El cólera hizo estragos en Adra
En la provincia de Almería esta epidemia provocó un total de 4.204 los muertos

Fachada principal de la Fábrica de Fundición San Andrés de Adra, también conocida como Casa Grande o de Carreño /finales siglos XIX y principio XX
La epidemia seguía su marcha triunfal por esta población en 1885. No aumentaba el número de invasiones, pero tampoco disminuía el de defunciones; y esto aterraba tanto más, cuanto se veía que pasaban los días, y tras cada uno nuevas desgracias, nuevos lutos de personas conocidas del municipio. La enfermedad que en todas partes se había presentado de una manera sigilosa, causando dos o tres víctimas al principio, en el núcleo de Adra se presentó de una manera tan descarada e imponente, que arrancó más de cien vidas en el primer día, y de aquella funesta manera continuaba a primeros del mes de septiembre de aquel año.
Al lugar llegaron los profesores médicos José Litrán, Martínez Saldise y Val, los dos primeros eran comisionados por el Gobierno y el tercero por cuenta propia, pues según se escuchaba, desde que el año pasado se presentara el cólera en Tolón y Marsella no habían dejado de perseguirlo, estudiando con afán su naturaleza y evoluciones; digna de alabanza fue la conducta de Val, que sin retribución de ninguna especie y sólo por amor a la ciencia, viajaba incansablemente y acudía presuroso adonde quiera que el germen colerígeno se plantara, prodigando palabras de consuelo a los pobres coléricos y auxiliando con su inagotable caridad a todos los necesitados. Litrán y Manuel Martínez Saldise habían salido para la vecina villa de Adra, siendo enviados por el señor gobernador, interpretando con esto los sentimientos de este vecindario que así se lo hizo manifestar, dando de este modo una satisfacción y una prueba de agradecimiento a la valerosa y sufrida clase médica almeriense. El médico abderitano, Doctor José Pérez Gómez ya se había sumado con anterioridad a la ayuda y fue distinguido en su esfuerzo de combatir el cólera en Adra.
Todos los vecinos de esta población agradecían al Gobierno el donativo de 10.000 pesetas, que, aunque muy poco, algo remediaría la aflictiva situación por la que estaban atravesando; pero eso no bastaba; Almería necesitaba mucho más para hacer frente a las muchas necesidades que les rodeaban, pues el estado del Ayuntamiento era tan precario, que como no le enviasen más recursos tendría que parar en unos días las obras emprendidas para dar de comer a los pobres jornalero. Finalmente, Almería agradecía al Gobierno su paternal solicitud demostrada por el envío de dinero, médicos y una brigada de desinfectadoras, pero ello no era bastante, pues al desconocimiento del mismísimo ministro de la situación de la capital almeriense con atención de preferencia realizadas antes a Murcia y Granada, mucho más cuando la epidemia aquí presentaba un aspecto bastante más imponente y aterrador que en cuantas partes se había manifestado.
Por otra parte, y de conformidad con el decreto de S. M. el Rey de 21 de agosto de 1885, se había formado una Junta de socorros bajo la presidencia del gobernador Sr. Castro, cuya Junta no descansaba un momento en juntar recursos para socorrer a las clases humildes, repartiendo 1.000 pesetas entre los pobres y enfermos del barrio de 'Las Almadrabilla', uno de los más castigados por la epidemia (Periódico 'La Época').
La situación en Adra
El cañonero Pelícano trajo ochenta tiendas de campaña, apunta el periódico “El Resumen”, de las cuales fueron enviadas veinte a Adra. Había noticias del contagio y además enfermado gravemente el presidente de la Diputación provincial, que se había ausentado de esta población. L a salud pública iba mejorando en todas partes; decrecía la epidemia; solo en Adra (Almería) y Orgiva (Granada), se presentaba todavía alarmante. Habitualmente tres médicos atendían a una población que no bajaba de once mil almas, y aunque hubo días que la cifra de invasiones se elevaba a exorbitantes cifras y en ocasiones en que después de acumularse éstas, visitaban a más de ciento cincuenta, ninguno tuvo desmayos ni se habían resentido, continuando desde el primer momento a disposición de todo el que lo solicitaba sus servicios de día y de noche, por zanjas y senderos en que a cada momento discurría uno el riesgo de estrellarse, si bien, es verdad que todos pertenecían al elemento joven y por tanto animados de los mismos entusiasmos y estímulos. Por aquél entonces, el Ayuntamiento abderitano pensaba ampliar el número de tres las plazas municipales que por entonces era sólo de una, a cargo del Sr. Pérez Gómez y que desempañarían en un corto futuro por tanto los Sres. Ruiz y Maldonado, anotaba el 'Diario médico-farmacéutico'.
El 4 de octubre de 1885 se cantó en Adra (Almería) el Te Deum. Aquel acto religioso, revistió inusitada magnificencia y solemnidad, fue presidido por el alcalde Sr. Cuenca, asistido de todas las autoridades y el vecindario en masa, que tanto del casco de la población como de sus populosos arrabales habla acudido presuroso a dar mayor realce y esplendor al fausto acontecimiento. Por la tarde se celebró una suntuosa procesión en la cual tomó parta una inmensa multitud que sin cesar aclamaba a las hermosas imágenes de San Nicolás, San Francisco de Asís, San Sebastián y las Vírgenes del Rosarlo y del Mar. Anotaba en sus páginas “El Siglo futuro”: “Lo hermoso del día la grandiosidad de los actos que en él se celebraron y el fausto respeto para que aquellos tuvieron lugar, harán que el 4 de octubre es para cada habitante de Adra, fecha de imperecedera memoria.”