El Desembarco Pirata devuelve a San José el brillo del eterno verano
Cientos de personas abarrotan San José durante la recreación teatral de una historia legendaria sobre una invasión berberisca en el siglo XVIII

Rodrigo y Jimena, al llegar a San José tras huir de su pueblo atacado por piratas berberiscos.
El municipio de Níjar ha sido y sigue siendo tierra de piratas. Unas tibias y una calavera sobre fondo negro ondean en el Parque Natural, desde el Bar de Jo a la cala de San Pedro. El Cabo es su patria, y en él resuena siempre el eco de Joe Strummer. Y con un sol veraniego y entre cientos y cientos de visitantes, ayer se celebró en San José la sexta edición del Desembarco Pirata, la recreación teatral de un hecho legendario: la invasión del pueblo por parte de piratas berberiscos en el siglo XVIII, tras fondear en la bahía del Sollarete, entre Genoveses y Cala Higuera.
Con los años, la representación teatral ha ganado en escena (actuación y vestuario) y también en visitas: se ha convertido en una cita invernal capaz de atraer a la playa de San José a centenares de visitantes, tanto de la provincia de Almería, como a turistas. La playa y sus alrededores eran ayer un herbidero de gente que disfrutaba con una población entregada a su obra teatral al aire libre. No son profesionales, todos son vecinos, amateur, pero su falta de formación la suplen con actitud e ilusión. También con las precisas directrices de su apasionado regidor-director, que prevé cada movimiento y lo comunica entre los actores. La obra, que organiza todos los años la Asociación Cultural Desembarco Pirata en San José, ha ido cogiendo forma, y es a día de hoy el espectáculo turístico al aire libre más recurrido durante el invierno.
Los actores
Unos son el pueblo, los nativos que trabajan de la agricultura o en los comercios. Ataviados con ropas de época, representan a los habitantes de San José en el siglo XVIII. Luego están los elegantes y sonrientes marqueses, y su ejército siempre dispuesto a defender a sus amos y a los habitantes del pueblo. Y finalmente, los piratas, esos malvados que solían fondear frente a la costa nijareña para proveerse de agua y alimentos, pero que en aquella ocasión, no dudaron en invadir el pueblo.
Se lo advierte a sus habitantes, que en esos momentos están celebrando junto a los marqueses las fiestas de San José, una pareja que ha logrado huir de un pueblo vecino, Jimena y Rodrigo. “No habrá villa ni aldeanos que puedan celebrar este festejo”, les dice la mujer, que llega a interrumpir a la jovial marquesa.
“Pueblo de San José, venimos de una población cercana hecha cenizas. Corréis un gran peligro: una orda de piratas berberiscos arribó en nuestro pueblo. Nos defendimos y cientos de ellos cayeron, pero todo fue en vano. Las mujeres lloraban, todo era muerte y destrucción. Solo unos pocos se salvaron, pero fallecieron por las heridas. Pueblo de San José, debéis huir”, les advierte la mujer, desconsolada, que ha visto cómo su marido desfallecía al poco de llegar al pueblo. Pero la marquesa es fuerte y asegura que su pueblo sabe defenderse y plantar cara a los piratas berberiscos.
La invasión
Los vecinos de San José se divierten en sus fiestas patronales, bailando, ajenos al inminente peligro que está a punto de llegar. “Piratas, piraaatas”, gritan de pronto, y un pelotón de piratas berberiscos se adentra en la playa, sables en mano, y sin ningún miramiento ataca el pueblo, y su población trata de huir, presa del pánico. Poco después, casi de manera simultánea, otro grupo de piratas llega del mar y desembarca en la playa y termina por sembrar el caos.
Pero los marqueses cumplen su palabra y envían al ejército. Los soldados acuden al rescate de su pueblo, armados, en orden y bien entrenados, y se produce una violenta lucha en la que consiguen reducir y capturar a una buena parte de los piratas, mientras que otros vuelven a embarcar y huyen por el mar. El pueblo estalla en júbilo, mientras su ejército apresa y se lleva detenidos a los piratas.
Con la salvación del pueblo termina la representación. Todos los actores regresan de nuevo a la playa para saludar a los cientos de personas que en esos momentos aplauden la obra. Entre el público, los niños en las primeras filas, reservadas cada año para los más pequeños.
Animación
a representación teatral ha terminado pero la fiesta más pirata está a punto de comenzar. Los cientos (¿tal vez miles?) de visitantes se desplazan por el paseo marítimo, y San José se prepara para una tarde-noche de animación propia del verano. El sol acompaña, el ambiente también. En el paseo han vuelto a instalar los puestos de los hippies, los establecimientos hosteleros están abiertos, y no es fácil encontrar un sitio donde aparcar. Hay gente de todas las edades: niños, padres y abuelos. También de todas las procedencias.
La fría y solitaria estampa invernal desaparece de San José, que vuelve a convertirse en el corazón turístico del Parque Natural del cabo de Gata-Níjar. La bandera pirata vuelve a ondear de pronto en la colina, y el susurro de Joe Strummer vuelve a escucharse por las calles. Es marzo pero huele a verano.