300 años de historia sobre tus hombros: el peso de la tradición para un costalero
José Escámez, costalero de 'El Nazareno' de Berja, relata el esfuerzo y la devoción que se viven bajo el paso

José Escámez junto a otros costaleros de 'El Nazareno'.
Hay muchas formas de ver la Semana Santa. Está quien observa desde la acera, quien acompaña la procesión durante todo el recorrido y quien siente que todo sucede debajo de un trono, donde el ruido desaparece y solo queda el trabajo en equipo, el esfuerzo y la fe. Es en ese lugar, invisible para casi todos, donde se construyen algunas de las historias más auténticas.
Justo ahí es donde se sitúa José Escámez, costalero de 'El Nazareno' de Berja, que lleva cuatro años formando parte de una tradición que, más que aprenderse, se vive y se lleva dentro. “Siempre había tenido curiosidad por saber cómo era un paso por debajo”, reconoce. Una inquietud que terminó convirtiéndose en algo mucho más profundo.
La devoción al Nazareno en Berja no es reciente ni casual. Ya en 1708 existía una capilla dedicada a esta imagen en la parroquia local, donde se celebraban misas y eran enterrados sus devotos. Siglos después, la hermandad ha atravesado reconstrucciones, momentos de decadencia e incluso parones, pero siempre ha encontrado la forma de volver a levantarse. Y el peso de esta trayectoria, debajo del paso, se nota.
La primera vez nunca se olvida
El estreno como costalero no se borra fácilmente. José lo recuerda con una mezcla de orgullo y vértigo: “Me temblaban las piernas al salir. Veía la plaza llena y no cabía ni un alfiler”.

'El Nazareno' saliendo de la Iglesia.
Y es que en toda procesión hay un momento clave, casi ritual: la salida. Ese instante en el que todo pesa más. El paso, la historia… y también la mirada de todo un pueblo: “El nervio es sobre todo antes. Cuando ya estás dentro, te vas adaptando, te tranquilizas”, explica.
Y nada más terminar, los costaleros tienen claro que volverán el año que viene, y es que hay algo que engancha. Algo difícil de explicar desde fuera. El capataz de 'El Nazareno', Nico Amate, lo resume con una frase que se repite casi como una advertencia: "Esto es un veneno. Una vez entras, ya no hay vuelta atrás".
Más que compañeros
A este mundo no solo lo define el esfuerzo físico, lo define el grupo. Lo que empieza como un simple equipo acaba conformando una red de amistades que trasciende los ensayos: “No solo somos compañeros, también somos amigos”, cuenta José. Esa conexión también es clave a la hora de cargar el paso.

Los costaleros de 'El Nazareno'.
Y es que cargar con todo ese peso y coordinarse con los demás no es nada fácil: “Física y mentalmente es bastante duro. No cualquiera puede hacerlo, tienes que tener bastante pasión y devoción por la Semana Santa”, afirma. Los ensayos, en ocasiones con bloques de cemento incluidos para simular el peso real, son solo una parte de la preparación. La otra es la mental: aguantar, confiar y no fallar al de al lado.
La importancia del Jueves Santo
Salir con 'El Nazareno' en una Semana Santa como la de Berja no es salir en una procesión más. Es, en palabras de José, “el día más importante”. Calles llenas, ambiente especial y una sensación compartida de que algo grande está ocurriendo.
Todo esos ingredientes provocan que el peso no sea solo físico. Es tradición. Es identidad. Es pertenecer a algo que lleva décadas y décadas repitiéndose, pero que a la vez cada año es distinto.
Cuando se le pregunta a José qué le diría a alguien que está dudando acerca de hacerse costalero, él no lo duda: “Que dé el paso. Es lo más difícil. Porque una vez dentro… no sales”. Y quizá ahí está la clave de todo.
Porque la Semana Santa no siempre se entiende desde fuera. Hay cosas que no caben en una foto ni en una marcha y que no se explican en un titular. Cosas que solo ocurren ahí abajo, cuando el paso se levanta y el mundo entero parece detenerse y quedarse en silencio. Es entonces cuando todo cobra sentido: el esfuerzo, los nervios, la amistad… y esa forma tan íntima y personal de sentir la fe.