El día de los votos: entre Uleila y Benitagla
"Hay mucho movimiento porque llega gente que no vive en el pueblo habitualmente"

El encantador pueblo almeriense de Benitagla, el más pequeño de toda Andalucía.
Hay un búho tomando el aire del amanecer en una señal de tráfico en la cuesta de la empinada carretera de Fuente de la Higuera a Benizalón. Un águila sobrevuela en los collados del Olivar Seco. Un perro sestea, holgazán, mientras el dueño y su bastón charlan amigablemente. La imagen es de hace una semana, pero allí las escenas se repiten felizmente. Benitagla. 60 habitantes. Tres niños, estudiantes del colegio rural de Tahal, viven ajenos al día electoral. Juan Padilla, alcalde octogenario. Le pregunto al siempre sonriente regidor cómo es ese día.
-El día de elecciones es distinto. Aquí lo sentimos con más vida que de costumbre, pero con tranquilidad. Viene gente de fuera, de Almería, que está empadronada, pero trabaja por ahí.
Cerca de Uleila hay cañadas con una alta concentración de conejos. Huyen despavoridos: cruzan la carretera, se esconden entre los olivos. En Uleila del Campo, al pie del Santuario de Monteagud, por donde el Puente de Patton, la jornada también rompe la monotonía del domingo. Por allí merodea, en la Placeta, el ágora vecinal, María Rosa López, teniente de alcalde.
-El día se vive con mucha expectación. Hay mucho movimiento porque llega gente que no vive en el pueblo habitualmente.
Quienes viven con más emoción la cita con las urnas son nuestros mayores. Son los que antes votan. ¿Se convierte también en un día de convivencia? Padilla, gráfico.
-En este día de elecciones aprovechamos para vernos. Tomamos nuestra cerveza juntos. La convivencia es muy buena entre todos, nunca ha habido problemas de ningún tipo.
Día de bares en Uleila, aunque desde la pandemia hasta las tabernas han cambiado. La jugada se comenta mejor en una conversación de barra.
-La gente suele ir a los bares aprovechando que tiene que ir a votar. Se entretiene y habla. Es un día muy distinto.
La participación en Benitagla tiene sus algoritmos definidos.
-En unas elecciones municipales votan casi el 100 por 100 de los vecinos; en las generales, un 80% y en las autonómicas, un 85%.
En Uleila no hay patrón. Impredecible.
-Depende. Es muy relativo. Depende de las ganas de cambio. Esta vez la cosa está muy crispada.
En Uleila, aunque el clima general es de sana cordialidad, las disquisiciones se producen a primera hora al formar las mesas de voto. En Benitagla no puede haber discusiones. Se ríe Juan Padilla cuando le pregunto por los apoderados e interventores.
-Aquí no hay apoderados ni del PSOE ni de ningún partido. Solo del PP. Un apoderado y un interventor.
El control de quién ha votado y quién no en las franjas horarias sensibles es una constante en las miradas de quienes pululan alrededor de las mesas. María Rosa López dice que no es una obsesión, pero forma parte del aquelarre.
-A cierta hora, los que estamos en la mesa sabemos quién falta por votar. Echamos de menos a quienes no han ido.
En Benitagla se vota rápido, pero siempre hay rezagados.
-Cuando llegan las cinco o las seis de la tarde, ya se sabe quién falta por votar. Siempre queda alguno que espera a última hora… (ríe). Están controlados.
Las costumbres también marcan los horarios. En Benitagla, la mañana concentra la mayor afluencia. En Uleila, el voto se reparte más a lo largo del día.
Les pregunto cuándo suele ir la gente a votar.
(Uleila): Hay gente que va a votar a primera hora por costumbre. Hay otro grupo grande que va después de la misa de los domingos. Y también hay otro sector de gente que ejerce su derecho por la tarde.
(Benitagla): La franja horaria donde más se vota es por la mañana. A partir del mediodía no queda casi nadie por votar.
Sonríe otra vez Padilla cuando le interpelo por los miembros de la mesa.
-Las personas de la mesa electoral están aburridas (se ríe a carcajadas) porque hay poca gente en el censo: somos 60 en el padrón. El Ayuntamiento les prepara comida para que estén bien.
Los de la mesa de Uleila tienen más trajín, pero viven también el día como un acto social: un ejercicio público.
-Los miembros de la mesa suelen salir a comer, pero el Ayuntamiento les lleva magdalenas, café y agua para que no les falte.
El recuento en Benitagla es, quizás, el más veloz de Andalucía.
-En Benitagla el escrutinio es muy rápido, pues suelen votar unas 50 personas. En media hora se ha terminado (ríe). En poco tiempo se organizan los sobres y se cierra todo.
Uleila vive ese momento con cierta emoción. El entorno del colegio Nuestra Señora de Monteagud se agita.
-A la hora del recuento hay mucha expectación. Es el momento decisivo, cuando los partidos y la gente del pueblo están pendientes de los votos.
Cuando el búho se encierra en la copa de un chaparro filabreño y el águila se agazapa en la oscuridad de un risco y el perro saca a su dueño en busca de la última meada, Benitagla y Uleila ya se han manifestado en la mayor arenga democrática de nuestro tiempo: el día de los votos.