La Voz de Almeria

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El nivel de las deportistas tropieza con la escasez de ayuda económica

Se encuentran en una situación de desprofesionalización, lo que las obliga a emigrar

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Las llamaremos emigrantes. Una niña de 14 años cambia el calor de la playa por el frío de la Alhambra. Otra joven de 17 coge un tren a la capital. La mayor, con 20, se embarca hacia una aventura en la costa valenciana. El poder de los sueños combate contra la nostalgia de dejar todo atrás. El deporte llama desde el otro lado del teléfono y hace una oferta irrechazable: ser profesional. La televisión muestra un hecho insólito para su audiencia. Una mujer está ganando un trofeo de reconocimiento mundial. Es bádminton, tenis, balonmano o baloncesto. Incluso once mujeres vestidas de rojo están jugando al fútbol en un Mundial. La patria está orgullosa. “Y hasta se ha echado novio”, dice El Mundo. A la semana siguiente ya no existen los medios de comunicación que con tanta celeridad celebraron sus  triunfos.  El  deporte  es  fiel  reflejo de la sociedad y no siempre el tiempo pone a cada uno en su lugar.

Ellas
Las tres emigrantes guardan dos denominadores comunes. El primero, son deportistas. El segundo, son almerienses. Sus nombres son Ana Rodríguez Troyano, Raquel Huertas y Carmen Martín, de El Ejido, Viator y Roquetas de Mar, respectivamente. A las tres, la falta de profesionalización en el deporte femenino de su tierra las obligó a marcharse. La primera a Granada, para dedicarse al fútbol. La segunda a Madrid, con el hockey como sustento vital. La tercera a Alicante, dispuesta a consagrarse en la élite del balonmano nacional. Tres deportistas que han corrido distinta suerte en sus viajes. Tres ejemplos de emigración. La situación del deporte almeriense es endeble. Solo hay dos clubes completamente profesionales. Los dos, masculinos. El mayoritario, el de fútbol, la UD Almería, recién descendida a Segunda División.

Tras ella, en voleibol, da las buenas noticias el Unicaja Almería, uno de los clubes más laureados del país. Más allá de eso, nada. La crisis económica se ha cebado especialmente con el deporte femenino: ni rastro del profesionalismo. Un hobby. Pese a ello, el nivel es enorme. Los clubes femeninos almerienses están a la vanguardia del deporte de la provincia. Hasta cuatro conjuntos están en una categoría. Son los casos de CB Almería, en Liga Femenina-2 de baloncesto, AVG 2008 en Súperliga 2 de voleibol, Vícar Goya en División de Honor Plata de balonmano, y CD Vícar en Segunda División de fútbol sala. Ninguno de estos clubes puede dar un sueldo a toda su plantilla. Al frente del conjunto vicario de fútbol sala está Loreto Romera, exjugadora y entrenadora de Vícar Goya de balonmano. “En la época dorada con el Vícar Goya el jugar tenía muchísimos alicientes y todo el mundo quería estar, los esfuerzos que hacíamos estaban recompensados y al acabar una temporada tu incertidumbre era si el equipo contaría contigo para la temporada próxima o tendrías otras ofertas”, declara Romera. Paradoja que refleja la situación del deporte femenino de la provincia.

Actualidad  
El nivel del deporte colectivo almeriense se complementa con el del individual. Uno de los aspectos que juega gran importancia en el deporte almeriense es la inmigración. Según los datos del INE del 1 de enero de 2015, el 19% de la población de la provincia es inmigrante. Algo que se ve reflejado en el deporte. Destaca la atleta Emilia Paunica, llegada en 1997 a Almería procedente de Rumanía, de manera ilegal.  Ha conseguido más de treinta medallas en Campeonatos de Europa y del Mundo con la selección española, a la que representa en torneos internacionales. El último fue el Mundial de Atletismo Master de Lyon, el pasado verano, donde consiguió cuatro medallas.

Otro ejemplo es Mouna Skandi, nacida en Marruecos, quién el pasado septiembre se proclamó subcampeona de Europa sub-23 de halterofilia. El deporte femenino almeriense, una vez sale del plano competitivo, tiene un rival más poderoso: el económico. Los apoyos se buscan en personas cercanas al deporte en cuestión, pero la dificultad para encontrar patrocinadores se suma a un reclamo de mayor ayuda pública. La crisis arrasó. Ante ello, la única solución para una deportista almeriense que quiera ser profesional es salir de su tierra. Seguir los pasos de Ana Troyano, Carmen Martín o Raquel Huertas. Mejor al extranjero; la situación nacional no es ningún seguro de vida. Hay un consejo que es vox populi en la provincia y al que hace alusión Huertas: “Una deportista quedándose en Almería no llegaría a cumplir sus sueños”. Hoy Raquel Huertas está jugando al hockey en Italia. Carmen Martín hace lo propio con el balonmano en Hungría, si bien ahora está concentrada con la selección española que disputa el Mundial.

Ambas han disputado Juegos Olímpicos. Troyano, subcampeona de Europa sub-19 con España en 2012, juega en el Espanyol, sin cobrar. Alicia González, ala-pívot del CB Almería, también salió de la provincia para trabajarse un futuro en el deporte, si bien ella ya está de vuelta por su tierra, una década después. “Cualquier mujer almeriense que quiera ser profesional no puede desperdiciar ninguna oportunidad de salir. Siempre habrá tiempo de volver”, declara González.

Futuro
Desde 2010, cuando se eliminó el Plan Indalo de ayuda al rendimiento deportivo, promovido por la Diputación Provincial desde el 2000, no hay ayuda más allá de la que reciben los clubes de los Patronatos Municipales Deportivos. Desde la Diputación se pide iniciativa al sector privado, excusándose en falta de recursos. Las acciones políticas se centran en la práctica del deporte como hábito saludable, no en la competición. La conclusión: las protagonistas lo están haciendo realmente bien. Pese a ello, no cuentan con el apoyo, ni público ni privado, que merecen. No han sido protegidas ante la crisis. Con la actual dinámica, la profesionalización no llegará y las deportistas, lejos de evolucionar, dejarán el deporte atrás. La meta no debe ser volver a 2005, sino construir un futuro en el que se apueste por ellas.


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