Paco, el de los indalos, abre las puertas de su taller: "Cada pequeño llavero me lleva dos horas de trabajo"
Este abderitano de 59 años transforma artesanalmente la madera de pino en uno de los símbolos de Almería y sueña con poder vivir de su pasión

Paco el de los indalos en su taller.
"Ayer mismo, nada más estrenar la herramienta, se me clavó la punta en la palma de la mano". Paco Escobar lo cuenta entre risas mientras enseña sus dedos encallecidos, algunos cubiertos de esparadrapo y con pequeñas heridas que empiezan a cicatrizar. Son sus particulares heridas de guerra, las marcas de un oficio que exige precisión, fuerza y, sobre todo, mucha paciencia. Porque Paco, más conocido como Paco el de los indalos, ha encontrado en la madera una nueva forma de ganarse la vida y un sueño al que todavía aspira: dejar el camión y dedicarse por completo a la artesanía.
En la cochera de su vivienda, en Adra, el olor a madera, serrín y barniz envuelve un pequeño taller donde los trozos de pino se convierten, poco a poco, en indalos de diferentes formas y tamaños. Allí trabaja sin prisas, cuidando cada detalle y demostrando que detrás de una figura aparentemente sencilla hay muchas horas de dedicación.
"Esto solo es cuestión de paciencia, de mucha paciencia", explica mientras enseña cómo da forma a una de sus piezas. Y sabe bien de lo que habla. Cada indalo pasa por las manos de Paco desde el primer corte hasta el lijado y el pintado final. "La gente a veces piensa que son caros, pero no es consciente del trabajo que hay detrás de cada uno".
Un sueño que empezó en 2007
La historia de Paco con la madera comenzó en plena crisis económica. En 2007 se quedó sin trabajo como carpintero metálico y empezó a tallar indalos como una forma de entretenerse. Lo que parecía una simple afición fue creciendo hasta descubrir una habilidad que, según reconoce, llevaba dentro desde hacía tiempo.

Algunos de los indalos de Paco.
"Solo con ver un trozo de madera ya me estoy imaginando la forma que voy a hacer y en lo que lo voy a convertir", cuenta. Después llegaron los años como transportista, el volante del camión y una vida laboral muy distinta a la que hoy le gustaría tener. Sin embargo, la artesanía nunca desapareció del todo.
Paco cree que su facilidad para trabajar con las manos tiene raíces familiares. Su abuelo elaboraba pleitas, esparteñas y otros utensilios de esparto, mientras que un tío suyo, de Matagorda, también llenaba su garaje de creaciones artesanales. "Yo creo que todo esto me viene de mi abuelo, que en paz descanse. Él hacía de todo con el esparto. Pienso que aquello se me quedó dentro".
Hoy, aquel recuerdo familiar ha encontrado su propia expresión en la madera. Sus indalos son piezas únicas, elaboradas una a una, y cada nuevo encargo o propuesta supone la oportunidad de probar algo diferente.
Las redes sociales le han dado una segunda oportunidad
En aquellos años de crisis económica Paco llevó sus figuras a los mercadillos, donde sus hijas pequeñas le acompañaban. Ahora, precisamente ellas han contribuido a recuperar aquella etapa. Su hija y su pareja, dedicados a crear vídeos para empresas y redes sociales, comenzaron a grabar el trabajo de Paco y a compartirlo en TikTok e Instagram.
"Me dio nostalgia y pensé: ¿por qué no recuperábamos aquello y lo compartíamos con la gente?", recuerda su hija Alba. Así nació la marca Los Indalos de Paco, con su propio logotipo y una comunidad que ha permitido que sus creaciones lleguen a muchas más personas.
Aun así, ponerse delante de una cámara sigue siendo otra historia. Cuando le proponen grabar un vídeo para presentarse, Paco se muestra tímido y le cuesta encontrar las palabras. Le resulta mucho más fácil coger una herramienta y ponerse a tallar que hablar de sí mismo. Por suerte, sus manos explican lo que a él todavía le cuesta contar.
Quienes quieran conocer su trabajo pueden encontrarlo en el rastro de Adra el tercer domingo de cada mes. La producción todavía es limitada y, según cuenta, en ocasiones las piezas se agotan antes de terminar la jornada.
Un indalo con sello propio
El indalo es uno de los símbolos más reconocibles de Almería y se asocia con la protección, la buena suerte y la hospitalidad. Paco lo convierte en pequeñas figuras de madera de pino, trabajadas a mano y con diseños que van desde los llaveros y colgantes hasta piezas más grandes decorativas de diferentes colores y formas; algunos incluso se unen con la icónica Torre de los Perdigones de Adra.

Algunos de los indalos de Paco.
Sus amigos también le animan a experimentar con nuevas formas, tamaños e incluso con la posibilidad de personalizar las piezas. Pero Paco lo tiene claro, su esencia son los indalos.
Su gran ilusión sería vender sus creaciones en Mojácar, donde considera que el indalo tiene un atractivo especial. "Me encantaría poder dejar el camión y dedicarme a esto por completo", confiesa.
Mientras llega esa oportunidad, seguirá trabajando en su pequeño taller, entre herramientas, serrín y madera. Con los dedos llenos de callos y alguna que otra cura pendiente, Paco demuestra que todavía hay quien prefiere crear con sus propias manos antes que buscar el camino más rápido.
Porque, como él mismo recuerda, un indalo no se hace de un día para otro. Hace falta tiempo, cariño y mucha paciencia. Y quizá sea precisamente eso lo que convierte cada una de sus figuras en algo más que un trozo de madera: un pequeño pedazo de Almería hecho a mano.