La Voz de Almeria

Adra

Los últimos vestigios del Ingenio de Santa Julia en Adra

El ingenio viejo o de Santa Julia, fue el más antiguo del que se tiene registro en la provincia de Almería

Ruinas del ingenio de Santa Julia

Ruinas del ingenio de Santa JuliaColección Andrés Aguilera París

Pepe Cazorla
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El Ingenio de Santa Julia en Adra, fue una histórica fabrica azucarera del siglo XIX, precursora de la potente industria cañera de la zona. Situado en el pago del Campillo, fue posteriormente conocido como ingenio de San Nicolás tras cambiar de titularidad, marcando el esplendor de la caña de azúcar antes de la creación de la Azucarera de Adra en 1910. Su ubicación, se encontraba en el pago del Campillo, frente a donde luego se construyó la Azucarera de Adra. 

Actualmente, existe un camino de Santa Julia en esa zona. El ingenio viejo o de Santa Julia, fueron quemadas las voladeras y roto el salto de agua, con objeto el 14 de octubre de 1620 del ataque de piratas berberiscos en el transcurso del desembarco y saqueo de Adra, llevándose el azúcar existente y la miel almacenada.

Ruinas del ingenio de Santa Julia

Ruinas del ingenio de Santa JuliaColección de Andrés Aguilera.

Fue, una pieza clave en el cultivo y transformación de la caña de azúcar en Adra durante el siglo XIX. El ingenio pasó al marqués de Caicedo, quien lo rebautizó como "ingenio de San Nicolás" en honor al patrón de Adra. Juan de Sedano “el viejo”, declaraba en su testamento, otorgado el 8 de abril de 1630, que era propietario de un haza de 6 marjales “en la cañada de Olvera, junto al ingenio”, lindante con tierras de Martín de Soto y el “ingenio alto”. 

Así mismo, el Catastro de Ensenada menciona el “barrio del ingenio”, propiedad del marqués de Caicedo. Este ingenio, situado en el cerro de Hazano, después llamado cerro de la Cantera por haberse utilizado para extraer piedras en la construcción del puerto de Adra a partir de 1911- lo hemos conocido muchos abderitanos, ya en ruinas, bajo el nombre de “Ingenio de Santa Julia” - anota el Licenciado en Derecho, Víctor Eugenio Rodríguez Segado, en su obra “El cultivo de la caña de azúcar y la industria azucarera en Adra” (siglos XVI-XIX)

Ruinas del ingenio de Santa Julia

Ruinas del ingenio de Santa JuliaColección de Andrés Aguilera.

En 1875 Adra había alcanzado el cénit de su riqueza: desde la sierra de Gádor bajaban grandes cantidades de mineral que alimentaban las seis fábricas de fundición de la villa, en las que trabajaban miles de obreros, a las que se sumaban las dos fábricas o ingenios azucareros, el ingenio de la Gloria y el ingenio de Santa Julia. Junto con otros ingenios, llegó a producir un millón de arrobas de azúcar en 1876. Formó parte del auge azucarero de Adra que duró hasta el cierre de la última fábrica en 1972.

Con motivo de la epidemia de cólera de 1885, el ingenio de Santa Julia se convirtió en lazareto. El alcalde, Francisco Cuenca Ibáñez, que fue muy criticado por ello, instaló y acordonó el sitio y sometiéndola a todos los preceptos cuarentenarios y al aislamiento más absoluto.

También llamado “Ingenio Viejo”. Es el más antiguo de los “ingenios” que, movidos por la fuerza del agua, era la verdadera factoría para la elaboración del azúcar en “la que se seguía todo el proceso de su elaboración, desde la molturación de la caña, por medio de cilindros colocados horizontalmente, hasta la consecución del azúcar. Al Marqués de Caicedo, por cuyo nombre encontramos denominado frecuentemente el Ingenio Viejo”. Ruz Márquez, José Luís. Adra: siglo XIX.

Así mismo, apunta el distinguido Dr. Donato Gómez Díaz, Profesor de Historia Económica y Facultad de Ciencias Sociales y Jurídicas de Almería en su trabajo sobre la elaboración de azúcar en la provincia y los antecedentes, el ingenio del Marqués de Caicedo, que tradicionalmente el azúcar, o más bien la melaza o miel de caña, se obtenía en primitivos Trapiches, en general movidos por bestias. La producción de miel de caña generalmente se vendía en Málaga, tras ser envasada en tinajas de barro que tenían en 1827 a un precio medio por unidad de cien reales. Existiendo varios de éstos en la vega.

Ruinas del ingenio de Santa Julia

Ruinas del ingenio de Santa JuliaColección de Andrés Aguilera.

El más antiguo de ellos, anota Donato Gómez, al menos documentalmente, era el Ingenio Viejo, o Santa Julia. Se sabe, que en 1588 Osago, natural de Parma (Lombardía), también se avala la influencia de los italianos en el sur peninsular, contrató con once vecinos de Adra la construcción de un molino para caña de azúcar movido por agua; comprometiéndose los agricultores a plantar seis marjales con dicho fruto.

Continua el Dr. Donato Gómez, que a finales del siglo XVII el molino fue adquirido por D. Diego Rueda, quien lo dejó en testamento a su hija Melchora de Rueda Leiva y Guevara, casada con D. Luis Beltrán de Caicedo y Solís, primer Marqués de Caicedo. Título y nombre con el que se denominaría a partir de entonces el Ingenio Viejo o de Caicedo.

Ruinas del ingenio de Santa Julia

Ruinas del ingenio de Santa JuliaColección de Andrés Aguilera.

En 1845 se describía el trapiche hidráulico como un Ingenio de Azúcar que utilizaba un espacioso edificio algo maltratado por el tiempo: “Su molienda consta de tres cilindros de hierro colado, movidos por una voladera de 6 varas de diámetro, impulsada por una acequia de agua que es conducida por un canal casi a la altura del edificio; tiene 9 calderas para cocer el caldo, 4 calderillas o tachas para darle el último punto, un almacén por lo bajo donde caben 1.000 formas, otro igual por lo alto,10 tinajones para la miel, un despacho para el encargado, un patio para depositar las cañas, y una cuadra grande para las bestias del acarreo” (Madoz P.), que trabajaba unos 25 días, moliendo 50.000 arrobas de caña de las que obtenían 6.000 arrobas de azúcar (González Tascón.: Fábricas hidráulicas españolas). 

En 1863 empleaba a 108 operarios que molían exclusivamente caña del término. El Ingenio de Caicedo tenía capacidad de molienda de 225.000 arrobas de caña según indica José Luis Ruz Márquez, Adra siglo XIX. 

El Ingenio, concluye el Dr. Donato Gómez Diaz, se seguiría utilizando hasta el último tercio del XIX, momento en que lo adquiriría la familia Heredia que lo utilizaría hasta la compra del Ingenio de San Nicolás, para ser abandonado a finales del siglo y sus tejas vendidas para reparar edificios. A partir de ésta mencionada fábrica se instalarán otras varias.

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