La Voz de Almeria

Provincia

El maná del agua, Gasset y ‘El Almanzora’

Crónica de un siglo de sed: el compromiso histórico y la lucha inagotable por el agua en el Levante almeriense

Imagen de archivo del pantano de Cuevas del Almanzora.

Imagen de archivo del pantano de Cuevas del Almanzora.Carlos Miralles

Juan Antonio Cortés
Publicado por

Creado:

Actualizado:

En:

Escribía aquel hombre desde Lubrín el 27 de octubre de 1927 que, antes de que estallara la I Guerra Mundial, Rafael Gasset, ministro de Fomento en los albores del siglo XX, aterrizó en Huércal-Overa. Cuando Gasset visitó nuestro Levante aún no había sido asesinado el archiduque Francisco Fernando de Austria, heredero del viejo imperio de Austria-Hungría, y su mujer. Era el 29 de junio de 1914. Gasset, en calidad de exministro, venía para fundar un partido político que aunara los inteteres de agricultores y ganaderos de la España rural.

Fue Gasset uno de los primeros personajes de la cosa pública en entender el concepto de solidaridad entre cuencas y su gestión proactiva aportó luz acerca del papel que debía jugar el Estado en la distribución de los recursos hidráulicos. Aquel abogado y periodista, director de ‘El Imparcial’, duró poco al frente de Fomento: de abril a octubre de 1900. Había demasiadas resistencias a su plan de distribución equitativa del agua. Como hoy.

Allí estuvo, en aquella visita a Huércal Overa del efímero ministro, un tal Antonio Moto, en representación de territorios como Baza, Castril y Jerez del Marquesado. Aquella publicación de ‘El Almanzora’, revista autocatalogada como semanario regional independiente y con sede en Huércal, salió a la calle el 5 de noviembre. Firmaba Moto un artículo en el que se rebelaba ante la visión empobrecida y tercermundista de las tierras secas y baldías, áridas y estériles, de Vera o Cuevas del Almanzora. Eran campos, decía, con bandadas de cuervos sobrevolando los cielos para picotear el cuerpo muerto de una provincia: Almería.

El artículo era un grito desgarrado desde las páginas de un altavoz de la comunicación comarcal. Un alarido de compromiso para despertar conciencias. Mientras el agua se perdía en el mar, imploraba Moto, el patriotismo exigía fraternidad entre los pueblos españoles para impulsar el riego allá donde todo era yermo. “No son tiempos de esperar la sopa boba a la puerta de los conventos”, sostenía.

Aunque aquel número, como otros, fue revisado por la censura, el autor no dudó en denunciar la miseria histórica instalada en la comarca y recordaba que la emigración, el infortunio de tantas miles de familias almerienses que tuvieron que asir la maleta para buscarse la vida, fue el rostro visible de la ausencia de oportunidades.

Aquel semanario denunciaba también la pasividad de la sociedad almeriense, la desidia del corpus social, ese spleen de Baudelaire tan almeriense tendente al conformismo, la apatía y la renuncia a defender sus derechos. “'El Almanzora' tiene la obligación de ser el principal elemento de esta lucha, haciendo de sus páginas cuartel donde se organice el ejército de luchadores; escuela donde se den lecciones de mutuo apoyo, de asociación, de intervencionismo; de cooperación leal, de fe en el propio esfuerzo”, apostillaban.

El 22 de diciembre de 1926 se publicó la Real orden para el estudio de la transferencia de las aguas de los ríos Castril y Guardal a los campos de la provincia de Almería. Meses después, en diciembre de 1927, una comisión del Almanzora se desplazó a Murcia para reunirse, junto a otras organizaciones de regantes, con el ministro de Fomento. Se inauguraba la Confederación Hidrológica. El Conde de Guadalhorce levantó la voz y señaló a la delegación almeriense: “Yo les aseguro a ustedes que me inspira el mayor interés el proyecto de desviación de los ríos Castril y Guardal, como igualmente al ingeniero encargado de los estudios. Ya que el cielo no nos manda agua, nosotros la traeremos de otras cuencas”, dijo Rafael Benjumea.

Luego llegaría el interés de Lorca por absorber agua de Granada y la contienda mediática por atraer a Fomento. Ya por entonces había un pujante lobby en el Almanzora. El semanario era el espejo público. En febrero de 1928 pidieron información sobre el proyecto al ingeniero que lo lideraba. Así les contestó:

“Debemos, pues, pensar solamente en que vamos bien por nuestro camino a recorrer. Para este mes próximo, espero llegar a la divisoria con el trazado del canal, pues me encuentro ya en lafalda norte de las sierras de Orce y María, las que he de rodear para llegar a la divisoria del río Almanzora. Aquí pretendo trabajar una temporada hasta estudiar detalladamente el paso más conveniente, punto que espero resolver”.

Mientras se gestaba el proyecto, en el Almanzora trabajaban para crear un organismo con el que regir los Riegos de Andalucía Oriental. Se dio un tiempo a los regantes para declarar el número de hectáreas que tenían y se les urgió a inscribirse como futuros socios. Más tarde, con el precipitado final de la dictadura de Primo de Rivera y el advenimiento de la II República, los planes se frenaron. El motivo que se adujo fue el posible impacto en la cuenca de origen. Llegaría, años después, un proyecto mayor: el trasvase Tajo-Segura, y en años sucesivos el trasvase Negratín-Almanzora.

Si hoy existiera ‘El Almanzora’ y el redactor Antonio Asensio continuara su lucha, aún publicarían en los mismos términos: agua, falta agua.

tracking