Más de 1.000 euros recaudados en 24 horas por Instagram para repatriar el cuerpo de un familiar
Morir lejos, volver a casa: el precio de repatriar un cuerpo

Imagen de archivo de un mensaje de petición de ayuda para una repatriación.
Patria, del latín: “tierra del padre”. Luego, repatriar es, por definición, devolver a la familia. En más de una ocasión, por las calles de Roquetas, he visto carteles pidiendo donaciones para repatriar un cuerpo y enterrarlo en su país natal. La última vez fue a través de redes sociales: uno de los familiares del difunto contaba en directo el dinero que habían conseguido juntar gracias a aportaciones anónimas —más de 1000 € por Bizum en menos de un día—. El chico decía que solo necesitaban mil más para sumarlos a los ahorros que tenían, y así conseguirían devolver a su tío al lugar donde nació.
El fallecido había vivido más de 40 años en Almería, solo diré que era de Mali y se lo llevó una larga enfermedad, su familia ha pedido discreción. El hombre deja mujer y dos hijos menores de edad en España, pero quería que sus restos descansaran en su país.
El coste total de una repatriación puede oscilar entre los 4.000 y los 8.000 euros, aunque en algunos casos puede superar los 10.000 —según la web comparadosegurosdecesos.es—, una cifra inasumible para muchas familias migrantes. En ausencia de un seguro de decesos que cubra estos gastos, son los propios allegados quienes asumen la carga económica, o bien recurren a colectas, asociaciones solidarias o, en raras ocasiones, a la ayuda de consulados. Esta realidad convierte el derecho a ser enterrado en el país de origen en un privilegio más que en una garantía, especialmente en casos de personas en situación irregular o con vínculos familiares debilitados. Para muchos, morir lejos de casa no solo significa una despedida solitaria, sino también quedar enterrado en una tierra que nunca fue plenamente suya.
En el folclore ibérico y anglosajón, una leyenda —de los tiempos de los grandes viajes marítimos, entre los siglos XVI y XIX— cuenta que los marineros llevaban dos zarcillos de oro puro por si morían lejos de casa que estos pudieran pagar su entierro. Quiero decir que el ser humano, antropológicamente, siempre se ha preocupado porque la casa que habita su espíritu descanse en paz. ¿Y qué es un migrante, sino un viajero, un marinero, un caminante?
Aunque no existen estadísticas oficiales detalladas sobre el número total de cuerpos de migrantes repatriados desde España, un estudio de la Subdirección General de Sanidad Exteriorindica que entre 2014 y 2021 fueron repatriados un total de 28.413 difuntos, siendo los tres principales destinos Marruecos (7.450), Reino Unido (6.200) y Alemania (3.500).
A pesar de que, por ley, los cementerios municipales son laicos en España y el sepelio está garantizado sin discriminación por motivos religiosos, solo un dos por mil de ellos —según el diario ABC— ofrece espacios para ciertos ritos fúnebres. Por ejemplo, el enterramiento con orientación a La Meca en el caso de los musulmanes. Y no sé si esto debería preocuparnos como almerienses, ya que en nuestra provincia conviven 133.158 personas musulmanas más de la mitad son españoles, según los últimos datos de la Unión de Comunidades Islámicas de España (UCIDE).
Repatriar el cuerpo de un migrante fallecido desde España a su país de origen es un proceso complejo: exigencias legales, sanitarias y logísticas. Tras el fallecimiento, los familiares deben gestionar el certificado de defunción, la autorización sanitaria, el informe de embalsamamiento y el pasaporte mortuorio, documento expedido por el consulado del país de origen. El cuerpo debe ser transportado en un féretro especial (de zinc hermético dentro de otro de madera) y enviado por vía aérea como carga, siguiendo normativas específicas de cada aerolínea. Las funerarias especializadas suelen encargarse de gran parte del papeleo y la logística, aunque todo depende de la capacidad económica y del apoyo institucional o comunitario del que disponga la familia.
El deseo de los migrantes de ser enterrados en su país de origen refleja una búsqueda de reconexión con su identidad cultural, la necesidad de cumplir con rituales funerarios significativos y el mantenimiento de vínculos comunitarios transnacionales. Estos factores subrayan la importancia de comprender las prácticas funerarias no solo como actos individuales, sino como expresiones profundas de pertenencia cultural y continuidad espiritual. Según los estudios publicados por la antropóloga Ester Massó Guijarro en la revista mexicana UNAM.
La muerte también revela las fronteras, repatriar un cuerpo se convierte en un acto de justicia simbólica: devolviendo a alguien al suelo que lo vio nacer y permitiendo cerrar el círculo de su vida. En Almería, donde miles de migrantes trabajan, viven y mueren, tal vez sea momento de preguntarnos si estamos preparados para acoger también sus despedidas. Porque la patria, al final, no es solo un origen, sino también el lugar donde a uno le permiten volver.