Los talleres de costura, un encuentro de generaciones term solutions for th
La vuelta a la tradición, el amor por el trabajo bien hecho, une semanalmente a decenas de vecinas de Roquetas que hilan sus historias al ritmo de una máquina de coser

Integrantes del taller Retales y Puntillas de El Parador.e;clip
María Martín, de setenta y ocho años, ha encontrado una extensión de sí misma en el taller Juan de Austria, uno de los grupos de costura que han florecido en el municipio. Para María, las manos de Encarna Luna, la monitora, son sus segundas manos. “No había encontrado a nadie que me ayudara, soy muy exigente con los fallos, Encarna no sólo trabaja bien, sabe tratar a las personas”, dice.
Como el padre de las “auroras”(míticas máquinas de coser) Encarna Luna también llegó desde Terrasa. Comenzó a coser tras ver una imagen de un patrón de un vestido “con la espalda cruzada y una falda de vuelo de los años 40 o 50” en una revista . El diseño empujó a esa niña a convertirse en autodidacta. A sus cuarenta y ocho años no imaginaba volver a disfrutar del aire que desprende un taller, “cosí hasta los 35 años y hace dos años retomé el gusto por la costura”.
Esa ilusión nace de la compenetración que tiene con Encarna Higueras, su socia en el taller. Para ella, todo aquel que cose tiene un especial gusto por la moda y lo hace, realmente, por vocación.
Niñas Cerca, en el Parador, María Archilla dirige otro taller. “Empecé a coser con dieiséis años en una academia de corte y confección y obtuve el título tras enviar mis trabajos a Madrid. Mandábamos las prendas cosidas a la mitad”, recuerda Archilla. A propósito del nexo de unión con sus alumnas, habla del “amor por la tradición”. “La costura para mí es un mundo, me lo da todo y me quita todo”.
También el futuro. En el mismo taller, Verónica Gómez, del establecimiento “Cayetana Gómez Retales y Puntillas”, recuerda a su tía paterna Eufemia Gómez, “una mujer pionera que tenía su propio taller donde enseñaba a coser a muchas mujeres de Roquetas”, declara Gómez. Y añade, “de hecho ahora que tengo la tienda, clientas que no me conocen y les comento que soy sobrina de Eufemia y me cuentan con mucha alegría que ellas fueron alumnas suyas”, afirma la dueña de Retales y Puntillas.
Verónica también se refleja en sus alumnas más jóvenes. “Las experiencias más divertidas las tengo en el taller de costura que impartimos para un grupo de niñas de entre 6 y 14 años los sábados por la mañana. Un día, una de las alumnas más pequeñas, al ponerse un calcetín para dormir vio que tenía un agujerito y le pidió aguja e hilo a su madre para hacerlo ella porque era de noche y la abuelita no estaba para coserlo”, cuenta.
Otra compañera de taller Francisca Dioni enmarca sus recuerdos del barrio en un Pueblo Blanco inundado de invernaderos. “Echo de menos ese aire rural”, confiesa. “Cosía de cuatro a seis, prefería quedarme en casa y coser que salir al patio”, explica entre risas.
El amor a la costura les une y hace revivir esta tradición en estos talleres.