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El Ejido

El Ejido convierte el entorno del Castillo de Guardias Viejas en un laboratorio vivo de educación ambiental

El Jardín Mediterráneo es una intervención emblemática de su Plan de Sostenibilidad Turística en Destino que fusiona naturaleza y cultura

El Jardín Mediterráneo, con el Castillo de Guardias Viejas al fondo, en un atardecer ejidense.

El Jardín Mediterráneo, con el Castillo de Guardias Viejas al fondo, en un atardecer ejidense.La Voz

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En el entorno del Castillo de Guardias Viejas se ha desarrollado el nuevo Jardín Mediterráneo, una infraestructura impulsada dentro del Plan de Sostenibilidad Turística en Destino (PSTD) que conecta la educación ambiental con un paisaje completamente abierto al mar.

Concebido para integrarse en el entorno, el proyecto se ajusta a las condiciones del lugar y plantea una nueva manera de entender el paisajismo en el sureste peninsular, siendo al mismo tiempo un ejemplo de gestión ecológica y un recurso para la formación y la divulgación.

El Jardín Mediterráneo actúa además como un elemento vertebrador entre el Castillo de Guardias Viejas y el antiguo Cuartel de Carabineros, que, tras su rehabilitación dentro del mismo plan, se convertirá en un centro de experiencias gastronómicas donde se integrarán la agricultura sostenible y la pesca artesanal, una práctica tradicional en el núcleo de Balerma.

El espectacular resultado de las obras.

El espectacular resultado de las obras.La Voz

Más que un jardín ornamental, se trata de una actuación con identidad propia que ha permitido recuperar un entorno natural de 17.600 metros cuadrados —uno de los más grandes de España— con miradores y recorridos peatonales que invitan a descubrir la localidad. Desde cualquier punto, el visitante puede contemplar el mar Mediterráneo, que se convierte en telón de fondo y refuerza la belleza del conjunto, creando una escena abierta y armoniosa entre el paisaje, la historia y la naturaleza.

Para su desarrollo, el Ayuntamiento de El Ejido ha apostado por la colaboración local y por profesionales del territorio, confiando en el talento de su gente para dar forma a este espacio.

Su diseño se basa en la adaptación al medio

La iniciativa parte de adaptarse al entorno en lugar de transformarlo. El enclave reúne todas las condiciones propias del sureste peninsular —clima árido, vientos marinos, alta salinidad e intensa insolación—, factores que se han convertido en la inspiración del diseño.

Para respetar la morfología original del terreno se aportó únicamente tierra vegetal en las zonas de plantación y se instaló un riego de apoyo temporal que garantiza la implantación inicial de las especies. A partir de ahí, se inicia un proceso de naturalización progresiva en el que las plantas aprenden a sobrevivir con los recursos que ofrece el propio medio.

El resultado es un paisaje resiliente y autosuficiente, capaz de evolucionar de manera autónoma y de integrarse al lugar. Cada agrupación vegetal cumple una función específica que ayuda a proteger del viento, reducir la erosión y crear microhábitats que fomentan la biodiversidad local.

Vegetación autóctona y biodiversidad funcional

La selección de especies se basa en tres principios: autenticidad ecológica, adaptación climática y diversidad estructural. Reúne cerca de cuarenta variedades de vegetación autóctona del litoral mediterráneo, todas capaces de prosperar en condiciones extremas de sequía, salinidad e insolación.

Entre ellas destacan el lentisco, el arto negro, el enebro, el acebuche, el palmito y el taray, junto a especies halófitas como la azucena de mar o el hinojo marino. Este mosaico vegetal reproduce los procesos naturales del ecosistema mediterráneo y permitirá que, con el tiempo, el jardín se integre por completo.

Un espacio de encuentro y aprendizaje frente al mar

Más allá de su valor técnico, el Jardín Mediterráneo aspira a ser un sitio de aprendizaje y participación ciudadana. A través de rutas interpretativas, talleres y actividades educativas, se promueve el conocimiento de la flora y fauna autóctonas y se fomenta la conciencia ambiental.

Además, sus pasarelas, el diseño paisajístico y la integración del patrimonio histórico lo convierten en un entorno ideal para la fotografía: un rincón para desconectar, contemplar y compartir la experiencia de un paisaje único frente al mar.

El Jardín Mediterráneo del Castillo de Guardias Viejas plantea una nueva forma de entender los lugares públicos, donde naturaleza, cultura y participación se combinan para crear ambientes más sostenibles y cercanos a la gente.

Desde el Ayuntamiento del municipio subrayan que “la verdadera belleza del jardín está en su capacidad de fundirse con el entorno hasta volver a ser naturaleza”.

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