"Mi abuelo era de Almería. Quiero sacarlo de una fosa y enterrarlo con mi abuela"
Joan Antoni Guerrero lleva medio año esperando el expediente que puede desvelar el destino de su abuelo represaliado

Antonio Guerrero Guerrero, natural de Bédar y represaliado tras la Guerra Civil, junto a su esposa. A la derecha, el informe penitenciario del almeriense.
Joan Antoni Guerrero nunca llegó a conocer a su abuelo. Creció escuchando la misma historia que durante décadas se transmitió en su familia: que Antonio Guerrero Guerrero había emigrado desde Bédar a Cataluña en busca de trabajo y que había muerto en un accidente en una mina del centro de la comunidad. Era un relato asumido como una verdad incuestionable, una de esas certezas familiares que nadie se plantea discutir... hasta apenas unos meses atrás.
Rebuscando entre papeles antiguos junto a su hermana, apareció la primera grieta en esa versión. Entre la documentación de la Causa General y, en particular, en el expediente correspondiente al municipio de Bédar, encontraron el nombre de su abuelo en una relación de personas detenidas en 1939. Aquella línea, perdida entre cientos de folios, lo cambió todo.
Ver a su abuelo en un listado de represaliados derrumbó de golpe la historia que habían creído a pies juntillas. Desde ese instante, Joan, su nieto, sintió la necesidad casi irrefrenable de tirar del hilo y reconstruir un pasado que su familia había guardado en silencio más de ocho décadas. "Mi objetivo final es poder enterrar los restos de mi abuelo junto a los de mi abuela", sentencia.
"Tenemos derecho a saber la verdad"
"Aparecía acusado, junto a otras personas, de amenazar a vecinos de derechas, requisas e incluso de participar en la quema de imágenes religiosas, dentro de lo que el franquismo catalogó como 'terror rojo'. Esa es la versión de su detención", relata Joan con voz firme, quien continuó investigando hasta dar con 'Todos los nombres', una base de datos de víctimas del franquismo en Andalucía, Extremadura y Norte de África.

Acto de propaganda del franquismo en Huécija.
Fue allí donde confirmó lo que temía: Antonio Guerrero Guerrero estaba entre los nombres de aquellos catalogados como víctimas. El catalán, que además de ser familia del represaliado también es periodista, quiso continuar la búsqueda; entender por qué junto a la tumba de su abuela nunca reposaron los restos de su marido.
Solicitó así acceder al expediente militar del bedarense, convencido de que sería allí donde encontraría las acusaciones, el desarrollo del consejo de guerra y posiblemente su declaración de defensa. En definitiva, donde encontraría las respuestas que nunca pensó que llegaría a necesitar con tanto apremio.
El Tribunal Militar de Almería le confirmó que esa documentación existe y le indicó que debía pedirla a través de la sede central de Sevilla. Así lo hizo: presentó la solicitud en enero, pero medio año después sigue sin recibir respuesta.

Exhumación de una fosa común en las dunas de Waalsdorpervlakte, La Haya.
La administración justifica el retraso por la jubilación de un trabajador y el próximo cierre del archivo durante seis meses por obras, unas explicaciones que Joan considera insuficientes. Por ello, ha presentado una queja ante el Defensor del Pueblo: "Se está vulnerando el derecho de las familias de las víctimas de la represión a acceder a la verdad. Mis derechos no deberían verse afectados por las circunstancias que alegan. Ni siquiera nos han dicho cuándo vamos a poder tener acceso a los documentos", afirma convencido.
Artículo 15 de la Ley 20/2022, de 19 de octubre, de Memoria Democrática
Aquello que sabe
Antonio Guerrero murió en el Hospital Provincial de Lleida por caquexia (síndrome caracterizado por una pérdida involuntaria y extrema de peso, masa muscular y grasa), después de haber ingresado por neumonía y desarrollar posteriormente tuberculosis. "Creo que la caquexia fue la consecuencia final del hambre y las condiciones de vida sufridas", puntualiza su nieto.
Pero, ¿cómo llegó un almeriense a un hospital en Lleida? Antes de convertirse en una sombra perdida entre legajos militares, Antonio fue un joven de Bédar que, como tantos otros, creyó que el futuro estaba lejos de las sierras secas de Almería. Se casó allí con su mujer y, poco después, ambos hicieron las maletas rumbo a Cataluña. Destino: Sallent, tierra de minas, humo y sindicatos, donde el ruido de las máquinas se mezclaba con el de una España que se resquebrajaba.
Por alguna razón que Joan aún no ha conseguido descifrar, sus abuelos regresaron a Bédar cuando estalló la Guerra Civil. Ahí el relato familiar se rompe y comienza ese silencio que duró décadas. "Mi abuela nunca nos habló de su pasado. Su pasado fue borrado totalmente", explica.

Los pocos documentos que ha conseguido reunir apuntan a que Antonio pasó por la cárcel y que recuperó la libertad durante un breve periodo, el tiempo suficiente para que naciera su hijo, el padre de Joan. Después, la pista se pierde de nuevo. "Mi padre nunca vio a su padre y su padre nunca vio a su hijo", resume.
Su hipótesis es que Antonio fue enviado a un batallón de trabajos forzados en Cataluña, donde acabaría muriendo enfermo en un hospital de Lleida. Tras su muerte, la viuda abandonó Bédar con sus hijos y se instaló en Mont-roig del Camp, probablemente huyendo tanto del hambre como del clima de represión que pesaba sobre las familias republicanas. "Donde antes había un vacío, ahora nosotros con los documentos intentamos llenarlo".
Preguntas sin respuesta
El 24 de mayo de 1940 se celebró el consejo de guerra en el que se sentenció a Guerrero. Es a ese expediente al que quiere acceder Joan para conocer las acusaciones exactas y, especialmente, si se conservan las declaraciones de defensa de su abuelo. "Sería la primera vez que yo puedo escuchar a mi abuelo. Estamos rescatando la memoria de mi abuelo y, a la vez, la de la familia Guerrero. Creo que ni siquiera mi padre -ya fallecido- supo nunca lo que había ocurrido".
Política
El Gobierno extenderá las ayudas económicas a las víctimas de la represión policial
Antonio Torres
No es el único que desea conocer su pasado. Desde el archivo le reconocieron que existe un importante retraso acumulado por el volumen de solicitudes recibidas, por lo que intuye que no se trata de un caso aislado: "Me dijeron que tienen un cuello de botella, pero eso no es nuestro problema".
La exhumación: el objetivo final de la investigación
"En el acta de defunción consta que mi abuelo está en una fosa común en el cementerio de Lleida", concluye Joan, para reconocer después que toda la documentación que intenta recopilar servirá luego para fundamentar una petición de apertura de fosa y la identificación de los restos.
Su deseo es exhumar a su abuelo y enterrarlo junto a su abuela en Mont-roig del Camp. Mientras habla, sus palabras reflejan el fuerte contraste emocional que le produce investigar una historia marcada por la represión y el dolor mientras la actual Bédar es hoy hogar de extranjeros jubilados y felices. "Pienso en esa tragedia, en ese drama humano... y me doy cuenta de las ironías de la historia".