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Níjar

Imagen insólita en Genoveses: una flota de barcos toma la playa protegida

Hasta más de 60 embarcaciones a escasos metros de la orilla en la Bahía de Genoveses

Una línea de más de veinte barcos recreativos echan el ancla en Genoveses.

Una línea de más de veinte barcos recreativos echan el ancla en Genoveses.La Voz

Víctor Navarro
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La bahía de Genoveses, una de las joyas naturales más reconocidas del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, parece haber tocado fondo en su convivencia entre la conservación y el uso recreativo. Lo que hasta hace poco era la presencia puntual de embarcaciones de recreo fondeadas cerca de la costa se ha convertido en una imagen preocupante que, para muchos bañistas y parte del tejido empresarial que opera en la zona, supone una "invasión inaceptable". 

Este sábado, las fotografías captadas desde los puntos más altos del entorno reflejaban un auténtico “camping flotante”: en lugar de tiendas y caravanas, una hilera de lanchas motoras, pequeños yates e incluso algún velero dibujaba sobre el mar una línea blanca. Hasta más de 60 embarcaciones a escasos metros de la orilla en la Bahía de Genoveses.

El impacto visual es solo la primera capa de un problema más profundo. Entre la incredulidad y la frustración, muchos bañistas trasladaron su enfado a las redes sociales, donde los testimonios se multiplicaron. “Flipé. No lo veo sostenible y, por supuesto, olvidémonos de paradisíaco. Imagínate estar en la playa y todo eso enfrente, a pocos metros de la orilla. !Qué horror¡”.

Aumenten los barcos y crecen los problemas

Con esta reflexión, un empresario de la zona del Parque Natural, abría el debate en redes para conocer la opinión de otros usuarios. Muchas de las respuestas, se centraban en revisar la normativa para frenar este fenómeno. “Hay que mirar bien la situación antes de que se normalice”. La sensación de que lo extraordinario se ha convertido en rutina parece repetirse en las denuncias ciudadanas.

Más allá de la saturación estética, el problema tiene también una dimensión medioambiental. El olor a combustible y la presencia de una capa de aceite sobre la superficie del agua fueron motivo de quejas reiteradas. “Era asqueroso”, señalaba otra bañista, que describía cómo el mar, además, presentaba una "temperatura más alta de lo normal", lo que acentuaba la sensación de suciedad. La convivencia entre bañistas y embarcaciones multiplica los riesgos: motores encendidos a pocos metros de la costa, aguas que se contaminan por vertidos y una presión añadida sobre un ecosistema marino de alto valor ecológico.

Se limita para coches pero...

Las reacciones reflejan un debate abierto en torno a la gestión de estos espacios protegidos. “Si limitan el acceso en coche, igual deberían hacerlo en barco”, planteaba un vecino, recordando que la normativa terrestre en Genoveses es estricta: en temporada alta se restringe el acceso de vehículos para preservar el entorno. Otros, más contundentes, apostaban directamente por la prohibición: “Yo sí digo de prohibirlo”, “Opino igual, si se restringe por tierra, debería ser igual por mar”. El contraste entre las medidas aplicadas en el terreno y la permisividad aparente en las aguas, para los bañistas "deja al descubierto una contradicción que urge resolver".

Las críticas, lejos de ser aisladas, parece poner de manifiesto situación de laxitud en la bahía. Una preocupación que, en cierto modo, coincide con las denuncias de grupos conservacionistas y ecologistas, que recuerdan que el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar goza de la misma categoría de protección tanto en su entorno terrestre como en el marítimo. Sin embargo, advierten, la percepción ciudadana parece ser muy distinta: “no existe la misma conciencia sobre la protección del mar que sobre la de la tierra en esta zona”, subrayan.

Y es que, efectivamente, en este entorno almeriense existen limitaciones claras tanto en la navegación como en el fondeo, con distancias mínimas respecto a la costa y zonas expresamente vedadas a la presencia de embarcaciones.

Sin embargo, el cumplimiento de estas normas parece diluirse en la práctica, algo que muchos bañistas no dudan en recalcar con aire de enojo. “Limitación de millas de la costa y corales ya”, explican, al tiempo que se denunciaba que muchas de estas embarcaciones aprovechan su estancia para realizar labores de mantenimiento o limpieza, generando residuos que terminan en el agua. “No respetan la proximidad de los bañistas”.

Pérdida de la esencia de paraíso

Entre la indignación y la ironía, las comparaciones con destinos saturados como Marbella aparecieron también en las conversaciones. “Es Marbella”, resumía gráficamente una de las respuestas dadas al hilo lanzado sobre la problemática para subrayar la transformación del paisaje. El malestar ciudadano cristaliza en una demanda común: la necesidad urgente de evitar que una flota de embarcaciones de recreo utilicen las calas y bahías del Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar como un puerto en un puerto improvisado y particular donde echar el ancla, y hacerlo, además, a coste cero.”

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