Paco Arévalo, el capitán del Trafalgar
Llegó a jugar en todas las posiciones, solo le faltó hacerlo de guardameta

Paco Arévalo, años 40, a la derecha de la imagen de pie, junto al portero Manolo “Arabí” y agachado, el delegado del equipo, Juan José Sánchez Lidueña.
No son siempre los nombres más visibles los que construyen la historia; muchas veces son quienes trabajan en silencio quienes levantan los cimientos sólidos para sostenerlos. Francisco Arévalo Ucedo, tenía 87 años cuando nos dejó en 2016 y estaba casado con Gracia López Rodríguez, un matrimonio y familia muy unida bajo la defensa del propio ‘Capitán’.
Tras su fallecimiento, su viuda, me obsequió, con misiva adjunta incluida escrita de puño y letra del propio capitán dirigida hacia mi persona, una reliquia, que su marido, había conservado toda su vida proveniente de aquel Trafalgar de fútbol y que me hizo soltar alguna lagrimilla. La conservo como oro en paño.
Paco Arévalo, era un hombre muy familiar y trabajador, cumplidor con sus responsabilidades, deportista hasta que pudo y le gustaban las cosas bien hechas. Los nietos fueron su locura y satisfacción para disfrutar plenamente de la vida.
Sus comienzos futbolísticos, principios de los años 40 del siglo pasado, fueron con el equipo de futbol formado por la Escuela Taller, junto a compañeros como; Panchito, José María “León”, Canillas, Castillo o Capilla, siendo sus primeros enfrentamientos continuos contra el equipo de la Escuela de Música, apareciendo después el equipo de fútbol del Imperio CF, capitaneados por José María Salinas “Bichucho”, (apodado así y a mucha honra que diría él).
El equipo imperialista jugaba con camisetas blancas pero teñidas de amarillo. Me decía el capitán: “cuando terminaban de jugar y debido al sudor, desaparecía el color amarillo de ellas, incrustándose el color en la propia piel de los futbolistas con ese color. Les apodábamos ‘Los chinos’.” Otros equipos eran “El Barrio”, Banda de Música, La Fabriquilla, club Mediodía o el equipo de “Onofre”.
De estos equipos saldría la mayoría de los jugadores con la creación del Frente de Juventudes. La organización contaba con varias actividades deportivas en 1946 entre las que se encontraba el fútbol. El equipo llevaría el nombre de la Centuria Trafalgar y disputaría encuentros independientes a la federación de fútbol.
Eran delegados del equipo, Leopoldo Espejo, Arturo Oliva y Juan José Sánchez Lidueña. Uno de los primeros entrenadores fue Tamarit. La plantilla del equipo era Manolo González, Manolo “Arabí”, Nicolás Lupiáñez, “Churrero”, Eugenio, Paco Arévalo, Ramón Parra, Rincón, Parrilla, Joseico Fernández, “Chimeneas”, Figueroa, Ojeda, Paco Barranco, Eladio, Pepe Martín Alcoba, Andrés Parra, Paco Rubio, Juan Martínez, ”Zocatillo”, etc .
Paco Arévalo, ingresa en el equipo de futbol y sería, además, nombrado en 1949 jefe de la “Centuria Trafalgar” y su compañero Moreno, de la Centuria “Pelayo”.
La mayoría de los jugadores que llegaron a engrosar sus filas provenían de los equipos locales anteriormente mencionados, qué, en los años 40 llevaban la "rivalidad" extrema hasta las mismas familias. El Trafalgar fue campeón de la Copa del Gobernador en 1949 y de Liga en la temporada de 1949/50 se proclama Campeón Provincial del Frente de Juventudes goleando en la finalísima al Santo Tomás en la última jornada por 4-0.
El primer tiempo finalizaría con empate a cero, en la segunda mitad los abderitanos conseguirían los goles por mediación de Agustín Espinosa, Segura (2) y Oyonarte. Así mismo, Campeón Provincial en las temporadas de 1.953 a 1955 y disputando una liguilla de ascenso a 2ª División con esa denominación. Aquellos partidos no eran ir a jugar al fútbol, eran ir a la guerra.
Me recordaba el capitán Arévalo, que aquellos enfrentamientos contra el Almería o Berja, se liaba parda. Un día a su padre, que era taxista de profesión, y a su vez, delegado de campo de los encuentros del Trafalgar, lo sancionaron con 30 pesetas y un mes de inhabilitación por invasión de público en cada gol local que hacía estallar a la afición y no poder contener a la muchedumbre.
La visita en un partido contra el M.A,S.A. (Minas de la Almagrera S.A.) donde las líneas del campo rival estaba “pintadas” con serrín de polvo de mármol, provocando dejarse la piel en cada despeje a ras de suelo. En la vuelta, disputada en Adra, para recompensar y como andábamos de sobra del producto, se las “pintamos” de azúcar.
Tuve el placer de conocerle personalmente y compartir largas tertulias futbolísticas de aquel Trafalgar envidiado en el concierto futbolístico almeriense. Era un “chantajista” gracioso. Si querías una entrevista con detalles a aromas viejos futbolísticos te hacia aceptar la cita, pero, con la condición de llevarle y desembolsarle mínimo con diez bolígrafos distintos y con publicidad, si no, no había vida (me estoy riendo al recordarlo y escribirlo).
Debo decir, que, en aquellas entrevistas, subían los decibelios cuando le decía que no sería para tanto. ¡Se ponía bueno! Era un gruñas, pero lo apreciaba y lo quería como a alguien de la familia. Paco Arévalo, nuestro protagonista, daba un regate al no hablar de política, siempre espetaba: ‘yo solo me dediqué a jugar’. Cuando le llamaron para la incorporación a filas para realizar el servicio Militar, le destinaron a Burgos, y allí, tras ojearlo directivos burgaleses recayó jugando en la Burgalesa. Menos guardias.
Francisco Arévalo era un buen atleta, como así lo demuestra sus marcas en los campeonatos locales en lanzamiento de disco en los años 50 donde era su mejor disciplina junto a salto de altura, lanzamiento de peso, triple salto o cien metros lisos. Era buen atleta y estudiante, por ello, le apodaron la juventud escolar, ‘El Molécula’, por el saber mucho.
Era un estudiante empedernido. Devoraba los libros como también hacía frente a los delanteros rivales a los que no hacía pasar ni al aire. Y es que aquel Trafalgar era uno de los conjuntos que técnicamente mejor preparados estaban, no sólo de la provincia sino incluso -sin caer en la hipérbole- de los equipos del Frente de Juventudes de España. Y no en vano, Adra, venía desde un tiempo atrás haciéndose de una fuerte y prestigiosa personalidad deportiva, y que era digna y tenida en cuenta por los aficionados.
Contaba con un buen plantel de jugadores y de esa Centuria habían salido estupendos elementos, los cuales, con el mayor de los éxitos, estaban participando en los campeonatos nacionales de fútbol, a celebrarse en la ciudad cordobesa de Priego. Su antiguo Capitán y al que Arévalo reemplazaría en el brazalete, Pepe Carpintero, mítico medio volante del equipo abderitano, para la temporada de 1953/54, le entrenaría consiguiendo dos campeonatos consecutivos en una misma temporada: Campeón Grupo de Poniente y Campeón Provincial después de perder solo un único encuentro.
Por entonces, y aunque parezca increíble, todos los jugadores del Trafalgar estaban inscritos en la Mutua Deportiva, radicante en Sevilla; y que contaba con la colaboración de magníficos asesores, tales como, el propio Francisco Arévalo, José Martin y José Sánchez.