La Voz de Almeria

Roquetas de Mar

Begoña García, el rostro joven de la Semana de Pasión de Roquetas: "La Semana Santa para mí es volver a casa"

La roquetera lleva 33 años formando parte de la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores

Begoña vestida de mantilla junto a Paco y María José, sus padres.

Begoña vestida de mantilla junto a Paco y María José, sus padres.La Voz

Marina Ginés
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A sus 38 años, Begoña García Fernández acumula más de tres décadas caminando junto a la Semana Santa de Roquetas de Mar. Ha sido penitente, turiferaria —la encargada de portar el incensario en la procesión—, la niña que representó a la Verónica en su infancia y, en los últimos años, mantilla acompañando a la Virgen. También formó parte de la junta de gobierno de su hermandad como tesorera. 

Pero, más allá de los papeles o responsabilidades que haya asumido con el paso del tiempo, lo que define su relación con esta tradición es algo mucho más sencillo y profundo: ha estado siempre. Desde que era prácticamente una niña, su vida ha estado ligada a la Cofradía de Nuestra Señora de los Dolores, una relación que hoy alcanza ya 33 años de historia.

Quizá por eso su elección como pregonera de la Semana Santa roquetera de 2026 tiene para ella un significado especial. No lo esperaba, ni mucho menos lo buscaba. De hecho, la noticia llegó en uno de los momentos más intensos de su vida personal, mientras preparaba oposiciones administrativas y afrontaba los últimos exámenes ante tribunal. “No me esperaba yo tampoco que me pasara esto, así que imagínate”, reconoce todavía con una mezcla de sorpresa y emoción. 

Cuando revisó su propio carné de hermana para calcular cuántos años llevaba en la cofradía, la cifra volvió a sorprenderla. “Son treinta y tres años, lo conté hace poco… justo la edad de Cristo”, comenta con una sonrisa que mezcla incredulidad y orgullo.

Crecer dentro de la hermandad

La historia de Begoña con la Semana Santa comenzó siendo muy pequeña, cuando las filas de penitentes le parecían interminables y acompañar todas las procesiones de su ciudad se convertía casi en un pequeño reto infantil. Aquellos primeros recuerdos siguen muy presentes en su memoria. “Recuerdo decirle a un vecino cuando éramos niños: ‘A ver si este año conseguimos andar todas’”, cuenta entre risas al recordar cómo las procesiones parecían eternas para los más pequeños.

Fotografías de momentos en la procesión.

Fotografías de momentos en la procesión.La Voz

Con los años fue creciendo dentro de la hermandad y asumiendo diferentes responsabilidades. Si hacía falta cubrir un puesto concreto en el cortejo, allí estaba ella.He sido penitente muchísimos años, pero también incensaria, la Verónica cuando era pequeña, y en los últimos años he salido de mantilla”, explica. Durante una etapa también formó parte de la junta de gobierno como tesorera, una responsabilidad que la llevó a participar todavía más activamente en la organización de la cofradía.

Sin embargo, su vínculo con la Semana Santa no depende únicamente de vestirse para procesionar. “He salido prácticamente todos los años, y cuando no me he vestido, la he andado”, afirma con naturalidad, dejando claro que su presencia no se limita al momento de formar parte del cortejo.

Volver siempre a casa

Para Begoña, la Semana Santa no es solo una celebración religiosa o una tradición cultural. Es también un regreso. Durante una etapa de su vida vivió fuera de Roquetas de Mar, pero nunca dejó de volver cuando se acercaban estas fechas.

“Para mí la Semana Santa significa que esté donde esté vuelvo a mi casa”, explica. Año tras año organizaba su calendario para poder regresar al municipio y acompañar las procesiones.

Esa fidelidad también se refleja en la forma en que vive cada edición. Sus planes personales se adaptan a lo que ocurra en la hermandad y a las necesidades de quienes participan en ella. “Me organizo la vida en función de lo que pueda hacer. Si puedo vestirme, me visto; si no, ayudo en lo que haga falta”, relata.

A veces eso significa preparar detalles de última hora, ayudar con la indumentaria o acompañar a otras personas antes de salir en procesión. Y cuando no participa directamente en el cortejo, siempre encuentra un lugar desde el que contemplarlo. “Esos días no hago otro plan”, explica, convencida de que de una forma u otra siempre terminará en la calle viendo pasar los pasos.

El silencio que más emociona

Entre todas las procesiones que recorren Roquetas de Mar durante la Semana Santa hay una que ocupa un lugar especial en su memoria: la del Santo Entierro del Viernes Santo, la última que se celebra en el municipio.

No es la más multitudinaria ni la más sonora, pero sí una de las más sobrecogedoras. “Es la que más me gusta”, reconoce. La explicación tiene mucho que ver con la atmósfera que se crea durante el recorrido. Se trata de una procesión marcada por el silencio y el recogimiento, sin acompañamiento musical, donde el luto se expresa de una forma sobria y profunda.

Aunque se define a sí misma como una persona muy habladora, Begoña reconoce que hay silencios que transmiten más que muchas palabras. “Valoro mucho los silencios, y esa procesión tiene algo muy especial”, explica. De hecho, cada año se repite una escena que ya forma parte de su propia tradición personal. “Casi siempre lloro. Siempre se me saltan las lágrimas”.

Más que fe: una tradición compartida

El pregón que pronunciará este año nace precisamente de esa experiencia acumulada durante décadas. Begoña tenía claro desde el primer momento el mensaje que quería transmitir, aunque darle forma le ha llevado más tiempo del que imaginaba.

“He escrito el pregón varias veces”, reconoce. “La base era la misma, pero lo he ido revisando y recortando para que el mensaje llegue y no se pierda”.

Porque, en su opinión, la Semana Santa no debe entenderse únicamente desde el punto de vista religioso. La fe es importante, pero también lo es el valor cultural y social de una tradición que forma parte de la identidad de muchos pueblos.

“Tienes que tener fe y ser creyente, obviamente, pero este mundo va más allá”, reflexiona. “Es una costumbre muy bonita que tenemos en España y no se debería perder”.

Para ella, la Semana Santa cumple también una función social que a menudo pasa desapercibida. “No le hace daño a nadie”, insiste. “Hace que la gente salga, que disfrute, que vea devoción y también que vea convivencia”.

Una herencia que empieza en casa

En su caso, además, la relación con la Semana Santa tiene una dimensión profundamente familiar. Su madre, María José Fernández, ha sido hermana mayor de la hermandad, mientras que su padre, Paco García, sargento de la Policía Local de Roquetas de Mar ya jubilado, también ha estado vinculado durante años a la vida del municipio.

Begoña junto a su madre María José de mantilla.

Begoña junto a su madre María José de mantilla.La Voz

Las fotografías familiares reflejan esa historia compartida que mezcla tradición, fe y vida cotidiana. “Hay imágenes muy bonitas”, recuerda. “Salgo yo de mantilla, mi madre también y mi padre vestido de gala”.

Son escenas que, en su opinión, resumen perfectamente lo que significa la Semana Santa para muchas familias: una tradición que pasa de padres a hijos y que termina formando parte de la memoria colectiva de un pueblo.

Una Semana Santa que vuelve a crecer

En los últimos años, Begoña también ha percibido un cambio en la participación dentro de la Semana Santa roquetera. Como ocurrió en muchos lugares, hubo una etapa en la que la implicación disminuyó y algunas tradiciones parecían perder fuerza.

Sin embargo, cree que ese fenómeno tuvo más que ver con los cambios sociales que con una falta de interés real. “Fue una tendencia que pasó en muchos sitios”, explica.

En los últimos tiempos, en cambio, ha visto cómo nuevas generaciones se acercan a las hermandades con curiosidad y ganas de participar. Muchas veces son conocidos o amigos quienes se dirigen a ella para preguntar cómo pueden hacerse hermanos o cómo conseguir un traje para salir en procesión.

“Hay gente que me pregunta cómo puede salir o si hay trajes”, cuenta. En más de una ocasión ha prestado el suyo propio para que alguien pudiera vivir la experiencia por primera vez.

Lo curioso es que, según explica entre risas, la historia suele repetirse. “Luego te dicen que no te lo devuelven porque el año siguiente van a salir otra vez”.

Para ella, esa reacción confirma algo que ha visto muchas veces a lo largo de los años: quien vive la Semana Santa desde dentro suele querer repetir.

Un pregón desde dentro

A medida que se acerca el momento de pronunciar el pregón, Begoña reconoce que siente respeto por la responsabilidad que asume. Tradicionalmente, esta tarea ha recaído en personas con una larga trayectoria pública o institucional, algo que no pasa desapercibido para ella.

“He tenido algún bajón pensando si estaría a la altura”, admite. Por eso ha leído pregones anteriores, ha investigado y ha trabajado durante meses en el texto que compartirá con los roqueteros.

Pero también sabe que su aportación nace de un lugar muy concreto: la experiencia de alguien que ha crecido dentro de la hermandad y que ha vivido la Semana Santa desde la infancia.

En una sociedad cada vez más acelerada, cree que tradiciones como esta siguen teniendo un valor fundamental porque recuerdan algo que a menudo se olvida. “En la vida que llevamos ahora, con tantas prisas, es muy importante tener una familia que te acoja”, reflexiona. Y en su caso, desde hace treinta y tres años, esa familia tiene un nombre muy claro. La hermandad.

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