Más de un siglo de historia entre motores: el museo de Pepe Moreno en El Ejido
Su colección contiene más de 150 vehículos de diferentes épocas

Pepe Moreno junto al vehículo con la matrícula número 41 de Almería.
En una casa de El Ejido, entre carrocerías que han visto pasar más de un siglo de historia, Pepe Moreno camina despacio, como quien recorre un álbum de recuerdos. Cada coche tiene su historia, cada moto su anécdota, y cada pieza parece guardar un tiempo que ya no existe. Para él no son solo máquinas: son fragmentos de memoria rescatados del olvido.
Su relación con lo antiguo viene de muy lejos. “Prácticamente desde que nací”, cuenta. Pero el momento en el que el interés se convirtió en algo más serio llegó a finales de los años sesenta, cuando emigró a Suiza. Allí, trabajando lejos de casa, descubrió el encanto de los coches clásicos al ver los vehículos antiguos que tenían sus jefes. Fue el primer contacto con un mundo que terminaría ocupando buena parte de su vida.
Años después, de vuelta en España, comenzó a trabajar en talleres, hasta que más adelante pudo abrir el suyo propio. Entre trabajos de chapa y pintura empezó a aparecer algún vehículo antiguo. Primero una moto, después un coche, luego otro más y, sin buscarlo demasiado, la colección empezó a crecer.
Hoy, ese crecimiento se ha convertido en una colección que supera los 150 vehículos entre coches y motocicletas de distintas marcas y épocas. Un museo particular levantado a base de paciencia, conocimiento mecánico y una infinidad de horas de trabajo.

Una pequeña muestra de la amplia colección de Pepe Moreno.
Porque restaurar un coche antiguo no es simplemente arreglarlo, es reconstruir una época. Muchas piezas ya no existen en el mercado y hay que buscarlas durante meses o fabricarlas desde cero.
Lo cierto es que las jornadas tampoco entienden demasiado de horarios. Entre restauraciones, mantenimiento y organización de la colección, el tiempo siempre se queda corto. “Ni con 25 horas al día hay bastante”, bromea.
El primero nunca se olvida
Aun así, entre tantos vehículos, hay uno que ocupa un lugar especial. No es necesariamente el más raro ni el más valioso, es el primero que restauró: un Adler Trumpf Junior de los años treinta. Fue el comienzo de todo, y por eso le guarda un cariño particular. Aunque enseguida matiza con una sonrisa que elegir uno solo es casi imposible: “A mí me gustan todos. Uno porque es grande, otro porque es pequeño… todos tienen algo”.
Cabe destacar que la colección no se limita solo a acumular vehículos antiguos, también conserva pequeñas historias del territorio. Moreno recuerda, por ejemplo, algunos coches que marcaron época en el Poniente Almeriense. Entre ellos, un Chevrolet de finales de los años veinte que muchos conocían como “el coche del confitero” y que durante años fue una imagen reconocible en la zona.
Con el tiempo, lo que empezó como un hobby se ha convertido también, en parte, en una responsabilidad. Mantener en buen estado más de un centenar de vehículos requiere atención constante. Hay que moverlos, cuidarlos y evitar que el paso del tiempo vuelva a deteriorarlos. Pero la pasión sigue siendo el motor principal, y es que hay algunas pasiones que se apagan con el tiempo, pero la suya parece crecer con cada vehículo que rescata.
Además, el museo recibe visitas con frecuencia, algo que para Moreno es una de las mayores satisfacciones. Poder enseñar lo que ha construido durante décadas, explicar la historia de cada coche y ver la reacción de la gente compensa muchas horas de trabajo silencioso. En cada rincón de su nave hay una historia detenida en el tiempo, esperando a que alguien pregunte por ella.
El futuro de la colección
Entre todas las preguntas sobre motores, restauraciones o modelos históricos, hay una que le preocupa más que cualquier otra: el futuro de la colección.
Después de tantos años reuniendo piezas, restaurando vehículos y ampliando el museo, todavía no tiene claro qué ocurrirá cuando llegue el momento de dejarlo. “Es una pena que se pierda”, reconoce. En esas naves hay décadas de esfuerzo y una parte de la historia del automóvil que difícilmente podría reconstruirse.
De momento, la colección sigue creciendo y respirando vida entre herramientas, motores y carrocerías que brillan más que nunca. Porque, para Pepe Moreno, restaurar un coche no es solo repararlo. Es devolverle la posibilidad de seguir contando su historia, una historia que no terminará.