en su vida. Tras denunciar los hechos, según su testimonio, se produjo una ruptura en su entorno familiar, al sentirse desprotegida y apartada por parte de su círculo más cercano. “Mi familia protegió a esa persona y a mí me dieron de lado”, resume.
La decisión de contar públicamente su historia no fue sencilla, pero la hizo desde la necesidad de visibilizar lo vivido. A raíz de ello, comenzó a recibir numerosos mensajes de personas que habían pasado por situaciones similares, muchas de ellas en silencio durante años.
Manu ha elegido seguir adelante desde ese lugar. Transformando el dolor en movimiento, la experiencia en expresión y la vulnerabilidad en una forma de fortaleza que no siempre se ve, pero que sostiene todo lo demás.
La familia elegida y el apoyo del entorno cercano
En este proceso, el papel de su entorno más cercano ha sido fundamental. Manu destaca de manera especial a sus amigos, a quienes define como su verdadera familia. “Son mi nueva familia. La familia que he elegido”, afirma.
Entre ellos menciona a Andrea, su amiga desde la infancia, a quien considera una hermana y una de sus principales apoyos emocionales. Este círculo cercano ha sido clave en los momentos de mayor dificultad, cuando Manu dudó sobre su continuidad en redes o atravesó etapas especialmente complicadas.
Hace dos años decidió independizarse y comenzar una vida autónoma en Roquetas de Mar, construyendo su propio camino paso a paso.
Una vocación vinculada al cuidado de los demás
Además de su presencia en redes, Manu desarrolla su actividad profesional como auxiliar de enfermería, una ocupación que eligió por vocación y que define como una de sus grandes motivaciones. “Desde pequeña me gustaba cuidar a la gente”, recuerda.
Su jornada laboral se reparte entre el trabajo con personas mayores y la hostelería durante los fines de semana, en una rutina exigente pero coherente con su forma de entender la vida, centrada en el acompañamiento y la cercanía con los demás.
Manu insiste en que su experiencia vital le ha hecho desarrollar una mayor sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno, algo que intenta trasladar tanto en su vida profesional como personal.
“Hay mucha gente que está mal aunque sonríe. A mí me pasó. Por eso intento devolver esa sonrisa”.
"Me encantaría participar en algo con la Niña Pastori"
De cara al futuro, Manu expresa su deseo de continuar formándose en el ámbito del flamenco en la academia de Cristina Muela, en Aguadulce, así como de seguir desarrollando su carrera sanitaria con la vista puesta en trabajar algún día en un hospital.
También le gustaría participar en proyectos artísticos, subir a un escenario o formar parte de un espectáculo o videoclip, con algunas de sus grandes ídolos como La Niña Pastori o la mismísima Rosalía, serían para Manuela la ilusión de su vida, aunque sin perder de vista su vínculo principal con el baile como forma de expresión personal.
Porque en su caso, el flamenco no es solo una afición ni una herramienta de difusión digital, sino una forma de sostenerse, de comunicarse y de seguir adelante. Y quizá por eso, al igual que ocurre con aquellas figuras que trascienden su propia definición, Manu no necesita demasiadas explicaciones. Porque hay personas que no se terminan de entender con palabras. Se entienden cuando se las ve.