El joven almeriense que ha hecho historia en el muay thai con el título a Mejor Deportista Andaluz
Francisco Hernández 'El Follano', de Carboneras, ya acumula títulos como dos veces campeón de España con solo 15 años

A la izquierda, Francisco Hernández y su entrenador, Isaac Heres Ruiz, en el II II Ram Muay Event. A la derecha, Francisco Hernández
En el silencio que precede a un combate, cuando la respiración se vuelve pesada y el corazón golpea más fuerte que cualquier puño, hay un instante en el que el miedo y la valentía se miran cara a cara. Es ahí donde se forjan los guerreros, no solo en la fuerza de sus brazos ni en la velocidad de sus piernas, sino en la determinación de quien decide no rendirse.
Uno de esos guerreros tiene apenas 15 años y es de Carboneras. Se llama Francisco Hernández, aunque en el ring todos lo conocen como ‘El Follano’. Con cada combate, acompañado siempre por su fiel entrenador, Isaac Heres Ruiz, ha ido escribiendo su nombre en la historia del muay thai —es el “boxeo tailandés”, un arte marcial y deporte de combate originario de Tailandia, conocido como el “arte de las ocho extremidades” porque utiliza puños, pies, codos y rodillas como armas— andaluz y español.
Dos veces Campeón de España, tres veces Campeón de Andalucía y medalla de plata en el Mundial XFC de Roma, este joven no deja de sorprender. Ahora, la Federación Andaluza de Muay Thai lo ha nombrado Mejor Deportista Andaluz Júnior, un título que no solo premia sus victorias, sino también la constancia, el sacrificio y la personalidad de un luchador que, pese a su corta edad, ya transmite la fuerza y la madurez de un campeón.

Francisco Hernández en el II RAM MUAY EVENT
Los primeros pasos en el muay thai
Francisco no llegó al muay thai por herencia directa, aunque en su familia había huella de boxeo. “Mi padre fue boxeador, pero a mí no me gustaba”, confiesa. La chispa que encendió su camino fue menos romántica y más real: dos chavales se metían con él y, con apenas 11 años, sintió la necesidad de defenderse. En mayo de 2021 decidió probar este arte marcial y pronto supo que había encontrado lo suyo. “Hice mi primera pelea y me encantó el prepararme, el compañerismo, los valores. Supe que era lo mío”, recuerda con la naturalidad de quien habla de un descubrimiento inevitable.
Desde entonces, el crecimiento fue meteórico. Su entrenador y el del IHR Team Thai Boxing Club, Isaac Heres, lo vio claro desde el inicio: “Era un niño jovencillo que se enganchó fuerte. Entrenaba y no faltaba, y pronto empezó a competir”. Esa disciplina temprana fue el cimiento sobre el que se levantó una carrera que, en apenas cuatro años, ya cuenta con títulos nacionales, internacionales y ahora un reconocimiento autonómico.
La dureza y la gloria del ring
Pero no todas las victorias se cuentan con el mismo sentimiento. Para Francisco, la final del Mundial XFC en Roma marcó un antes y un después. “Me noquearon y eso supuso un cambio gigante para mí. Decidí tomarlo de forma diferente y darle más importancia a la preparación mental”, relata. Aquel momento le enseñó que la fortaleza psicológica pesa tanto como la fuerza de los golpes, y que el verdadero combate empieza mucho antes de subir al cuadrilátero.
Isaac aporta otra perspectiva. Para él, uno de los momentos más especiales fue la última pelea disputada en casa, en Carboneras, en el II Ram Muay Event: “Es difícil encontrarle rival porque es muy joven, así que lo enfrentamos a chavales mayores. Y ganar ese cinturón aquí, con su gente viéndolo, fue impresionante”. Lo que para muchos sería un obstáculo —medirse a rivales con más edad y experiencia— para 'El Follano' se ha convertido en una costumbre que solo refuerza su carácter competitivo.
El esfuerzo cotidiano
Detrás de cada triunfo hay horas de entrenamiento, disciplina y también la complicidad de un grupo que convierte el sacrificio en algo más llevadero. “Un día normal de entrenamiento tiene sus partes físicas, que son muy importantes, pero también las bromas con los compañeros. Es duro y más si estás preparando algo grande. Te das cuenta del esfuerzo al llegar a casa”, explica Francisco. Lo que podría sonar agotador, él lo resume con confianza: “El componente psicológico lo llevo bien: tengo confianza en mí mismo y, si me propongo algo, lo voy a hacer, tarde o temprano”.
Ese nivel de exigencia no siempre es fácil de equilibrar con la vida académica. El propio Francisco lo reconoce sin rodeos: “A veces lo compagino bien, a veces mal. Es verdad que es difícil. No soy de los mejores en eso”. Una sinceridad que muestra que, detrás del campeón, también está el adolescente que lucha por cuadrar deberes, exámenes y entrenamientos.
Un premio que reconoce más que títulos
El galardón de Mejor Deportista Andaluz Júnior supone un reconocimiento a la trayectoria de un joven que ha sacrificado mucho para llegar hasta aquí. “Este premio me llena de orgullo. Espero que sea uno más de muchos. Refleja el esfuerzo y la constancia de estos años. Al final, todo se demuestra día a día”, afirma Francisco con una madurez sorprendente para su edad.
Isaac subraya la importancia de este tipo de distinciones: “Que les den premios a ellos es lo más grande. Están a dieta, se hinchan a tortazos. Son niños, pero entrenan como profesionales. Han ganado todo. Igual que a María Paredes le reconocieron su trabajo, ahora le toca a Francisco. Es un reconocimiento muy merecido”. Para él, estos premios son la prueba de que el sacrificio invisible —las horas de gimnasio, la disciplina, las renuncias— tiene un eco fuera del ring.
El mensaje de un campeón
Más allá de títulos y medallas, Francisco tiene claro qué diría a ese niño que empezó en muay thai hace varios años: “Le diría a mi yo de 11 años que sea fuerte, que los sueños se cumplen poco a poco aunque a veces se vea incapaz. Que sea valiente para probar, porque no hay riesgo de pérdida. Es ganar y ganar. Este deporte te da seguridad, valores, conocimiento y habilidades”.
Isaac lo completa con la experiencia del entrenador: “Al final, lo que no pruebas no sabes lo que es. Muchos piensan que es solo pegarse, pero no: es un deporte de atletas. Aquí viene gente a entrenar, competir o simplemente a mejorar su forma física. Solo se dan golpes los que compiten; el resto entrena como en cualquier otro deporte”.
Con apenas 15 años, Francisco Hernández ‘El Follano’ no solo acumula títulos: su persona reúne respeto, admiración y un ejemplo que trasciende las cuerdas del ring. Su historia demuestra que el coraje no entiende de edad, que los sueños se levantan a base de constancia y que en cada golpe late la esperanza de un futuro aún más grande.
Desde un rincón humilde como Carboneras ha probado que con sacrificio y disciplina se puede llegar muy lejos. Su nombre ya resuena en Andalucía y en España, y lo hará aún más allá. Porque si algo ha dejado claro es que su carrera no se mide solo en medallas, sino en el legado que está construyendo golpe a golpe, sueño a sueño.