La antigua imagen de Nuestra Señora de las Angustias de La Alquería, en Adra
Cientos de “mandas” fueron muestras testamentarias a esta advocación ubicada en la Iglesia del mismo nombre

Ntra. Sra. de las Angustias, La Alquería en 1932
A principios del siglo XVIII, la regeneración económica y poblacional de la Alquería (antigua Adra la Vieja), quedó marcado, en el plano religioso, por la viva tarea de divulgación del culto a la Virgen de las Angustias, desempeñado por el arzobispado de Granada y de cuya repercusión los vecinos de la barriada exaltarían como patrona.
Escribía en 2007, Víctor Eugenio Rodríguez Segado, Licenciado en Derecho en su obra: 'Advocaciones Marianas más populares de Adra (Almería) en La Edad Moderna' - 'Religiosidad Popular' y según un informe, elevado el 20 de diciembre de 1864 al arzobispado de Granada, existía en esa fecha en la Alquería “una Hermandad del Santísimo, bajo la advocación de María Santísima de las Angustias, Patrona principal del pueblo, como aparece en los libros de cuentas que suben al año de 1718, visitados por los señores ilustrísimos arzobispos. El inicio embrionario, por tanto, del culto a esta advocación fermentaba en dicho año, cuando el anejo abderitano volvió a renacer tras haber sufrido un dificultoso declive en los siglos XVI y XVII, a consecuencia de la derrota de los moriscos en la guerra de las Alpujarras, en 1570. Buen ejemplo de su renacer es que, en 1719, contaba ya la urbe con iglesia propia.
Todo parece indicar que la devoción a la Virgen de las Angustias en la barriada abderitana de la Alquería fue el resultado de la campaña de difusión de esta advocación, patrona de la archidiócesis de Granada, promovida por el arzobispado de Granada a principios del siglo XVIII. A consecuencia de esta se establecieron un gran número de iglesias y ermitas bajo su patronazgo.
Su culto prosperó profundamente a mediados del XVIII, no sólo en la Alquería sino también en Adra, donde la oligarquía local se hizo eco de este reconocimiento popular, ofreciendo generosos legados a la imagen. Así, el 27 de febrero de 1750, la rica dama abderitana Dª Ana de Utrera y Gutiérrez, anotaba en su testamento que se entregase a la misma un zarcillo de oro. Espléndida fue la manda efectuada en su testamento, de 7 de julio de 1768, por el coronel de caballería Francisco Jerónimo Rodríguez-Chacón y Moya, hijo del marqués de Íniza, al disponer que “se den 2.200 reales de vellón de limosna a Nuestra Señora de las Angustias en la parroquia de La Alquería, término de esta villa, cuya cantidad se entregue a D. Gabriel José Díaz, cura de dicha parroquia, para que por su mano y a su arbitrio lo invierta en culto de dicha Santa Imagen”.
El 14 de abril de 1779, era el escribano de Adra, el granadino Francisco González de los Herreros, quien rendía intenso fervor a la imagen, mandando que “del vino existente, si lo oviese, cuando yo fallezca o de la cosecha próxima sucesiva que tuviere en mi cortijo, en el río, pago de Salobra, se den de limosna a María Santísima de las Angustias, del barrio de la Alquería, 40 arrobas de dicho vino el mejor y se entreguen al señor Cura que es o fuere, cuando sea su voluntad, para que las haga vender y su producto lo aplique en el culto de dicha Santa Imaxen a su disposición”.
Aunque la cofradía ya existía en 1735, no tuvo su formal erección hasta el 28 de enero de 1743, en que fueron aprobados sus estatutos por Felipe Gómez y Otazu, abad de la universidad de beneficiados, provisor, vicario general interino y beneficiado de San Cecilio. Según el informe de 1769 sobre la situación de las cofradías del arzobispado de Granada la hermandad del Santísimo Sacramento y María Santísima de las Angustias de la Alquería “hace 2 funciones: una en la Semana Santa y la otra el día 8 de septiembre; la primera es al Santísimo y su gasto consiste en 11 libras de seda y 24 reales de derechos por las procesiones. La segunda es a María Santísima en dicho día 8 de septiembre y se arregla su gasto en 3 libras y media de cera para el culto y 35 reales de derechos”.
La hermandad “no tiene gastos fijos, sino dos misas cantadas, la una la noche de la natividad de nuestro señor Jesucristo y la otra el día de la natividad de nuestra señora, la cera que se compra con las luminarias de los hermanos, un novenario de misas rezadas que se dice al fallecimiento de cada uno de éstos, y 3 reales de vellón que se dan para abrir la sepultura y lo demás que resulta de sus limosnas que regularmente ascienden a 1300 reales de vellón, que se gastan en cera para el monumento del jueves santo, para el rosario de María Santísima, cohetes y hachas para los entierros y demás funciones que ocurren. Piden limosna, en la Pascua, de pan, seda, grano o azúcar. Voluntariamente todos los vecinos contribuían particularmente con dos reales anuales que llamaban de luminaria, que se refunden en cera.
Del aspecto de la primitiva imagen de la Virgen poseemos referencia fotográfica por una instantánea, anterior a 1936, donde vemos sus componentes. Respondía al prototipo de Virgen de las Angustias configurado, a principios del XVIII, en las campañas de divulgación del arzobispado de Granada. Era una imagen de candelero que seguía el modelo de la patrona de Granada: vestía completamente de negro y aparecía con el Cristo yacente, en parte velado por el manto. Este reposaba sobre un soporte en forma de mesa, aunque su posición no era totalmente horizontal, sino levemente incorporada. La Virgen lucía sobre su cabeza la corona imperial y al conjunto se añadía la cruz de plata y la media luna.
La imagen original llega hasta nuestros días en modo debate sobre si era de imaginería granadina, sin embargo, Segado, apuntaba que se apartaba del modelo granadino habitual porque carecía de ángeles plañideros y no portaba la cruz pectoral, que se hallaba sustituido por un corazón. Se trataba, en suma, de un conjunto barroco de gran elegancia, que fue destruido en julio de 1936, en los tristes acontecimientos que desembocaron en la guerra civil, conflicto que, como apunta en su obra: 'La Iglesia de La Alquería – Arquitectura e Historia' el historiador abderitano, Javier Sánchez Real, la reacción anticlerical que siguió al golpe de Estado de julio de 1936 fue especialmente virulenta en La Alquería. cuya iglesia fue saqueada y la inmensa mayoría de su patrimonio histórico y artístico desapareció. Para reponerla, en la posguerra, el párroco de dicha iglesia, el virgitano D. Diego Cara Prados, encargó la ejecución de una nueva talla, de autor desconocido, aunque algunas fuentes apuntan a Manuel González Mesa, en 1940 y que actualmente se venera.